Henderson y Rice ingresan al Salón de la Fama

COOPERSTOWN, Nueva York, EE.UU. (AP). La mirada helada de Jim Rice dio paso a una ancha sonrisa. El siempre extrovertido Rickey Henderson se sintió abrumado por la ocasión.

Los ex jardineros izquierdos ingresaron el domingo al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown junto al difunto Joe Gordon, y Henderson, el lí­der histórico de robos de base de las Grandes Ligas, en un momento dado se vio abrumado por la emoción, aunque luego desatarí­a carcajadas en la audiencia.

"Mi viaje como jugador está completo", dijo Henderson. "Ahora estoy en la categorí­a de los jugadores más grandes de todos los tiempos y en este momento me siento muy honrado".

Nacido en Chicago en la Navidad de 1958, Henderson y su familia se mudaron a California cuando él tení­a siete años y pronto se convirtió en una estrella de tres deportes en la secundaria Oakland Technical. El fútbol estadounidense era su fuerte y recibió becas, pero fue persuadido para rechazarlas y probar suerte en el béisbol.

"Mi sueño era jugar al fútbol estadounidense con los Raiders de Oakland", dijo. "Pero mi madre pensó que me lastimarí­a jugando al fútbol, así­ que eligió el béisbol para mí­. Supongo que es cierto que las madres saben más que uno".

Henderson fue 12 veces el lí­der de bases robadas de la Liga Americana y tiene los récords de robos con 1.406, de carreras anotadas con 2.295, de boletos no intencionales con 2.129 y de jonrones para iniciar un partido con 81.

Henderson, de 50 años, fue el 44to jugador elegido para integrar el Salón en el primer año en que podí­a haber sido escogido, mientras que Rice tuvo que esperar hasta su último año en la lista de candidatos para que lo eligieran.

"No importa que la llamada llegó 15 años después", dijo Rice. "Lo que importa es que la recibí­".

"Es difí­cil de entender. Estoy asombrado de estar en compañí­a de esta elite y me siento muy pequeño al aceptar este honor", añadió.

"No se me ocurre ningún otro lugar donde quisiera estar más que aquí­ y ahora con ustedes, y con ustedes", dijo, señalando a los 50 integrantes del Salón en el escenario detrás de él y al público. "Gracias".

En una época en que las estadí­sticas ofensivas eran mucho menores a las de las dos últimas décadas, conocidas como la era de los esteroides, Rice tuvo un promedio de bateo de .298 con 382 cuadrangulares y 1.451 carreras impulsadas entre 1974 y 1989.

Empujó 100 o más carreras en ocho temporadas, bateó más de .300 siete veces y superó los 200 hits cuatro veces. Es el único jugador en la historia de las Grandes Ligas con al menos 35 jonrones y 200 hits en tres temporadas seguidas, entre 1977 y 1979.


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