NOVO HAMBURGO (AP). La selección alemana es muy popular en las colinas del sur de Brasil, donde reside una de las mayores comunidades de descendientes germanos fuera de Europa.
"Todos esperamos que Alemania gane hasta entonces", dijo Jorge Schroer, vendedor de químicos, quien está orgulloso de su herencia alemana y quiere preservar sus tradiciones. "Pero después de las semis, todos somos brasileños".
El lunes, la región alentará a Alemania durante el partido de octavos de final contra Argelia, en Porto Alegre, la mayor ciudad del sur de Brasil. Schroer y otros consideran que la selección teutona debe esperar una cálida bienvenida de los lugareños en el estadio.
Más del 80% de los residentes de Porto Alegre afirma tener cierta herencia europea, y en la ciudad abundan los parques, plazas y avenidas con inmuebles coloniales bellos, aunque a veces deteriorados.
Esa influencia se combina con la cultura de los gauchos, que la región comparte con los vecinos Uruguay y Argentina. Así, las playas y la samba que caracterizan a Río de Janeiro parecen muy ajenas a esta región.
Los alemanes comenzaron a llegar a Brasil hace 190 años, y la mayoría se estableció en el sur, donde debieron soportar condiciones adversas y ataques de los indígenas. Pero poco después construyeron granjas y se extendieron a otras actividades productivas. Ahora, junto con los ítalo-brasileños, los descendientes de alemanes desempeñan un papel protagónico en la industria nacional del cuero.
Unos 12 millones de personas en Brasil se identifican como descendientes de alemanes. La población del país es un mosaico de indígenas, portugueses, africanos, italianos, árabes, japoneses y personas de otra ascendencia. En Novo Hamburgo y las localidades circunvecinas, hasta el 80% de la gente tiene herencia alemana.
"Todos conocemos que la contribución de los inmigrantes que llegaron aquí fue muy importante", dijo Beno Huemann, guía de turista en Nova Petrópolis, donde los lugareños bebían cerveza y bailaban valses la semana pasada, antes del partido de Alemania contra Ghana. "Pero se han integrado también con la cultura gaucha local".
Al comienzo, los inmigrantes alemanes permanecieron sin asimilarse con el resto de la población brasileña. Pero cuando Brasil se unió a las fuerzas aliadas en la Segunda Guerra Mundial el gobierno prohibió hablar en alemán, ante el temor de que el nazismo se propagara en el sur. Quedaron proscritos los diarios en alemán o la enseñanza de esa lengua en las escuelas.
Después de la guerra, varios criminales de guerra nazis se refugiaron en Brasil y otros países sudamericanos.
El conocimiento del alemán ha decaído en la zona, pero algunas personas de más edad, como la madre de Schroer, no hablan portugués.
La influencia alemana se percibe también en los nombres de los negocios en los poblados del sur, en el diseño de las capillas luteranas que se yerguen en localidades bien organizadas, y en las cabañas blanquinegras de los fundadores, algunas de las cuales se preservan para los turistas, mientras que otras siguen funcionando como viviendas.
Muchas de esas construcciones se remontan a la década de 1820.
El gobierno local en el pueblo de Ivoti, donde la comunidad germánica es dominante, no oculta sus raíces.
En una sala de reuniones dentro de sus oficinas, aparecen las fotos de los alcaldes, casi todos germano-brasileños, y una bandera alemana ondea junto a la de Brasil.
Ademir Rost, empleado del gobierno local, manifestó abiertamente su preferencia para este Mundial.
"El lunes, vamos con Alemania, seguro", dijo Rost.
Algunas personas en la región consideran que los germano-brasileños no se han integrado tanto como debieran al resto de la población.
Quizás la lealtad esté dividida, pero si Brasil sigue avanzando hasta la final, tendrá apoyo unánime.
FUENTE: CHRIS BRUMMITT (Associated Press)

