2008: Bolt y Phelps, dos figuras para la historia

MEXICO (AP). Beijing le regaló a la historia dos figuras olí­mpicas que vivirán por siempre: Usain Bolt y Michael Phelps.

La imagen de Bolt cruzando la meta en el Nido de Pájaros con los brazos abiertos tras ganar en tiempo récord los 100 metros quedará grabada eternamente en los anales del atletismo. El jamaiquino también quebró la plusmarca en los 200 y el relevo 4x100, un logro sin precedentes.

"Es tremendo para nuestro deporte", dijo el presidente de la federación internacional de atletismo, Lamine Diack. "Puede ayudarnos a fortalecer el atletismo".

Lo más sobresaliente de Bolt no fue únicamente lo que logró, sino cómo lo hizo.

Su récord de 9.69 segundos en los 100 metros superó por tres décimas la marca anterior que él mismo tení­a desde mayo. Como si eso fuera poco, Bolt bajó la velocidad en los metros finales de la carrera, en los que se dedicó a celebrar con los brazos extendidos y una sonrisa en el rostro.

Bolt ganó los 200 metros con tiempo de 19.30, dos centésimas menos que la marca que Michael Johnson fijó en Atlanta 1996. El oro en el relevo 4x100 fue con tiempo de 37.10.

"Trabajé muy duro para llegar aquí­. No fue nada de fácil. Puede parecer fácil, pero fue difí­cil", comentó el extrovertido caribeño, quien no se disculpó por sus exuberantes celebraciones.

"No voy a cambiar eso. Y no le veo ningún problema, porque la gente disfruta viéndome. Voy a seguir siendo el mismo, esa es mi personalidad".

Mucho más estoico en sus celebraciones, Phelps fue el equivalente de Bolt en el Cubo de Agua, otra de las maravillosas instalaciones que los chinos construyeron para la gran fiesta olí­mpica.

El estadounidense ganó ocho medallas de oro en Beijing, superando la marca de siete que tení­a su compatriota Mark Spitz desde Munich 1972, y de paso fijó siete récords mundiales.

Sumando a su cosecha en Atenas 2004, Phelps llegó a la cifra de 14 medallas olí­mpicas de oro, la mayor cantidad en la historia.

La "Bala de Baltimore" se convirtió en una sensación internacional y su fama en Estados Unidos superó a la de cualquier atleta olí­mpico, exceptuando quizás a sus compatriotas del equipo de básquetbol, que recuperó el oro perdido.

Al joven de 23 años le llovieron las presentaciones de televisión, lucrativos patrocinios e incluso escribió un libro. Y todaví­a cabe la posibilidad de que siga sumando a su cosecha dorada en Londres 2012.

"¿Qué más le queda por hacer, excepto quizás ganar carreras en las que no ha competido antes?", comentó el nadador australiano Eamon Sullivan. "Cuando eres el mejor nadador en la historia te puedes dar el lujo de hacerlo".

Además de estos dos titanes deportivos, Beijing pasará a la historia como la olimpiada más fastuosa jamás vista.

Todo fue gigante y coreografiado hasta el último detalle, desde las imponentes instalaciones deportivas como el Nido de Pájaros y el Cubo de Agua, hasta los espectaculares shows artí­sticos y de fuegos artificiales.

Para China, los Juegos Olí­mpicos fueron la oportunidad de abrir sus puertas al mundo y plantar su bandera como una superpotencia, aunque no logró borrar la imagen de un régimen autoritario que restringe los derechos humanos y la libertad de expresión de sus ciudadanos.

Varios incidentes en los que periodistas y manifestantes fueron coartados durante los juegos dejaron en claro que la apertura de China sigue en una etapa en pañales.

Aún así­, el presidente del Comité Olí­mpico Internacional proclamó los juegos como todo un éxito.

"A través de estos juegos, el mundo aprendió más sobre China, y China aprendió más sobre el mundo", expresó Jacques Rogge en la ceremonia de clausura. "Fueron unos juegos realmente excepcionales".

China no sólo despuntó en la fase organizativa, sino que desbancó a Estados Unidos como lí­der en la tabla de medallas. La gimnasia, los clavados, el levantamiento de pesas y otras disciplinas le dieron a los atletas chinos la gloria por la que estuvieron entrenándose durante años.

El sucesor olí­mpico de Beijing, Londres 2012, tendrá una difí­cil tarea para emular el éxito organizativo de los chinos, especialmente con un clima económico desfavorable a raí­z de la crisis financiera que detonó en la segunda mitad del año.

Los organizadores londinenses han tenido problemas para conseguir financiamiento privado para sus juegos, que probablemente no tengan la magnitud de los de Beijing.

"La actitud es para unos juegos recatados", expresó Rogge tras la reciente reunión del comité ejecutivo del COI.