Halfpipe del esquí acrobático, espectáculo y riesgo asegurado

Rodillas destrozadas, tibias partidas, hombros dislocados, familiares incapaces de mirar; el halfpipe de esquí acrobático es una disciplina extremadamente peligrosa, donde las medallas son más escasas que las estancias en el hospital para quienes lo practican.

¿Son masoquistas los esquiadores de halfpipe? Lo que está claro es que su relación con el dolor y las lesiones dista de lo común.

"Desde el momento que hacemos halfpipe somos conscientes de que nos vamos a dar tortazos, eso forma parte de nuestra vida", explica el francés Kevin Rolland, que buscará el martes una nueva medalla olímpica tras el bronce conquistado en Sochi-2014.

"Si hago balance de mi carrera, con todos los trompazos que me he dado, creo que he tenido mucha suerte. Me rompí los dos ligamentos cruzados, pero son las únicas lesiones de gravedad que tuve", añade el deportista galo, que a punto estuvo de perderse los Juegos de Pyeongchang por un esguince en un hombro producido en un entrenamiento.

- Infierno de lesiones -

Peor suerte corrió otra francesa, Anaïs Caradeux, quien también participará la próxima semana en el halfpipe.

"En Sochi iba a por la medalla y me lesioné. Después he vivido cuatro años en un infierno de lesiones. Perdí a todos mis patrocinadores y dispuse de menos medios para entrenarme. Nunca volví al nivel que tenía en Sochi", explica.

"Empecé con una conmoción cerebral, después me rompí el cartílago de la rodilla izquierda y tuve que ser operada. Volví, me partí los cruzados de la rodilla derecha, además del menisco y el cartílago. Regresé y sufrí una nueva conmoción. Después tuve problemas con la rodilla toda la temporada, sufrí una nueva contusión en la rodilla, y otra conmoción cerebral en noviembre", enumera, admitiendo que el esquí "no le ha dado mucho más que problemas los últimos cuatro años".

- Sacrificios -

Diferente es el caso del estadounidense Shaun White, especialista en Halfpipe de Snowboard. En su caso, una reciente caída le costó 62 puntos de sutura en el rostro, pero sus tres títulos olímpicos y sus ingresos por anunciar marcas justifican de alguna manera el riesgo.

Pero entonces, ¿qué impulsa a estos jóvenes a tomar estos riesgos?

"Un deportista de alto nivel no está bien de la cabeza. Sacrificas tu vida familiar, tus ahorros en muchos casos. Pero uno es amante del deporte, te dices que tienes la suerte de vivir de tu pasión, y que no puedes abandonar. Los días buenos son tan geniales que uno sigue adelante", relata Caradeux.

Thomas Krieff, otro francés inscrito en la prueba en Pyeongchang, encontró la virtud en las lesiones, un año después de la ruptura de ligamentos cruzados de las dos rodillas, además de una fractura de la tibia izquierda.

"Tuve que parar ocho meses y medio. Retomé poco a poco. Es bastante gracioso porque es de algún modo un reaprendizaje, y te sientes plenamente satisfecho por los pequeños progresos (...). Lesionarse es casi como un mal que luego da placer", explica.


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