2009: Aún en pleno cambio, los Gigantes pueden pensar en playoffs

JUPITER, Florida (AP). La era de Barry Bonds ya es un recuerdo lejano en San Francisco, cuyo proyecto de remozamiento con una infusión de prospectos de su roster entra a un segundo año que luce promisorio.

Pueda parecer mentira, pero los Gigantes cuentan con legí­timas aspiraciones de postemporada. Jugar en la que tal vez es la división más floja de las mayores ayuda bastante.

Aunque terminaron con una marca de 72-90 en 2008, los Gigantes cerraron en alza la campaña al ganar 28 de sus últimos 55 partidos en el Oeste de la Liga Nacional.

Eso no fue obra de la casualidad, sino el trabajo de uno de los secretos mejor guardados: su rotación abridora es una de las mejores del momento.

La misma tiene como lí­der al prodigio Tim Lincecum, el ganador del último premio Cy Young al compás de 18 victorias y 5 derrotas. También lideró las mayores con sus 265 ponches y logró efectividad de 2.62.

El número dos es Matt Cain y cuenta con la misma edad que Lincecum, ambos con 24 años. Aunque su récord fue de 8-14, Matt Cain saldó un 3.76 en efectividad y recetó 186 ponches. Su repertorio es fenomenal, pero aún no ha logrado que su enorme potencial rinda dividendos significativos en cuanto al récord.

La llegada del veterano zurdo Randy Johnson (11-10, 3.91 con Arizona), el surgimiento del puertorriqueño Jonathan Sánchez (9-12, 5.01) y hasta Barry Zito (10-17, 5.15) permiten a los Gigantes exhibir a un grupo de cinco abridores capaces de acumular 30 aperturas.

Todaví­a cuentan con un brazo extra como el talentoso derecho Noah Lowry, disponible tras perderse toda la pasada temporada por operaciones en el codo y antebrazo.

Como el contrato de Zito es demasiado prohibitivo, Lowry podrí­a ser un atractivo anzuelo para reforzar otras áreas en el equipo o simplemente tenerlo como un relevista largo.

También reforzaron su bullpen con las adquisiciones de Jeremy Affeldt, el mejor relevista zurdo que estaba disponible en la agencia libre, y Bobby Howry, para acompañar a Brian Wilson, quien el año pasado fue seleccionado al Juego de Estrellas al figurar segundo en la liga con sus 41 rescates en 47 oportunidades.

San Francisco puede ponerse como objetivo ganar 85 partidos y ello le bastarí­a para alzarse con el tí­tulo de su división.

¿En serio? Pues sí­. Pese a las 90 derrotas, los Gigantes quedaron a 12 juegos de los campeones Dodgers de Los Angeles.

La suya es una división en la que simplemente no hay un equipo claramente superior, ni uno que sea un fiasco total. Además, la competencia luce algo menguada.

Aunque los Dodgers finalmente retengan a Manny Ramí­rez, también perdieron a un abridor clave como Derek Lowe. Los Diamondbacks de Arizona dejaron ir a Johnson, el segundo base Orlando Hudson y al inicialista Adam Dunn.

"Ser ambiciosos está bien. Nos sentimos confiados con todas las nuevas adiciones y mejoras que se han hecho", declaró el manager Bruce Bochy.

Pero los Gigantes no resolvieron su verdadero talón de Aquiles, ya que siguen sin contar con un bateador temible en el medio de su alineación.

El colombiano Edgar Renterí­a, quien toma el puesto del venezolano Omar Vizquel como torpedero, fue el único refuerzo de peso en lo ofensivo.

Un cambio de aires, volviendo a la Liga Nacional, aparece nuevamente como la posibilidad para que Renterí­a tenga un repunte, después de su decepcionante paso con los Tigres de Detroit, donde bateó para .270, con 10 jonrones y 55 impulsadas. Algo similar le habí­a ocurrido hace un par de años cuando fracasó en Boston y levantó alas en Atlanta.

Pero cuando se tiene nuevamente al catcher puertorriqueño Bengie Molina (.292, 16, 95) como cuarto bate, pues los Gigantes denotan que su orden ofensivo no es el correcto. En un mundo ideal, Molina está para ser quinto o sexto.

Las estadí­sticas no mienten tras terminar últimos el año pasado en carreras anotadas y slugging.

Randy Winn (.306, 10, 64) y Fred Lewis (.282, 9, 40) podrán ser excelentes en defensa en los bosques derecho y izquierdo, respectivamente, pero sus números ofensivos simplemente no impresionan. Además, el jardinero central Aaron Rowand (.271, 13, 70) estuvo muy debajo de lo que se esperaba tras recibir un contrato de 60 millones de dólares.

Hay quienes argumentaron que sacar la chequera por Manny Ramí­rez o Adam Dunn hubiese resuelto el problema de una plumazo para emerger como el equipo a vencer.

San Francisco no se atrevió.

Por el contrario, dependen que su prospecto Pablo Sandoval irrumpa fuerte como el nuevo antesalista. El venezolano 22 años dio un aviso sobre su capacidad cuando bateó para .345 en 41 juegos al final de la pasada campaña.

No habí­a un dueño fijo de los puestos en primera y segunda base. Travis Ishikawa y Josh Phelps se peleaban la titularidad en la inicial, mientras que Kevin Frandsen, Emmanuel Burriss y el dominicano Eugenio Vélez pujaban en la intermedia.


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