A los 81 años, Tommy Lasorda no ha perdido amor por el béisbol

MIAMI (AP). Tommy Lasorda está sentado en un sofá de cuero en su suite en un hotel, con un control remoto en una mano y una medalla japonesa en la otra.

Algo en el televisor le llama la atención.

"¡Ciudad de México!", dice en español, señalando a alguien en la televisión que reporta desde la capital mexicana. "¡Ciudad de México! ¡Acabamos de venir de allí­!".

Por supuesto que él ha estado allí­.

El ha estado en todas partes, predicando el evangelio del béisbol.

La leyenda de los Dodgers de Los Angeles hizo 22 comparecencias en noviembre, y en diciembre recibió la Orden del Sol Naciente _ uno de los galardones más prestigiosos otorgados por Japón _ en reconocimiento a sus cuatro decenios de participación en el béisbol de ese paí­s.

Lasorda habló ante un grupo de nadadores juveniles en California, en una universidad local en Washington y junto al ex Medias Rojas Bill Buckner en Denver en enero. En lo que va de este mes ha realizado un viaje en autobús desde Los Angeles hasta Arizona, pronunciado un discurso en Nevada, un rápido salto a Miami ... nunca acaba.

A los 81 años, Lasorda dice que no cambiarí­a nada.

"La vida que he tenido es increí­ble", dijo. "Es mi 60° año con los Dodgers. Yo fui jugador, después cazatalentos, después manager de las ligas menores, entonces coach en las Grandes Ligas y después manager en las Grandes Ligas, y después gerente general en las Grandes Ligas. Lo he hecho todo en este deporte. He recibido siete doctorados honorarios. Estoy en 13 salones de la fama. Y he tenido a nueve novatos del año en la Liga Nacional. ¿Quién más ha hecho eso?".

Ah, y su memoria es aguda.

¿Retirarse? Ni lo piensen.

Lasorda más que le ha pagado al deporte por todo lo que éste le dio durante años, y aún lo hace, viajando a Miami por dos dí­as para promover el Clásico Mundial de Béisbol, que comienza el 5 de marzo. El comisionado Bud Selig le hizo embajador global para el evento, y no se trata de un tí­tulo honorario.

Lasorda ya ha estado promoviendo el torneo en Los Angeles, San Diego, Seattle, Denver y Ciudad de México. El martes, el dí­a en que se anuncian las nóminas finales para el certamen, Lasorda va a asistir a un partido de exhibición entre los Orioles de Baltimore y el equipo nacional de Italia _ una atracción natural para el orgulloso hijo de un inmigrante italiano.

De Miami, Lasorda se va a San Juan el miércoles, y seguidamente a Washington y Toronto en las próximas semanas.

Por cierto, él tiene una casa. Lo que pasa es que raramente está allí­.

"Si no me gustase hacer todo esto, no lo estarí­a haciendo", dice Lasorda.

A Lasorda la gusta decir que un dí­a él va a ser la respuesta a la pregunta: ¿Quién fue el tipo que guió a equipos tanto al oro olí­mpico (él lo hizo con el equipo estadounidense en Sydney en el 2000) y tí­tulos de Serie Mundial (que consiguió con los Dodgers en 1981 y 1988)?

No está mal para alguien que, como pitcher en las Grandes Ligas tuvo un récord de 0-4 con promedio de carreras limpias de 6.48.

Lasorda fue el embajador del primer Clásico Mundial de Béisbol en el 2006, y se sabe que si quiere el puesto de nuevo después de éste, es suyo.

"Tommy ha jugado un papel clave en la globalización del béisbol a lo largo de su carrera, promoviendo el deporte en 22 paí­ses, además de jugar o dirigir en 14 de los 16 paí­ses participantes", dijo Selig en diciembre al anunciar la participación de Lasorda este año. "Su presencia proveerá tremendo respaldo para el torneo y estoy encantado de decir que él de nuevo va a ser parte del mismo".

En estos dí­as, a Lasorda le preguntan todo el tiempo acerca de esteroides. El veterano beisbolero fue particularmente afectad por la noticia de que el antesalista de los Yanquis Alex Rodrí­guez usó esteroides durante tres años cuando estaba con Texas. Ambos hombres han tenido una buena relación desde los noventa, y Lasorda dice que fue sorprendido por la revelación.

Y si no es esteroides, alguien le pregunta entonces cómo va a afectar la crisis económica al deporte.

Lasorda le hace caso omiso a todo eso. La historia, dice, va a demostrar que no importa lo que pase, al béisbol le va a ir bien.

"Hay tantos obstáculos que hemos tenido que superar y aún así­ a la gente le gusta ir a ver un partido de béisbol", dijo Lasorda. "Los tiempos son duros y aún así­ la gente quiere ir al estadio a ver el juego. Es una forma de relajarse, de pasar un tiempo con la familia. Salir a cenar es más caro que ir a un juego de béisbol. Y nadie es más grande que el béisbol, nadie".

"Si yo pudiera pedirle a Dios 'ésta es la esposa que quiero y ésta la vida que quiero', Dios no pudo haberme dado nada mejor".


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