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Béisbol Béisbol -  5 de agosto de 2010 - 20:00

Pedro Martí­nez rechaza ofertas de regresar a las mayores

NUEVA YORK (AP). El teléfono de Pedro Martí­nez ha sonado constantemente durante las últimas dos semanas.

Varios clubes de las Grandes Ligas _que no fueron identificados por el dominicano_ le llamaron para ofrecerle trabajo. El tres veces ganador del trofeo Cy Young se sintió honrado por las invitaciones, pero las rechazó todas.

"Fue muy tentador", dijo Martí­nez el jueves durante una entrevista con The Associated Press, "pero estoy ya comprometido con actividades junto a mis hijos por el resto del año, me voy de vacaciones y habí­a hecho ya planes con mi familia.

Martí­nez firmó en julio del 2009 un contrato con Filadelfia, su quinto equipo en una carrera que comenzó en 1992. Tuvo una foja de 5-1 y una efectividad de 3.63 en nueve aperturas durante la recta final de la campaña, y llegó a la Serie Mundial por segunda vez en su vida.

Pero el derecho de 38 años ha pasado buena parte de este verano en República Dominicana.

"Se siente muy bien estar en casa, abrazar a mamá cada vez que quieres, verla cuando quieres", dijo. "Salir al terreno de béisbol y ver a tus hijos jugar es maravilloso".

Sin embargo, ha sido también desafiante en algunos aspectos. Martí­nez consideró que este verano le representó una prueba para adaptarse a "una vida distinta".

"Sí­ extraño jugar, estar ahí­, el ambiente. Sí­ lo extraño", reconoció. "Hay otras cosas que no extraño: La prensa y la presión de hacer las cosas y de que todos los dí­as te hagan pregunttas. Y simplemente la carga de trabajo, seis meses trabajando sin parar, sin poder hacer nada ni comportarte como una persona normal".

Martí­nez viajó a Nueva York esta semana para promover un concurso organizado por Gillette.

En Dominicana, el serpentinero suele estar rodeado de gente cada vez que asiste a los partidos de béisbol de sus hijos de 11 y 12 años.

"Muchos chicos se distraen. A veces tienen que cubrir el jardí­n izquierdo, pero se ponen a charlar conmigo y a pedirme autógrafos", relata. "Trato de firmar lo más rápido posible y luego les digo: '¡Vete, vete, tienes que irte!'"

El lanzador de Manoguayabo se mostró contento por el hecho de que Alex Rodrí­guez haya conectado el miércoles su jonrón número 600. En particular, dijo que le alegraba el hecho porque Rodrí­guez es de ascendencia dominicana.

A diferencia de algunos comentaristas, Martí­nez no tiene dudas de que A-Rod llegará algún dí­a al Salón de la Fama. Considera que muchos toleteros bajo la sobra del consumo real o presunto de esteroides, como Rodrí­guez, Mark McGwire y Sammy Sosa, deben llegar al recinto de Cooperstown.

"Creo que quien haya hecho lo que ellos hicieron se lo merece, lo mismo que Pete Rose. El pertenece al Salón de la Fama. A esta gente le llevará un tiempo, pero tarde o temprano lo logrará. Espero que lo logren".

Sin embargo, Martí­nez se niega a decir si él mismo deberí­a llegar al Salón de la Fama. Tuvo una foja de 219-100 y una efectividad de 2.93 en 18 temporadas, con cinco tí­tulos del menor promedio de carreras limpias admitidas y tres coronas como el lanzador con la mayor cifra de ponchetes.

"No me he detenido a ver qué números tengo, pero creo que tengo oportunidad, una oportunidad legí­tima", dijo. "Algunas de las cosas que hice fueron muy especiales".

En Manoguayabo, suburbio de Santo Domingo, Martí­nez ha donado un terreno con el fin de construir un campo de béisbol para jóvenes, al que suele llamar "Pequeño Fenway" en honor de la casa de los Medias Rojas de Boston, el equipo donde pasó siete de sus mejores temporadas. Espera construir canchas de tenis y de voleibol alrededor del campo.

La fundación de Martí­nez trabaja con niños pobres de la comunidad.

"A ellos los ayudo porque yo era así­. Estoy ayudando a muchos de estos niños y soy como un padre de 800, 1.000 chicos. Ojalá que sean muchos más", dijo.

Cuando él era niño, no tení­a un buen campo ni equipamiento adecuado para el béisbol.

"La pelota la hací­amos con un trozo de cortina o de tela, o con hojas de un árbol", rememoró. "Recuerdo haberme llevado las muñecas de mis hermanas y usarlas como pelota. Ahora creo que ya me perdonaron, pero en aquel entonces era algo grave", señaló.

Martí­nez tiene una risa fácil, la misma que lo caracterizó cuando conviví­a con sus compañeros de equipo pero no en el montí­culo. El dominicano parecí­a cambiar de personalidad cuando subí­a a la lomita.

"Para mí­ ha sido un gran honor que 60.000 personas hayan cantado mi nombre, a favor o en contra. No importa. Yo marqué una diferencia", aseguró. "No soy un jugador de béisbol cuando no estoy lanzando. Soy un tonto, un tipo normal, me puedo sentar en cualquier calle".

Pero el montí­culo era algo distinto.

"Eso era un negocio", dijo. "Estaba en una selva y yo me consideraba el león. Así­ que iba a matarte si tení­a hambre. Y yo siempre tuve hambre de triunfo".

FUENTE: Agencia AP

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