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En su año olí­mpico, se le está aguando la fiesta a China

BEIJING (AP). China esperaba que el 2008 fuese una fiesta prolongada, un perí­odo para disfrutar del candelero que representan los Juegos Olí­mpicos. El año de la Rata, sin embargo, no ha deparado sino tragedias naturales y problemas que ponen a prueba la conducción comunista del paí­s.

El terremoto de magnitud 7,9 que estremeció la provincia de Sichuan el lunes es tan solo uno de esos percances y los lí­deres chinos, que esperaban concentrarse exclusivamente en la justa olí­mpica, hacen frente a una ola de dificultades.

"Los Juegos Olí­mpicos son un importante sí­mbolo de los esfuerzos chinos por ponerse a tono con el resto del mundo", expresó Roger Des Forges, historiador especializado en China de la Universidad Estatal de Nueva York con sede en Buffalo.

"Pero para la mayorí­a de los chinos, son algo secundario comparado con sus deseos de lograr una mejor calidad de vida. Ante desastres como este, la gente quiere ver cómo responde el gobierno", agregó.

El gobierno reaccionó rápidamente y pocas horas después del sismo, el primer ministro Wen Jiabao viajó a la provincia de Sichuan para observar las tareas de rescate y asistencia. Hablando desde la ciudad de Dujiangyan, donde se derrumbó una escuela y enterró a unos 900 estudiantes, Wen reconoció que el paí­s enfrentaba "un reto especial".

Los problemas comenzaron poco antes del Año Nuevo Lunar de febrero, cuando cayeron las peores nevadas en cinco décadas en el centro y sur del paí­s, dos regiones densamente pobladas. Hubo numerosos muertos, apagones de ciudades enteras y cientos de miles de personas quedaron varadas en la temporada de vacaciones.

El gobierno, por otra parte, luchaba contra una inflación alarmante al tiempo que procuraba mejorar la imagen internacional de sus productos, empañada por una serie de escándalos que obligaron a retirar del mercado artí­culos y alimentos contaminados o defectuosos.

En marzo estalló una enorme protesta antigubernamental seguida de disturbios en la capital tibetana de Lhasa, la cual se expandió a otras regiones tibetanas en el occidente de China. Fueron las peores manifestaciones contra el régimen en casi dos décadas.

La represión que dispusieron las autoridades chinas fue condenada unánimemente en el exterior y generó renovados cuestionamientos de la situación de los derechos humanos en China y de su control del Tí­bet. China dijo que en los disturbios murieron 22 personas, pero agrupaciones de defensa de los tibetanos afirman que fueron muchas más.

Miles de soldados fueron despachados a distintos puntos del paí­s para acallar las protestas y restaurar el orden. Semejante despliegue hizo que continuasen las crí­ticas a China por su actitud hacia el Tí­bet.

El recorrido de la antorcha olí­mpica por distintos paí­ses estuvo también rodeado de censuras. Un evento que se supone representa un inicio positivo de la cuenta regresiva final para los juegos se convirtió en algo caótico, con manifestaciones protibetanas en cada punto, desde el encendido mismo de la antorcha en Grecia.

Las malas noticias continuaron. En abril China sufrió su peor accidente ferroviario en una década. Setenta y dos personas murieron y más de 400 resultaron heridas cuando un tren de pasajeros de alta velocidad se salió de las ví­as y chocó contra otro tren en la provincia rural de Shandong. El accidente fue atribuido a un exceso de velocidad.

En mayo se reportaron numerosos casos de una infección viral que afecta manos, pies y boca, que generalmente no es mortal pero que este año causó la muerte de 39 niños e infectó a casi 30.000 más.

Recién la semana pasada la imagen del paí­s recibió una publicidad positiva, cuando escaladores chinos y tibetanos llevaron la antorcha olí­mpica a la cima del Monte Everest.

Las autoridades chinas fijaron la inauguración de los juegos para el 8 de agosto (8/8/08) por considerar que era un dí­a particularmente auspicioso. Mucha gente en esta nación atea es supersticiosa y el número ocho, "ba" en chino, es asociado con la prosperidad y la buena suerte porque suena parecido a "fa", que quiere decir riqueza.

China no reparó en gastos e invirtió unos 40.000 millones de dólares en remodelaciones y construcciones nuevas. Fue dinero bien gastado, aparentemente, ya que ninguna de las 31 instalaciones fue afectada por el terremoto, que se sintió en una vasta zona del paí­s, incluida la capital.

Li Jiulin, el principal ingeniero del Estadio Nacional, con capacidad para 91.000 personas sentadas y la gran joya arquitectónica de los juegos, estaba inspeccionando la instalación cuando se produjo el temblor. Dijo que el estadio está en condiciones de resistir un terremoto de magnitud 8.

"Las instalaciones no fueron afectadas por el terremoto", expresó Sun Weide, portavoz del comité organizador. "Tuvimos en cuenta los terremotos cuando construimos los estadios".

En última instancia, esta serie de crisis podrí­an hacer que los chinos reconsideren sus prioridades, según Des Forges.

"En cierto sentido, le recuerdan al gobierno que, por más que los juegos sean importantes, hay asuntos tal vez más importantes todaví­a que debe resolver", señaló el historiador.

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El reportero de la AP Stephen Wade colaboró con este despacho.

FUENTE: Agencia AP

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