Lágrimas por Usain Bolt

Osaka. 30 de agosto de 2007. 22h30. Usain Bolt corre en la calle cinco de la final de 200 metros del Mundial japonés. Con del dorsal 709. Tiene apenas 20 años. Es barbilampiño. Se acomoda en la salida, se santigua y dirige su dedo hacia el cielo.

Aunque ya había participado en Helsinki-2005, y también en los Juegos de Atenas-2004, en esa noche japonesa empezó su idilio con el atletismo y los Mundiales. El entonces joven jamaicano ganó la medalla de plata detrás del estadounidense Tyson Gay.

El casi adolescente Bolt se paseó después por la zona de entrevistas, con los mismos gestos que ha patentado en toda su carrera.

El jamaicano asumía el rol de un modelo en un desfile de alta costura, y con finura, con ese andar de alguien que se sabe campeón, pasaba entre los periodistas, con la zapatillas agarradas por los dedos de una mano.

Diez años después, el 12 de agosto de 2017, terminó su historia de amor con los grandes eventos, pero le faltó esa pasarela final.

Una lesión cortó su camino hacia la meta y no pudo pasar una vez más por la zona de entrevistas con las zapatillas sostenidas por sus dedos.

El principio de esa última carrera de relevos de 4x100 en Londres-2017 contó con el inicio simpático de siempre. Bromeó con la mascota del Mundial, imitando un combate de boxeo, mientras ésta le ponía como despedida "Hasta la vista".

Durante seis Mundiales su presencia parecía el Día de la Marmota. Un show en la pista, una visita a los más alto del podio y un desfile en la pasarela de la zona de entrevista, con autosuficiencia, con la seguridad de un campeón, y las zapatillas en las manos.

Solo falló en Londres-2017, en su despedida, con el bronce en 100 metros y ese importuna lesión final en el relevo.

Bolt se hizo querer en estos diez años de dictadura del jamaicano en la velocidad.

Tras la carrera en la que fue plata en Osaka, se abalanzó sobre Tyson Gay para felicitarlo.

"Tyson fue el mejor hoy, pero espero la próxima vez derrotarlo. Estoy deseando hacer lo necesario para derrotarlo el año que viene", dijo tras aquella plata en Osaka.

- Pekín-2008, nacimiento del ídolo -

Y el insolente Bolt cumplió su palabra. Un año después, en los Juegos de Pekín-2008, ganó su primera medalla de oro e inició su aplastante dominio en la velocidad.

Bolt ganó aquella final de Pekín con récord mundial (9.69), que mejoraría un año más tarde en el Mundial de Berlín (9.58).

Pero no necesitó derrotar a Gay, quien fue eliminado en semifinales de los Juegos chinos, al ser quinto.

Después Bolt encadenó una victoria tras otra en Mundiales y Juegos Olímpicos en las pruebas de 100, 200 y 4x100 metros.

Había planeado retirarse en los Juegos de Rio-2016, donde logró su enésimo triplete y volvió a terminar invicto en un gran evento, como venía sucediendo desde Pekín-2008.

Pero sucumbiendo a muchas presiones, entre ellas de los patrocinadores, Bolt cometió el error de no retirarse a tiempo.

Si lo hubiera hecho en los Juegos brasileños, lo habría hecho en la cima.

Decidió postergar un año su retirada, y cosechó dos derrotas en el Mundial de Londres-2017.

Ese pequeño error de cálculo no pone ningún borrón a su carrera. Fue y será probablemente el más grande.

El rayo sobre la pista era sonriente y gesticulante fuera de ella. Un imán para las cámaras, un regalo para los micrófonos y un ídolo querido por las masas.

El atletismo se ha quedado huérfano.

Ahora debe adoptar a otro atleta que ocupe el lugar dejado por el rey.

Un trono vacante que será difícil de ocupar.

Su corona se encuentra flotando en un mar de lágrimas. Gracias Bolt.


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