El brillo inextinguible de Radamel Falcao

Yo veía a Falcao como un buen jugador. Talentoso, habilidoso, la estrella de Colombia. Pero Radamel Falcao es más que eso. Sí, Radamel Falcao ha demostrado lo que es el poder del espíritu humano. Nos ha dado a todos una lección de vida, y lo ha hecho como todo un caballero del fútbol.

El 22 de enero de este año en un partido de la Copa de Francia entre su equipo, Mónaco, y el Chasselay, el jugador Soner Ertek le hizo una fuerte entrada a los 40 minutos de juego. Tres minutos más tarde, Falcao era sacado en camilla del terreno de juego, y la selección Colombia veía desvanecer el brillo de su más grande estrella a solo meses del Mundial.

Las alarmas se dispararon cuando se confirmó la gravedad de la lesión en su rodilla y la necesidad de ser operado. El tiempo de recuperación, sería apenas para el inicio de la Copa del Mundo.

Desde que lloró ante las cámaras en enero, hasta el lunes 2 de junio cuando se confirmó que no estaría en la lista de 23 de Colombia, la historia de Falcao ha sido una de lucha hacia un objetivo. Aunque la probabilidad de que llegara a jugar era poca, Falcao mantuvo un positivismo contagioso que puso no solo a Colombia sino a miles de fanáticos en el mundo entero a creer... creer en su recuperación, creer en su disciplina, creer en su anhelo de ir a un Mundial.

Pero como muchas veces en la vida por más entrega y disciplina que se tenga para lograr una meta, a veces simplemente, no se alcanza. Y en ese momento Falcao nos volvió a sorprender. En término popular; se paró bonito nuevamente en la conferencia de prensa. Dio la cara y aceptó que no estaría en el Mundial, se resignó a no haber logrado por el momento su sueño.

Extrañamente me ha dolido toda esta historia de Falcao, aunque no lo conozca ni sea mi "pasiero". Pero es un hombre que se ha mostrado muy vulnerable en todo este proceso, en este ciclo de emociones de principio a fin. Pero por más que nos lamentemos que una gran estrella estará ausente en este Mundial, Radamel Falcao no se ha dado por vencido, y volverá, y su sacrificio y entrega tendrá en su momento, su recompensa, porque ese es el curso natural de la vida. El curso natural de los que tienen un gran espíritu humano.