VANCOUVER (AP). Los Juegos Olímpicos de Invierno realizados en Vancouver serán recordados porque comenzaron en medio de la tragedia y concluyeron con el regocijo de una nación.
La ceremonia de inauguración estuvo dedicada a su memoria y muchos expertos se preguntaban si los juegos podrían sobreponerse a la tragedia. El mismo presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, dijo que la sombra de la muerte pesaría tanto como lo que ocurrió con los asesinatos en Munich 1972 o el bombazo en Atlanta 1996.
Los federativos de luge culparon al atleta, diciendo que era un error humano, pero hicieron ajustes a la pista para volverla más lenta y ya no hubo incidentes que lamentar, aunque varios equipos de bobsled sufrieron choques que hicieron temer otra tragedia, la cual no ocurrió.
Por otra parte, los juegos comenzaron con una serie de dificultades, algunas humanas y otras debido al clima, forzando a los organizadores a realizar algunos cambios.
Fuera de las pistas provocó mucha polémica que el pebetero fuera colocado en una zona alejada de la gente y rodeado de una malla metálica. Algunos aficionados decían que el lugar parecía más un campo de concentración que un lugar de festejo olímpico.
También hubo problemas debido al clima. En el monte Cypress en las afueras de esta ciudad faltaba la nieve. En los montes Whistler, las lluvias y las nevadas obligaron a posponer el calendario de las pruebas alpinas y muchos dudaron que pudieran concretarse. A final de cuentas sí se pudieron completar.
La estadounidense Lindsey Vonn ganó medalla de oro en el descenso y medalla de bronce en el súper-G, pero estuvo lejos de ser la reina de los juegos como muchos esperaban. En los tres últimos eventos de montaña ni siquiera terminó su recorrido.
Quien sí brilló, aunque inesperadamente, fue Bode Miller, quien luego de irse en blanco en Turín se llevó a casa una medalla de cada color y gracias a eso, Estados Unidos fue el rey de las colinas por encima de las potencias como Suiza, Suecia o Alemania, ganando incluso oro en un evento nórdico por primera ocasión.
En medio de todo eso, apenas hace una semana, Canadá se lamentaba porque la inversión de 117 millones de dólares en sus atletas parecía no redituarles y seguían detrás a sus competidores en el medallero.
Canadá, que en previos olímpicos no había sido capaz de ganar una sola medalla de oro, rompió esa sequía con Alexandre Bilodeau, quien se impuso en la prueba de montículos.
Luego la cosecha de medallas áureas arreció en los últimos días hasta llegar a 14, una nueva marca en justas invernales.
Charles Hamelin ganó un par en el patinaje de velocidad, lo mismo que el equipo de mujeres en hockey, quienes también serán recordadas por festejar bebiendo cerveza y champaña en la pista.
Pero nada de eso parecía satisfacer a los anfitriones. En las estaciones de radio y televisión, en todos los diarios y sobre todo en las calles, los canadienses decían que nada les importaba más que ganar el oro en el hockey masculino.
Y ¿quién podría culparlos? Después de todo es un deporte que ellos inventaron y para estos juegos armaron el mejor equipo posible con esa meta en la mente.
No fue fácil, pero en tiempo extra y con un gol de su estelar Sidney Crosby, vencieron 3-2 a Estados Unidos para completar la misión.
Las calles del centro de Canadá y en Whistler estallaron de júbilo. Reportes de la televisión mostraron festejos similares en Toronto y en Quebec.
Canadá montó una gran fiesta olímpica y ahora parece que no dormirá.
FUENTE: Agencia AP

