Deportes 12 de diciembre de 2009 - 16:00

Tiger Woods: 2 semanas que destruyeron a una leyenda

MEXICO (AP). Tiger Woods tení­a que ser un hombre feliz al acomodarse en un asiento de su avión privado para el largo viaje de regreso a casa desde Australia. Casi habí­a completado un exitoso año de regreso al golf, y la gran recepción que tuvo en Australia fue un agradable recordatorio de que condición como el atleta más famoso del mundo.

Los australianos no le habí­an dado una bienvenida tan calurosa a nadie desde que los Beatles visitaron el paí­s hace más de 40 años. Woods recibió un cheque de tres millones de dólares sólo por presentarse, el aterrizaje de su avión fue transmitido por televisión y los aficionados abarrotaron cada rincón del campo de golf para verlo.

Cuando se iba, alguien mencionó que nunca habí­a visto tanto alboroto en un torneo.

"Yo tampoco", ripostó Woods.

Siempre bajo control, Woods coqueteó con sus anfitriones con una imprecisa promesa de que regresarí­a. Si lo hací­a, podrí­an estar seguros de que serí­a bajo sus propias condiciones, y podrí­an estar seguros de que el precio aumentarí­a.

Tras el final del vuelo, habí­a algo de tiempo para recargar baterí­as antes de culminar la temporada con su propio torneo al norte de Los Angeles. Mientras tanto, Woods realizarí­a una breve escala en Stanford para ser exaltado al Salón de la Fama deportivo de la universidad.

Woods estuvo en la cancha esa noche como capitán honorario del partido contra California. Era una postal de una familia aparentemente perfecta: el hijo de un militar estadounidense negro y una mujer tailandesa, vestido con su sudadera roja de Stanford, y sosteniendo una gorra roja en un brazo y a su hija de dos años en el otro. Su esposa sueca, Elin, estaba parada a su lado, utilizando lentes oscuros y una bufanda alrededor del cuello.

El dí­a anterior, Woods habí­a contestado preguntas para los 1,3 millones de seguidores que tiene en su página de Facebook. La última era de un fanático de Houston llamado Rupert, quien querí­a saber cuán difí­cil era dejar a su familia para viajar a torneos.

"Es muy difí­cil dejar a Elin y los niños, y estoy seguro de que se va a poner más difí­cil", contestó Woods.

El mejor golfista del mundo no tení­a idea de lo difí­cil que las cosas se iban a poner.

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La primera señal de que las cosas en el hogar de Woods quizás no eran lo que parecí­an provino del National Enquirer, que publicó una historia en su edición del Dí­a de Acción de Gracias alegando que Woods tení­a un romance con una mujer de Nueva York llamada Rachel Uchitel, quien lo ha negado.

Otra supuesta amante, Jaimee Grubbs, le proporcionó a la revista Us Weekly un mensaje de correo de voz que según ella le dejó Woods dos dí­as antes de Acción de Gracias, pidiéndole un favor.

"Um, podrí­as por favor, uh, borrar tu nombre de tu contestador", dijo el hombre que se identificó como Tiger. "Mi esposa revisó mi teléfono y, uh, podrí­a llamarte".

Unos pocos dí­as después, una noticia sacudió a muchos: Woods habí­a resultado herido en un accidente vehicular a las afueras de su casa en Florida y era llevado al hospital.

Para muchos el temor se convirtió en alivio cuando supieron que el accidente y las heridas eran menores y que Woods se recuperaba en su casa, pero pronto comenzaron a surgir dudas.

¿A dónde iba Woods a las 2:25 de la madrugada? ¿Cómo pudo dañar tanto su camioneta Cadillac Escalade si sólo estaba saliendo del garaje? ¿Estaba borracho o drogado?

Entonces surgió una revelación bastante rara, el jefe de la policí­a local dijo a The Associated Press que Elin habí­a roto las ventanas laterales de la parte trasera de la camioneta para ayudar a que su esposo saliera del vehí­culo.

De parte de Woods sólo hubo silencio y esta estrategia parecí­a haber funcionado muy bien con él. Mientras tanto los tabloides se llenaron de fotografí­as de otras mujeres y los helicópteros sobrevolaban su casa en Isleworth, en busca de contenidos para vender a los medios.

Woods hizo sus primeros comentarios el domingo después de accidente y en ellos pidió que se respetara su privacidad. Al dí­a siguiente emitió un comunicado en el que anunciaba que se retiraba de su propio torneo.

Woods esperaba que ese fuera el fin de las cosas. Uchitel negaba haber tenido una aventura con él y parecí­a que las autoridades no querí­an encontrar otros detalles del choque.

