El Bodo Glimt se colocó en la orilla de los cuartos de final de la Champions League con una exhibición frente al Sporting, derrotado 3-0 con goles de Fet, Blomberg y Hogh que impulsaron a un equipo que es una máquina de generar fútbol, una delicia que brilla con naturalidad en el ecosistema exótico del Ártico.
El trabajo de Kjetil Knutsen es espectacular. Sus jugadores juegan como un bloque perfectamente engrasado, con velocidad en las transiciones, dos toques máximo, fluidez, recuperación vertiginosa tras pérdida y, al fin y al cabo, una mecanización de la que presumiría Rinus Michels en su Ajax con Johan Cruyff al mando.
Bodo Glimt inspirado en Champions League
Esa firmeza grupal no desapareció ante el Sporting. El Bodo/Glimt venía de ganar cuatro partidos seguidos a tres equipos de las grandes Ligas: Atlético de Madrid, Manchester City e Inter, al que derrotó en dieciseisavos tanto en la ida como en la vuelta.
Parecía que el Sporting sabía lo que se le venía encima, porque se atrincheró atrás desde el pitido inicial. Saltó al césped con la idea de aguantar el dominio al que iba a ser sometido para intentar alguna contra con la que sorprender a los hombres de Knutsen.
Solo lo consiguió en una ocasión: robo en su área, pase de Trincao -sin duda el más acertado de todo el Sporting-, y remate de Guilherme salvado por Haikin. No tuvo ninguna más. Su fútbol, demasiado previsible, contrastó con el espectáculo del Bodo/Glimt, que a la media hora llegó a dar 200 pases con solo 11 fallos.



