Kevin De Bruyne devolvió a Bélgica a un territorio conocido: el de las noches gobernadas por su talento. El capitán de los diablos rojos marcó un doblete en el triunfo frente a Turquía (3-0), el segundo con un precioso disparo con rosca a la escuadra, y elevó a su selección hasta los seis puntos para meterla de lleno en la pelea por los cuartos de final de la Liga de Naciones.
De Bruyne apenas necesitó diez minutos. Lukébakio le abrió el camino desde la derecha y el capitán apareció en segunda línea, se deshizo de un defensa y desde el límite del área cruzó el balón lejos de Ugurcan Çakr. La jugada reunió varias de sus virtudes: entendió el espacio antes que nadie, llegó sin hacer ruido y resolvió sin adornos.
Kevin De Bruyne encendido con Bélgica
Turquía, que sumaba dos derrotas, se negó durante el primer tiempo a poner una alfombra roja a su rival. Arda Güler asumió el mando, probó dos veces a Lammens y sirvió un centro que Abdülkerim Bardakc cabeceó junto a un poste. Después, Merih Demiral tuvo el empate en un pase atrás de Zeki Çelik, pero, con la portería casi vacía, envió el balón por encima del larguero.
Fue entonces cuando De Bruyne apartó cualquier conato de remontada. En el minuto 59, recibió fuera del área, levantó la mirada y colocó en la escuadra un disparo con rosca ante el que Ugurcan solo pudo acompañar el vuelo del balón. No firmaba un doblete con Bélgica desde el 2-4 ante Gales del 13 de octubre de 2025, cuando convirtió dos penaltis.
Lukaku salió después del banquillo y marcó el tercero a falta de un cuarto de hora. Cerró la cuenta mientras muchos se acordaron que en septiembre de 2024, tras una derrota frente a Francia, las cámaras captaron un inquietante "lo dejo" de De Bruyne. Nunca se marchó. Dos años después, todavía dirige a Bélgica y Lukaku todavía remata sus partidos. La generación dorada ha perdido casi todos sus rostros, pero De Bruyne todavía es el rey.



