TAMPA, Florida, EE.UU. (AP). Las estadísticas de Roberto Alomar durante su carrera superan a las de muchos legendarios intermedistas de las Grandes Ligas. La pregunta es si un recordado desplante del puertorriqueño afectará su intento por llegar al Salón de la Fama.
Pero sus estadísticas han sido eclipsadas muchas veces por lo ocurrido en 1996, cuando, después de que se le cantó el tercer strike, escupió en la cara al umpire John Hirschbeck.
Después de aquel altercado, Alomar y Hirschbeck hicieron las pases.
"Nos hicimos amigos de verdad", dijo Alomar el jueves. "El me perdonó y yo espero que los demás me perdonen también. A veces, como seres humanos, hacemos estupideces, y yo lamento haber hecho aquello".
Alomar, quien luce relajado y conserva buena condición física, participó junto con otros peloteros retirados en un encuentro con aficionados, organizado por los Yanquis de Nueva York. Iba acompañado de su esposa, con quien construye una residencia en el área de Tampa Bay, Florida.
"Estoy casado, cuido a un hijo. Simplemente soy feliz y gozo la vida", dijo Alomar, que cuenta entre las personas que apoyan su candidatura al Salón de la Fama nada menos que con Hirschbeck.
"Es algo muy especial, porque no sólo lo conocí muy bien a él después, sino que conozco a su familia", dijo Alomar. "Pude pasar algún tiempo con él".
Lejos de los diamantes, Alomar ha impartido clínicas de béisbol en campamentos para jóvenes, y ha ayudado a recaudar fondos para la adrenoleucodistrofia, un padecimiento que ha afectado a dos de los hijos de Hirschbeck.
A comienzos de este año, Alomar se vio involucrado en una demanda, luego que su ex novia lo acusó de obligarla a tener relaciones sexuales sin protección, pese a que el pelotero supuestamente portaba el virus de inmunodeficiencia humana.
Ambas partes llegaron a un arreglo en mayo, y las acusaciones contra Alomar no se comprobaron nunca. El abogado de Alomar, Charles Bach, dijo que la demanda fue retirada voluntariamente, pero no reveló si su cliente pagó dinero a la parte denunciante.
Alomar viene de una familia de espléndidos peloteros. Su padre, Sandy, jugó 15 años en las Grandes Ligas, y su hermano Sandy hijo fue elegido seis veces al Juego de Estrellas durante una carrera de 20 años.
Todo ello hace más especial la posibilidad de que Roberto llegue al Salón de la Fama.
"Esto es una meta para todos los peloteros, pero es bien difícil de lograr", dijo. "Significaría mucho para mí. Cuando juegas pelota y la gente menciona tu nombre y luego puedes ser considerado para el Salón de la Fama, piensas, 'si llego ahí será el final de un gran libro, la mejor sensación de mi vida'".
"Considero que si llego, eso será un logro de un equipo, porque yo no hice las cosas solo", añadió. "Lo hice con el apoyo de mi familia, mis managers en las Pequeñas Ligas, todos. Podrían cumplirse todos los sueños desde el primer día en que comienzas a jugar".
Luego de un retiro de cinco años, Alomar añora todavía el béisbol
"Me encantaría estar participando de esto", dijo Alomar. "Cuando dejé el béisbol fue difícil. Al mismo tiempo, no soy el jugador que sale sólo a jugar por gusto. Tengo demasiado respeto por este juego. Cuando vi que ya no podía jugar como antes decidí retirarme".
FUENTE: Agencia AP



