La era de los esteroides pasó a la historia

CHICAGO (AP). La llamada era de los esteroides pertenece el pasado, aunque no lo fue de la manera que muchos se esperaban. La verdad es que ya no quedan más nombres que puedan causar estupor entre los fanáticos.

Hay que sacarse el sombrero por la forma con la que Manny Ramí­rez reaccionó el otro dí­a ante la noticia de que su nombre y el de David Ortiz aparecieron en la lista de jugadores que en 2003 dieron positivo en los controles hechos por las Grandes Ligas por consumo de esteroides.

"Esto no va a afectar a ninguno de los dos", dijo Ramí­rez. "Seguiremos bateando igual".

Si sirve de consuelo, la última parte es más fácil decirlo que cumplirla.

Ramí­rez ha bateado apenas seis hits en 37 turnos en sus últimos ocho partidos, apenas por encima del promedio de .200 tras la pausa del Juego de Estrellas. Excepto un grand slam el 22 de julio, el dominicano no está rindiendo a su habitual nivel.

Fue abucheado en Atlanta el domingo, al igual que lo fue en San Luis durante la semana pasada. Pero Ramí­rez puede estar seguro que recibirá muchas muestras de cariño apenas llegue a Los Angeles, donde los fanáticos de los Dodgers le perdonaron el mes pasado tras haber purgado una suspensión de 50 juegos por dopaje.

Su compatriota Ortiz ha estado sumido en un bache ofensivo que ha durado toda la campaña y a duras penas trata que su promedio alcance su peso de 230 libras.

A nadie parece importarle. Acto seguido que el diario The New York Times informara que tanto él como Ramí­rez fueron los últimos de los 104 en la lista de jugadores que fueron pillados --ya sea por ser demasiados tontos, perezosos o arrogantes-- en los controles, "Big Papi" disparó un jonrón clave de tres carreras que le dio a Boston una victoria sobre Oakland.

La afición se puso de pie para rendirle una ovación, y la misma no terminó hasta que Ortiz salió de la caseta para saludar. Todo el mundo en el equipo le ofreció su apoyo y Ortiz prometió, una vez tenga toda la información a la mano, defender su reputación como un pelotero limpio.

"La noticia me tomó desprevenido", dijo Ortiz en un comunicado. "Por la manera que he vivido mi vida, estoy sorprendido de haber dado positivo. ... Ustedes me conocen. No me voy a esconder y estar dando excusas".

El goteo de los nombres que aparecen en esa lista que se remonta a hace seis años se asemeja a una especie de tortura.

No se estipularon sanciones por un positivo en 2003. Las pruebas anónimas se hicieron para determinar si hací­a necesario imponer controles obligatorios en las Grandes Ligas en 2004.

Los agentes federales que investigaban el caso Balco lograron tener acceso a los resultados como parte de sus pesquisas y el sindicato de jugadores reclamó como ilegal la incautación de la lista. Es un caso que actualmente se tramita un tribunal federal de apelaciones e incluso podrí­a llegar hasta la Corte Suprema.

El efecto práctico de todas estas investigaciones ha sido embarrar la reputación de todos los implicados, un grupo que incluye a luminarias como Mark McGwire, Sammy Sosa, Barry Bonds y Roger Clemens.

Pero como Ramí­rez hizo hincapié, lo ocurrido ha tenido un efecto mí­nimo tanto para él como para Ortiz, al igual que Alex Rodrí­guez, quien previamente habí­a sido identificado como parte de la lista de 2003.

Los fanáticos y los jugadores se han acostumbrado a los rumores, hay un programa de controles bastante creí­ble que ha estado en vigencia durante cinco años y la lista de jugadores que han sido atrapados sigue en aumento.

Pero nada cambia.

Los ingresos por televisión andan bien. La asistencia a los estadios ha arrojado cifras récords en cuatro de las últimas cinco campañas, y pudo haberlo hecho otra vez este año de no haber sido por la crisis económica.

Pese al hecho que divulgar los nombres de la lista es ilegal, hay un clamor en alza de los propios jugadores para que se divulge por completo.

"Estoy seguro que los otros 96 o 97 jugadores deben estar pensando, '¿cuándo es que se destapará?", dijo el jardinero de los Yanquis Johnny Damon, quien jugó con Ortiz y Ramí­rez en el equipo campeón de Boston en la Serie Mundial de 2004 antes de pasar a Nueva York.

"Creo que por el bien de los jugadores que están en esa lista, serí­a beneficioso, de modo que no tengan que estar siempre bajo el miedo", añadió.

Aunque no lo diga en público, el comisionado Bud Selig también lo harí­a de un solo golpe. Selig, por su forma de ser, seguramente dirá que la difusión de la lesión es importante para proteger a los jugadores limpios, aunque nadie volverá a tener el beneficio de la duda.

Como empresario, Selig también sabe que ya se superó el punto de ebullición de este escándalo y que el destape de nombre no incide a la hora de vender boletos.

La difusión de nombres no beneficia a nadie, a menos que se cuenten a los periodistas.

"Para mí­, nada bueno sale de esto. No hay consecuencias. ¿De qué sirve entonces?", declaró el cerrador de los Medias Rojas Jonathan Papelbon.

Y así­ es.

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Jim Litke es columnista de AP. Se le puede escribir a jlitke (at) ap.org


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