LOS ANGELES (AP). Corría el 15 de octubre de 2009. Honduras seguía inestable tras un golpe de estado y la tensión aumentaba en las calles. Muy lejos de allí, en pantalones cortos, un estadounidense ajeno a esa situación corría de arriba abajo sin imaginarse que estaba a punto de enviar al país centroamericano del sufrimiento al júbilo.
El tanto del defensa de la selección de Estados Unidos hizo que Honduras se clasificara al Mundial Sudáfrica 2010. Para clasificarse, Honduras necesitaba ganarle a El Salvador y esperar que Estados Unidos, que ya estaba clasificado, empatara o venciera a Costa Rica.
Honduras hizo lo suyo en San Salvador y ganó 1-0, mientras simultáneamente, en Washington, Costa Rica dejó ir su pase directo al permitir que Estados Unidos remontara una diferencia de dos goles y le igualara el partido. Costa Rica y Honduras quedaron con 16 puntos pero los catrachos ganaron el boleto directo por tener mejor diferencia de goles.
Esa noche, miles de hondureños olvidaron por horas la crisis derivada del derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, quien estaba refugiado en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, y salieron a las calles a celebrar el pase de su país al segundo mundial de su historia y primero desde 1982.
Y Bornstein se convirtió en una sensación para los hondureños. Desde entonces, no deja de recibir agradecimientos de fanáticos catrachos que incluso lo califican de "héroe".
"Es extraño que con un gol contribuyera a unir por unos días a un país que estaba inestable", comentó el padre del jugador, Jeff Bornstein, de 48 años.
Tres meses después, Estados Unidos y Honduras jugaron un amistoso en Carson, California. El estadio estuvo repleto de catrachos felices de ver a su selección ya clasificada. Al escuchar el nombre de Bornstein en el altavoz al inicio del partido, los hondureños lo ovacionaron como si fuera Pelé.
"Fue increíble, gracioso. No esperaba eso", comentó el jugador de 25 años. "Todos mis compañeros me decían (en la cancha) que cada vez que tocara el balón los hondureños iban a aplaudir. Y eso fue lo que pasó".
Centroamericanos agradecidos lo han esperado al final de entrenamientos de la selección estadounidense sólo para tomarse fotos con él y darle las gracias, según cuenta. Y en el sitio web de socialización Facebook seguía recibiendo mensajes de agradecimientos de parte de hondureños.
Aunque habla poco español, pues tomó clases en secundaria y no se crió junto con su madre mexicana, Bornstein dice que entiende lo suficiente como para saber que muchos hondureños están muy agradecidos. Es un efecto que el defensa no esperaba y que lo sigue sorprendido gratamente, agregó.
"Para mí fue increíble. Nunca imaginé que algo así pasaría. Nunca imaginé la reacción que iba a tener Honduras por el gol que anoté", apuntó el defensa en las instalaciones de su club Chivas USA, de la MLS.
"Lo único que pasaba por mi mente era pasar como número uno del grupo, sólo pensábamos en ganar o empatar y sólo empatamos pero tuvo sabor de triunfo para nosotros y creo que para Honduras también".
Pero sobre todo, Bornstein dijo estar especialmente asombrado y sobrecogido por haber sentido de manera especial y directa ese gran poder que tiene el fútbol: de poner a un lado los problemas y ponerse a bailar, de acercar enemigos, de paz.
"El que el país y los hondureños se alegren por el gol que metí significa mucho. Me da una idea de lo grande que es el fútbol. Uno siempre se lo imagina, escucha historias de que el fútbol es así pero cuando te pasa, es diferente", agregó. "Se siente chévere saber que un gol cambió la manera de sentir de un país".
FUENTE: Agencia AP

