Nuevo uniforme, el mismo viejo Pedro: el efectivo

FILADELFIA (AP). Dividido entre cumplir una promesa que hizo a su padre moribundo y el amor a su madre, Pedro Martí­nez tuvo que tomar una decisión dura.

¿Regresar a las Grandes Ligas o quedarse en casa con su familia en la República Dominicana?

Los Filis de Filadelfia seguramente están encantados de que el tres veces ganador del premio Cy Young se haya decidido por el béisbol. Martí­nez tiene marca de 5-0 y efectividad de 2.87 en siete aperturas con los campeones defensores de la Serie Mundial.

Un gran logro considerando que algunos pensaban que Martí­nez, de 37 años, estaba acabado después de cuatro temporadas desalentadoras plagado de lesiones con los Mets de Nueva York.

Parece extraño verlo con el uniforme a rayas de los Filis, pero está lanzando como antaño: dominante. Fue el Pedro de siempre en su salida previa contra los Mets la noche del domingo. Trabajó ocho entradas herméticas, permitiendo seis imparables y ponchando a siete adversarios en una victoria 1-0.

Martí­nez atribuye su éxito a que finalmente se siente saludable y con la mente despejada después de un año difí­cil, en la temporada pasada, cuando su padre, Paulino, falleció tras una larga batalla por un cáncer cerebral.

"En este momento estoy jugando momento a momento, lanzamiento por lanzamiento, juego por juego", dijo Martí­nez el jueves en una entrevista con la AP. "Si cualquier cosa sale mal, tendré que retirarme del juego, así­ que quiero disfrutar cada parte pequeña que pueda", señaló.

Martí­nez, uno de los mejores lanzadores de su generación, ya no tiene la misma fuerza en su recta. Pero aún puede registrar poco más de 90 millas por horas y cuenta con un repertorio de pitcheos finos para salir airoso.

"No soy el que fui. Mi velocidad ha desaparecido y estoy más viejo", comentó. "Pero soy más sabio; tengo más experiencia. Pienso que eso complementa mi repertorio", agregó.

Siendo un hombre profundamente religioso y apegado a la familia, Martí­nez cree fuertemente en la lealtad. Después de lanzar por la República Dominicana en el Clásico Mundial de Béisbol, regresó a su casa y pasó mucho tiempo con su madre. Martí­nez tení­a ofertas para jugar en las mayores, pero querí­a jugar para un equipo protagonista.

Mientras esperaba que llegara la oportunidad apropiada, consoló a su madre, Leopoldina, y la ayudó en un perí­odo difí­cil de su vida.

"Dios trabaja de diversas formas. Todo el tiempo que pasé en la Dominicana me ayudó tanto con mi mamá", dijo Martí­nez.

"Si no hubiera estado allí­ para mi mamá, no sé dónde estarí­a ella en este momento después de que falleció mi papá. Tení­a que pasar tiempo con ella, plantar un jardí­n con ella. Tuvimos algunos trabajadores que nos ayudaron, pero yo estaba allí­ cavando y plantando rosas con ella. Pasamos un mes y medio trabajando en el jardí­n y eso distrajo a mi mamá de lo que sucedió. Le ayudó", enfatizó.

Cuando tuvo oportunidad de unirse a los Filis, Martí­nez no podí­a dejarla pasar. Después de todo, eso es lo que querí­a su papá que hiciera. Firmó un contrato por un año durante la pausa por el Juego de Estrellas por 2 millones de dólares más incentivos.

"Cuando estaba muriendo, mi padre me dijo que fuera a jugar béisbol", dijo Martí­nez. "Sentí­ que la manera en que terminé el año pasado no era la forma en que él querí­a que saliera", señaló.

No fue fácil decir a su mamá que se iba nuevamente. Ella se acostumbró a tenerlo finalmente en casa por primera vez en más de 20 años.

"Ella lloró mucho", comentó Martí­nez. "Dijo, 'tú estás bien aquí­. Ya no necesitas ir a trabajar'. Al mismo tiempo me sentí­a comprometido con mi papá. Ella lo entendió, pero dijo 'sólo ve por un par de meses y si algo sucede, regresa a casa'".

Martí­nez quiere regresar con otro anillo de campeonato. Ya ayudó a los Medias Rojas de Boston a ganar la Serie Mundial en 2004 y espera obtener su primer anillo de la Liga Nacional con los Filis.

"Eso completarí­a mi ciclo", señaló. "En 1994, tuve mi mejor oportunidad para ganar en la Liga Nacional con Montreal y no ocurrió porque la huelga canceló la temporada".

Cuando Martí­nez regrese a la República Dominicana al final de la temporada, planea jugar en la liga de invierno de su paí­s por primera vez desde mediados de la década de 1990.

"Mi legado ha sido construido en Estados Unidos", apuntó. "Mucha de mi gente no me ha visto jugar pelota de invierno desde que era un jugador joven. La última ocasión fue en 1996. La mayor parte de mi éxito llegó después. Me gustarí­a que los niños y la gente de allá me vea antes de que me retire", indicó.


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