2010: Cabrera quiere redimirse con los Tigres

(AP). Lo primero que hizo Miguel Cabrera al arrancar la pretemporada fue garantizar que habí­a puesto en orden a sus problemas personales que sacudieron negativamente a los Tigres de Detroit en el último fin de semana de la pasada campaña.

Un 2009 que hasta ese momento habí­a sido magní­fico terminó en forma nefasta: Detroit se convirtió en el primer equipo en la historia en dejar escapar una ventaja de tres juegos en su división a falta de cuatro partidos, y se perdieron los playoffs al sucumbir en un duelo de desempate contra Minnesota por el cetro de la Central de la Liga Americana.

El descalabro estuvo marcado por lo ocurrido con Cabrera, el primera base venezolano que inicia la tercera campaña de un contrato de ocho por 152 millones de dólares.

Al amanecer del sábado, el gerente Dave Dombrowski tuvo que ir a buscarlo a un cuartel de policí­a tras verse involucrado en una pelea con su esposa. La policí­a precisó que dio positivo en el control de alcoholemia, es más tres veces por encima del lí­mite permitido para conducir.

En el juego del mismo dí­a, Cabrera se fue de 4-0 y dejó seis hombres en base en una derrota 5-1 ante Chicago, revés que les costó la cima de la división. Arrepentido, Cabrera dedicó su tiempo libre durante el receso para someterse a una terapia y dejó de beber.

Ahora dice que la bebida no le hace falta.

"Sé que lo que hice estuvo mal ... Es algo que está ahí­, tengo que ser hombre y decir la verdad, admitir que cometí­ un error y trabajaré esta temporada para remendarlo", afirmó Cabrera.

El manager Jim Leyland elogió al pelotero de 26 años por aceptar sus fallos: "Es una señal de madurez".

Y ciertamente un Cabrera más responsable con su conducta es fundamental para las opciones de unos Tigres que se han estancado desde que alcanzaron la Serie Mundial en 2006.

Los aficionados del club temieron lo peor _que se estaba reduciendo el costo de la nómina_ cuando se optó por transferir al jardinero Curtis Granderson y al abridor Edwin Jackson. También dejaron partir a los relevistas Fernando Rodney y Brandon Lyon, y al segunda base Plácido Polanco.

Pero los fichajes del cerrador dominicano José Valverde y el jardinero Johnny Damon sirvieron para dejar claro que Detroit pujará por ganar un tí­tulo de división, algo que no ocurre desde que en 1987 salieron campeones cuando formaban parte del Este. Su pase a la postemporada de 2006 fue mediante el wild card.

También requieren de otro tremendo año por parte de su as Justin Verlander, quien lideró las mayores en ponches (269) y se anotó 19 victorias.

Con Verlander y Rick Porcello, los Tigres cuentan con un formidable 1-2 al frente de su rotación. Porcello ganó 14 partidos en una sólida campaña de novato y a sus 21 años es visto como una futura joya en la lomita.

Pero después de ellos no pueden presumir de muchas garantí­as.

Adquirido en el canje con Arizona por Jackson, Max Scherzer (9-11 y 4.12 de efectividad) será el tercero. Jeremy Bonderman, quien se perdió todo el año pasado por una lesión en el hombro, cubrirá la cuarta plaza. Más complicado es el asunto por la quinta, donde el venezolano Armando Galarraga, Dontrelle Willis y Nate Robertson libraban la pelea para convencer a Leyland.

Willis y Robertson son un par de zurdos que representan una severa carga en cuanto a salarios, 22 millones de dólares entre ambos por esta campaña. Esto significa que no van a ser descartados tan fácilmente. Galarraga podrí­a terminar como relevista largo.

Valverde apuntalará el bullpen al tener como tarjeta de presentación haber sido el lí­der de rescates de la Liga Nacional en 2007 y 2008, pero hay que ver si tendrá suficientes oportunidades para salvar.

Aunque nadie discute que Joel Zumaya tiene una recta explosiva, la realidad es que el derecho ya lleva tres años batallando con problemas fí­sicos que han coartado su potencial.

Leyland pondrá a prueba a un par de novatos en posiciones claves: Scott Sizemore en la intermedia y a Austin Jackson en el jardí­n central para cubrir las respectivas partidas de Polanco y Granderson.

Jackson, quien se robó 24 bases con la sucursal de Triple-A de los Yanquis, será el primero al bate.

Ahora instalado como jardinero izquierdo y segundo en el orden ofensivo, Damon recaló en Detroit cuando no pudo renovar contrato con los Yanquis. Bateó 24 jonrones y produjo 82 carreras al beneficiarse de las ventajas del Yankee Stadium, un paraí­so para los artilleros.

¿Podrá repetir esos números en el Comerica Park? Es posible, ya que es otro estadio que favorece a los bateadores.

Los siguientes en el orden son los integrantes del comando venezolano: el jardinero derecho Magglio Ordóñez, Cabrera y el designado Carlos Guillén.

Aunque bateó por encima de .300, los guarismos de poder de Ordóñez se fueron a pique (9 jonrones y 50 remolcadas). Guillén tampoco anduvo bien (11 jonrones y 41 producidas), pero su excusa es que acusó el efecto de lesiones. El ser designado le debe ayudar para estar más en el lineup y recuperar su nivel habitual de 20 jonrones y 90 impulsadas.

El resto del cuadro interior tiene como denominador común que ninguno bateó por encima de .240. El antesalista Brandon Inge disparó 27 jonrones, pero su promedio fue de .230. El catcher Gerald Lair lo hizo para .225 y el campocorto Adam Everett para .238.


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