Cronómetro en mano, Martín Martínez fija la mirada en la pista del hipódromo uruguayo de Maroñas, en Montevideo. Le toma el tiempo a los caballos que entrena, que son como "su familia", a horas de la máxima fiesta del turf local: el tradicional Gran Premio José Pedro Ramírez.
Los purasangres "son atletas. Tienen diferentes entrenamientos", explica a la AFP mientras observa con los ojos entrecerrados la evolución de dos de sus pupilos sobre la pista arenosa de Maroñas, en una jornada de sol radiante en la capital uruguaya.
"¿Lo llevás a la milla? Primero firme y después liviano", indica a uno de los jockeys que se acerca en busca de instrucciones. El animal correrá una milla al galope, primero a toda potencia para aflojar el ritmo al final.
"Lo más difícil es preparar un potrillo de cero. Es como pintar un cuadro", resume el entrenador que tiene 50 caballos a cargo junto a su padre en el stud "La Horqueta". Hay que acostumbrarlo "a la montura, darle de comer. Es lo más difícil y lo más lindo. Y tenés mucha expectativa. Esto es pasión de verdad. Verlos correr y ganar... se te caen las lágrimas", afirma.
- La esencia del turf -
Son las horas previas al Ramírez, una competición emblemática en el Río de la Plata, tal vez la más antigua del deporte uruguayo -celebra sus 121 años- y parte del máximo circuito mundial del turf.
Desde la madrugada el hipódromo es un hervidero de gente y caballos yendo y viniendo, en una sincronizada danza cuyas reglas solo conocen los fieles.
Lleva años preparar un caballo para competir al nivel de un Ramírez, que en 2019 tendrá en sus gateras a varios animales nacidos fuera de fronteras, principalmente en Brasil y Argentina. Algunos viven y se entrenan en Uruguay.
Los potrillos van ganando puntos en diferentes competiciones para 'rankear' a un GP (Gran Premio). La edad ideal para este tipo de carreras exigentes es de tres o cuatro años.
Un purasangre de carrera de este tipo es "otra clase de caballo", asegura el jockey Gustavo Maciel, de 40 años, tras bajarse de una ronda matinal de entrenamiento. Maciel se ocupa de varear los caballos tras dejar de correr. La tarea es fundamental para que el animal, que vive bajo techo y consume el mejor alimento posible, esté preparado para el domingo.
"Esto es rutina. Como la de un futbolista", explica por su lado a la AFP Héctor García, periodista de turf que es referencia en el ambiente por sus conocimientos y predicciones.
"El caballo tiene que llegar bien" al día señalado, "el jockey tiene que conducir 'al óleo' (a la perfección)", resume. Aunque mucho se juega en el caballo, su estado, su carácter y sus ganas, el papel del hombre es central: "Tiene que decidir en fracción de segundos si el caballo va por afuera o por adentro" de la pista, y conocer si corre mejor adelante del grupo o si le gusta rematar a toda velocidad en los metros finales.
- Pasión, dinero y trabajo -
En conocer los antecedentes de los competidores, el lugar de largada en los partidores o cómo se comportan en diferentes pistas está la clave para imaginar cómo será una carrera y qué caballo puede ganarla.
Es que el turf tiene muchas caras, y una de ellas es la apuesta que hace quien juega unos "boletos" a su favorito. Los pronósticos de los conocedores son tomados muy en cuenta.
Cada año, unos 20.000 uruguayos concurren al Ramírez el 6 de enero, afirmó Fernando González, gerente de Relaciones Institucionales de Maroñas.
Los apostadores podrán jugar además desde varios puntos del mundo en locales específicos de apuestas, o vía internet. En 2017 las apuestas alcanzaron 1,3 millones de dólares, señaló González a la AFP.
En esos montos, y en lo que invierten los propietarios de los caballos, tiene origen el dinero que sostiene una actividad que en Uruguay, un país de 3,4 millones de habitantes, genera 12.000 empleos directos y da trabajo a unas 40.000 personas si se consideran los vínculos indirectos, según las cifras del hipódromo.
- El ganador -
A los lados de la pista, mientras los caballos galopan en solitario o en yunta, cuidadores, jockeys y propietarios comentan cuál "pinta" mejor para el domingo, cuando se disputarán 21 carreras.
Nadie se la juega demasiado por un nombre.
"Este es un Ramírez muy especial. Hay ocho caballos que pueden ganar. Siempre hay favoritos" pero no en esta ocasión, explica Héctor García quien, puesto a arriesgar, se define por un nombre para la carrera de 2400 metros: Olympic Harvard, un caballo brasileño de cuatro años en ascenso, que compite en Uruguay y Argentina.
Su pálpito se pondrá a prueba cuando suene la campana de largada el próximo domingo a las 20H30 locales (23H30 GMT) para dos minutos y medio de pura emoción, hasta que los 16 caballos en liza crucen el disco.
FUENTE: AFP