Que bueno que los Yanquis son versados en escándalos

NUEVA YORK (AP). Habí­a sido un invierno a pedir de boca para los Yanquis, dispuestos a arrasar con todo tras perderse los playoffs por primera vez en 13 años.

Pese a una economí­a en recesión, sacaron la chequera y se gastaron 423,5 millones de dólares por Mark Teixeira, CC Sabathia y A.J. Burnett.

El tema de discusión en la pretemporada iba a ser si sus adversarios en el Este, llámense los Rays de Tampa Bay y los Medias Rojas de Boston, iban a estar en condiciones de frenarles.

También estaba la expectativa del traslado a su nuevo Yankee Stadium, el recinto que construyeron adyacente a su anterior estadio en el Bronx y que les costó 1.500 millones de dólares para tener todas las amenidades posibles.

Más allá de la furia de otros equipos por la capacidad de Nueva York de derrochar dinero, el debate sobre si Joba Chamberlain deberí­a ser abridor o cerrador asomaba como la nota más controvertida en la pretemporada. Tal vez si el manager Joe Girardi, en su segundo año, tení­a la capacidad para responder a la presión de llevarlos de vuelta a una Serie Mundial.

En un sintiamén, sin embargo, un par de ladrillazos despertaron a la realidad a los Yanquis. La inminente estancia en la sede de primavera en Tampa Bay promete ser un verdadero circo.

La impactante confesión de dopaje de Alex Rodrí­guez y el libro en el que Joe Torre aireó los trapos sucios de su ciclo de 12 años como manager tienen al equipo de Nueva York en ascuas.

Que bueno que los Yanquis son versados en materia de escándalos.

"Todos los años pasa algo", afirmó su capitán Derek Jeter al dí­a siguiente que "A-Rod" reconoció haber consumido sustancias prohibidas cuando estuvo con los Rangers de Texas entre 2001-03.

"Son los Yanquis. Siempre pasa algo", dijo Jeter. "Creo que muchos de los que hemos estado aquí­ nos hemos acostumbrado. No a algo de esta magnitud, pero están acostumbrados a responder cuestionamientos sobre otras cosas".

Justo cuando parecí­an capear la tormenta desatada por el libro de Torre, en la que el piloto expresó su indignación por la forma en la que debió irse del equipo y hasta reveló que los compañeros le decí­an "A-Fraud" (Fraude) a Rodrí­guez a sus espaldas, la revelación del caso positivo por dopaje y la posterior admisión de Rodrí­guez lo supera todo.

Los Yanquis trataron de poner buena cara al asunto, apenas dí­as antes de iniciar sus entrenamientos. Después de todo, por más dinero que tengan, no están en condiciones de rescindirle su descomunal contrato.

Rodrí­guez será el tercer yanqui en los últimos cuatro años que deberá dar la cara por cuestiones relacionadas a sustancias para mejorar el rendimiento.

Pero todo el bullicio que acompañó a los descargos públicos de Jason Giambi y Andy Pettite se quedará chico con lo que se le avecina a Rodrí­guez. Tampoco hay garantí­as que la afición del equipo reaccionará igual de condescendiente como lo hizo ante los remordimientos exhibidos en los casos anteriores.

La comparecencia de Rodrí­guez ante los periodistas será para alquilar balcones por las circunstancias y cualidades que rodean al hijo de dominicanos.

Durante toda su carrera, Rodrí­guez se ha esforzado en ser el modelo de perfección en todo, el número uno sin discusión, el jugador mejor pagado.

Con apenas 33 años y 553 jonrones de por vida, su destino inexorable era el de convertirse en el "salvador" de las Grandes Ligas tras los escándalos de dopaje recientes.

Los mandamases de las mayores cruzaban los dedos para que eclipsara el récord histórico de 762 jonrones de Barry Bonds, uno considerado turbio por las sospechas de que consumió drogas.

Los Yanquis querrán que Rodrí­guez sea al pararrayos de la situación y sin duda el tercera base aún tiene que responder a muchas interrogantes, particularmente sobre cómo hizo para tener acceso a las sustancias y cómo es que no sabe exactamente que usó.

"Aunque estamos decepcionados por el error del que habló ... estamos conscientes de que Alex, al igual que el resto de nosotros, es un ser humano que no está inmune a cometer errores", dijo el equipo tras la confesión de Rodrí­guez.

Los Yanquis aguardan que el asunto sea olvidado tras los mea culpas de Rodrí­guez y encontrar algo de normalidad.

"Una vez que empiecen las actividades relacionadas con el béisbol, ojalá y entonces sabremos pasarle vuelta a la página", dijo Jeter.

Pero algo hace pensar que no será así­ de sencillo. El caso de Alex Rodrí­guez es como la pelota que pica y se extiende.


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