Dos series sin un favorito claro y muchas aristas

NUEVA YORK (AP). Una será protagonizada por dos equipos que se conocen de memoria y no se tienen mucha simpatí­a. La otra ofrece un duelo entre novenas que hace apenas un mes luchaban a muerte por entrar a los playoffs y cuyo ganador reaparecerá en la Serie Mundial por primera vez desde la década de los 80.

Nada mal para las series de campeonato, que se iniciarán el jueves cuando los Filis de Filadelfia reciban a los Dodgers de Los Angeles por el cetro de la Liga Nacional.

La pulseada de la Americana se pondrá en marcha el viernes, con los Medias Rojas de Boston de visita en Tampa Bay. De colistas en su división las últimas tres campañas, los dueños de casa Rays están a cuatro triunfos de avanzar a la Serie Mundial.

En ninguna hay un claro favorito.

Tampa salió airoso 10-8 en la serie particular entre ambos durante la campaña regular, ganando el banderí­n del Este en el último fin de semana.

La tónica de los encuentros entre Rays y Medias Rojas fue que estuvieron cargadas de animosidad, una que viene de hace rato.

Cuando se vean nuevamente las caras el viernes en el Tropicana Field, Tampa tendrí­a a James Shields como abridor. Fue el mismo lanzador, cuyo pelotazo a Coco Crisp en Boston desató una altercado que terminó con un total de ocho jugadores suspendidos.

Con su nómina que oscila los 44 millones de dólares, la más modesta de los cuatro equipos que siguen con vida, los Rays han demostrado que no tienen complejos pese a que los fracasos son la constante en sus 11 años de existencia como franquicia.

"Hay que salir y jugársela con todo", declaró Joe Maddon, el manager que se encargó de sacar a los Rays del sótano.

La actitud de los Rays es una de que no tienen nada que perder.

"La cuestión en la que puse énfasis tras la pausa del Juego de Estrellas fue tomarse todo esto con respeto. Lo han hecho. Lo hemos hecho. En otras palabras, uno no va a estar en esta situación todos los años".

Los Medias Rojas, por otra parte, tienen otra clase de motivación. Esta será su cuarta serie de campeonato desde el 2003, e intentarán alzarse con su segunda Serie Mundial consecutiva y tercera en cinco años.

Tras sepultar 86 años sin campeonatos, ahora en Boston se habla de una dinastí­a. Hasta los antecedentes parecen sonreí­rles, luego de eliminar en la primera ronda a los Angelinos de Los Angeles, el equipo con el mejor récord durante la temporada regular. Cuando salieron campeones en 2004 y 2007, Boston superó precisamente a los Angelinos en las series divisionales.

Lo han hecho con un equipo que se asemeja muy poco al del año pasado. Manny Ramí­rez fue transferido a los Dodgers a mitad de año, Curt Schilling se perdió toda la temporada por una lesión y Mike Lowell acaba de ser descartado debido a una dolorosa molestia en la cadera.

Pero Boston se las ingenió para salir adelante, recurriendo a un brillante pelotón de jóvenes surgidos de su sistema de ligas menores, sobresaliendo el abridor Jon Lester, el intermedista Dustin Pedroia, el jardinero central Jacoby Ellsbury y el torpedero Jed Lowrie. Todos ellos se han acoplado a pedir de boca con los veteranos David Ortiz, Josh Beckett y J.D. Drew.

Y también atinaron con el jugador con el cual reemplazaron al dominicano Ramí­rez en el bosque izquierdo.

Se trata de Jason Bay, quien fue fundamental en la serie contra los Angelinos con un par de jonrones en los primeros juegos de la serie, y luego anotar la carrera del triunfo en el decisivo cuarto partido.

Hablando de Ramí­rez, los Dodgers están igual de encantados con la presencia del enigmático artillero que lleva el número 99 en su camiseta.

No cabe duda que hoy por hoy es el bateador más temido de la postemporada tras amasar promedio de .500 con dos jonrones en la barrida de tres juegos que su equipo le endosó a los Cachorros de Chicago.

"Vine e hice mi trabajo. Siento que es una bendición el haber venido aquí­", afirmó Ramí­rez.

Dodgers y Filis _que igualaron 4-4 en la campaña regular_ fueron rivales frecuentes más o menos hace un cuarto de siglo, con tres enfrentamientos cuando las series de campeonato eran al mejor de cinco partidos. Los Angeles se impuso en 1977 y 1978, mientras que Filadelfia se llevó el banderí­n en 1983.

Ramí­rez se encontrará en la caseta rival con un personaje muy importante en el desarrollo de su carrera.

Charlie Manuel, el manager de los Filis, fue el primer mentor del dominicano cuando éste era un prospecto de los Indios de Cleveland a inicios de los 90. También fue el coach de bateo de Cleveland en 1994, el año en el que Ramí­rez completó su primera campaña completa en las mayores.

Los Dodgers tienen a Joe Torre como manager y la coyuntura en la que se encuentra es una a la que está bastante acostumbrado. Este es su 13er año seguido en postemporada, un lapso que incluyó cuatro campeonatos en Nueva York.

Fue por eso que fue contratado por los Dodgers, que no pasan a la Serie Mundial desde su triunfo en 1988 sobre los Atléticos de Oakland.

Torre sintió un alivio al sortear la primera ronda esta vez, después que sus Yanquis quedaron fuera en esa instancia los tres últimos años.

"Me habí­a mal acostumbrado con tantas veces en los playoffs", bromeó Torre. "Las series de cinco juegos son como un lance de los dados. Siempre me asustaron, incluso cuando ganamos".


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