No quiero pensar con el corazón…

Saludos amigos y amigas del béisbol bienvenidos a otra jornada de la pelota criolla, hoy en el martes de recuerdo, de sentimientos encontrados, pero de realidad y beneficio para un sector de la sociedad que necesita el apoyo y el derecho a vivir mejor.

Me refiero a la salida inminente de la sociedad, del Gobierno Nacional de eliminar el viejo estadio Juan Demóstenes Arosemena y reubicarlo en otro sector, dándole la oportunidad a la gente de Curundú de gozar de una mejor vivienda que otorgará la gestión de Ricardo Martinelli.

No quiero pensar con el corazón, quiero hacerlo con la mente, totalmente alejado de los recuerdos, del sentimentalismo apasionado por el béisbol, de los recuerdos de niño, al lado de mi padre y meditando alejado, completamente de la historia.

La realidad sentimentalista es una y la realidad social, actual y física es otra. Entrar al Estadio Juan Demóstenes Arosemena no es una aventura segura, allí no se puede jugar con tranquilidad, no se puede seguir invirtiendo tanto dinero, cada año, para que otros se lo roben.

El béisbol murió en el estadio Juan Demóstenes Arosemena, aquellos años de pasión, de infinitas emociones terminaron y simplemente nunca más volverán. No debemos aferrarnos a sentimientos puros y algunamente falsos.

Aferrarse a la historia o a los sentimientos barrocos de la pelota, no nos llevarán a ningún lado. Estacionarme a ver el desfile de talento que allí jugó, soñar con esos torneos nacionales y sus llenos de feria, la carne frita, las empanadas, las guerras de chupones, el recorrido por las bases después de un jonrón, las golondrinas volando bajo, en el medio del jardín central, son solo recuerdos que allí deben quedarse.

El estadio no es funcionable, así es la cruda realidad. Una tribuna que se está cayendo, un sistema eléctrico que ya no funciona y de ponerse nuevo, se desaparece en poco tiempo. No hay tablero de anotación y es una maldad poner uno nuevo, porque se desaparecerá en cuestión de minutos, al mejor estilo de la magia de David Copperfield.

La afición no asistirá al estadio, por muchas razones, principalmente la seguridad. Señores, en esta oportunidad hay que darle crédito a las declaraciones valientes del señor Presidente Ricardo Martinelli.

La idea es positiva y debemos seguir adelante, por el bien de una comunidad que necesita un mejor escenario para vivir.

No faltarán las ráfagas de críticas negativas, no faltarán los comentarios de aquellos comunicadores de sentimientos baratos, que se aferran a una historia, a un pasado y que no toleran el mundo futuro.

La historia ha estado presente en muchos grandes estadios del mundo, pero el sentimiento tiene un punto, y el punto del estadio Juan Demóstenes Arosemena ya ha llegado.

El Juan Demóstenes Arosemena debe irse, ya cumplió, su objetivo se llenó, pero ya no es funcionable y debe darle paso a las mejoras de la sociedad.

Sólo resta decirle al Señor Presidente, cumpla su palabra y reubique el estadio, se elimina, pero se erige otro en otro sector.

¡Viva el béisbol!


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