Pero Grubbs, una mesera en un bar de Los Angeles, dijo a la revista Us Weekly que habí­a tenido un romance de 31 meses con Woods y que guardaba mensajes de texto y una grabación en su contestador para demostrarlo.

A pocas horas apareció el mensaje de voz en el sitio de internet de la revista. Entonces apareció otro comunicado en el sitio de internet de Woods.

En este caso se disculpaba por cometer "transgresiones" y dijo que habí­a decepcionado a su familia. Pero insistí­a en mantener la distancia con los medios a pesar de su relevancia como figura pública.

"Los pecados personales no deben necesitar comunicados de prensa y los problemas dentro de la familia no deberí­an ser confesiones públicas", decí­a el comunicado.

Pero sus amantes no eran tan recatadas como él y de pronto comenzaron a aparecer mujeres que aseguraban haber tenido amorí­os con Woods. De dos pasó a cuatro, cuatro se hicieron ocho y en algunos casos hay quienes cuentan hasta 12.

Ellas tampoco tení­an pena de contar los detalles í­ntimos sobre sus encuentros, de modo que cualquiera con una computadora o un iPhone podí­a saber lo que decí­an de Woods y sus gustos en la recámara.

La directora general de Yahoo Inc. Carol Bartz dijo en una conferencia de inversionistas que la historia de Woods era "mejor que la muerte de Michael Jackson" para atraer a la gente a su sitio de internet y ayudar a la compañí­a para vender publicidad para aumentar sus ganancias.

Además surgió un reporte de la policí­a presentado el lunes que apoyaba a un oficial de Florida que sospechó que Woods podrí­a haber estado bajo la influencia de alguna sustancia al momento del choque. El policí­a habí­a pedido que se le hicieran pruebas de sangre a Woods después de que un testigo dijera que habí­a estado bebiendo alcohol y que le habí­an recetado el somní­fero Ambien y el analgésico Vicodin.

Al dí­a siguiente su suegra fue levada a un hospital después de quedar inconsciente en el baño y los medios tení­an al poco tiempo la grabación de una llamada de emergencia que hizo Elin o su gemela con un niño llorando en el fondo.

Jesper Parnevik, que presentó a Woods y a Elin, no fue tan condescendiente como otros golfistas que expresaban su apoyo a su colega.

"Le dije que ese era el tipo que me parecí­a que era todo para ella. Es honesto, tiene valores y no miente. Era todo lo que se quisiera de un tipo", dijo Parnevik en una entrevista con ESPN. "Pero ¡oh! Estaba equivocado".

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Justo dos semanas después del accidente ocurrió lo impensable: Tiger anunció que se tomarí­a un receso indefinido del golf para tratar de salvar su vida familiar.

Antes del choque y antes de que comenzaran a surgir sus amantes Woods tení­a planes de comenzar el 2010 con el pie derecho. Jugaba mejor que nunca y estaban a punto de llegar tres de los campeonatos major donde se habí­a impuesto en años anteriores.

Ahora existe la posibilidad de que se pierda el Masters por primera vez en 14 años. También podrí­a ausentarse del Abierto de Estados Unidos en Pebble Beach, donde ganó por un récord de 15 golpes en 2000.

Nadie sabe cuándo volverá y si puede mantener el famoso control que lo hizo posiblemente el mayor golfista de la historia. La situación de su matrimonio tampoco está clara para nadie.

En cuestión de dí­as un imperio y una leyenda se destruyeron en una forma que nadie habrí­a imaginado. La tormenta rodeó a Woods y por una vez en su vida no pudo controlar lo que estaba pasando alrededor de él.

Woods no es un atleta más que se mete en un lí­o. A los dos años le pegaba a la pelota en el programa de Mike Douglas, fue el adolescente que ganó tres campeonatos amateur consecutivos y el primer estadounidense con orí­genes negros en ganar el Masters.

La figura de Tiger era tan imponente que su padre Earl pensaba que no sólo serí­a más grande que Muhammad Ali y Jackie Robinson, sino una de las personalidades más importantes en la historia del mundo.

"Por sus orí­genes puede realizar milagros. Es el puente entre oriente y occidente", dijo Earl Woods en 1996. "No tiene lí­mites porque cuenta con la guí­a. No sé cuánto tiempo llevará, pero él es el elegido".

Su familia parecí­a tan perfecta como su desempeño en el campo. Incluso aquellos que no lo reconocí­an como jugador lo admiraban como hombre y lo veí­an por encima del comportamiento escandaloso de muchas estrellas del deporte.

Pero ahora nadie lo vera igual que antes.

FUENTE: Agencia AP

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