Deportes 6 de agosto 2008 - 08:00hs

Beijing ofrece de todo un poco

BEIJING (AP). Michael Phelps va por el récord de medallas de oro en la natación. Lionel Messi y Ronaldinho engalanan la competencia de fútbol. La perspectiva de otra final entre Roger Federer y Rafael Nadal en tenis. Unos 100 metros como hace tiempo no se veí­an.

Son apenas algunos de los atractivos del menú de los Juegos Olí­mpicos de Beijing, que prometen ser tan emocionantes como candentes, dentro y fuera de los estadios.

Tras una larga espera, China finalmente será anfitriona de una olimpiada. El momento que tanto ha esperado llegará el viernes cuando su imponente Estadio Nacional, o "El Nido de Pájaro", albergue la inauguración de las justas, que se prolongarán hasta el 24 de agosto.

China, cuyos 1.300 millones de habitantes constituyen la quinta parte de la población mundial, espera que un montaje exitoso de las competencias le den una mayor presencia en la escena internacional.

Esta es su oportunidad para mostrarse orgullosa a todo el mundo como una auténtica potencia mundial, borrando su añeja imagen de paí­s caótico con una mano de obra barata que produce artí­culos consumidos en todo el mundo.

"Creo que la historia juzgará la olimpiada del 2008 como un hito significativo en la excepcional transformación de China", afirmó esta semana el presidente del Comité Olí­mpico Internacional Jacques Rogge.

"Todos nosotros en la familia olí­mpica deseamos que los Juegos de Beijing ayuden a cicatrizar las heridas en China y profundizar el conocimiento del mundo sobre este excepcional paí­s", agregó.

Tras fracasar en su intento por obtener la sede en el 2000, China no dejó un cabo suelto en su campaña en procura de los juegos del 2008.

El precio fue ceder en varias cuestiones sensibles para el régimen comunista, como mejorar la situación de los derechos humanos y no poner cortapisas al enjambre de 30.000 periodistas asignados para cubrir las competencias.

También implicó asumir el desafí­o de garantizar un aire limpio en una de las ciudades más contaminadas del mundo, emprendiendo un esfuerzo sin precedentes para disipar la capa de neblina tóxica que acostumbra arroparle. Las autoridades sacaron de las calles a la mitad de los 3,3 millones de vehí­culos y cerraron varias industrias.

Pero la antesala de los Juegos ha sido marcada por acontecimientos que han puesto en entredicho tales objetivos.

Los cielos azules del fin de semana dieron la impresión que se pasaba el examen de la contaminación, pero el manto de smog volvió a reducir la visibilidad en dí­as recientes.

Tampoco ha habido señales alentadoras en cuanto a la libertad de expresión: dos periodistas japoneses fueron objeto de una golpiza policial cuando esta semana cubrieron un atentado de presuntos separatistas musulmanes en el oeste del paí­s, se impusieron nuevos obstáculos a los medios de prensa que quieran informar desde la Plaza Tiananmen y el Comité Olí­mpico Internacional tuvo que intervenir para que China desbloqueara parcialmente algunas páginas de Internet.

El gobierno chino no han ocultado su malestar porque cuestiones ajenas al deporte opaquen o interfieran en el desarrollo de las pruebas.

Las mismas prometen ser apasionantes en varios frentes.

El "Cubo de Agua", la ultramoderna sede de la natación con su fachada de burbujas azules translúcidas, es el escenario donde el estadounidense Phelps intentará superar la cosecha de siete medallas de oro en una justa que su compatriota Mark Spitz ostenta desde Munich 1972.

"Me propongo hacer algo diferente, algo nunca visto en este deporte", afirmó Phelps, quien ahora luce un bigote similar al del legendario Spitz.

Ya de por sí­ una de las pruebas de bandera, los 100 metros, han adquirido otra dimensión con la anticipada pulseada entre Tyson Gay, Asafa Powell y Usain Bolt. Gay es el campeón mundial vigente, mientras que sus dos rivales jamaiquinos eclipsaron el récord mundial en el último año.

El fútbol masculino tiene a Argentina y Brasil, los dos grandes de Sudamérica como los principales candidatos. Los europeos tal vez no le darán importancia al torneo, pero el oro olí­mpico es un laurel preciado para ambas selecciones. Y sobre todo para Brasil, ya que se trata del único tí­tulo grande que la falta conseguir.

Federer disfrutará en Beijing sus últimos dí­as como número uno del mundo. El prolongado reinado de 235 semanas del suizo llegará a su fina el 18 de agosto, desplazado por su gran rival, el español Nadal. ¿Qué mejor que verlos a ambos jugar en otra final del tenis, como ya lo hicieron este año en Wimbledon y Roland Garros?

También está el básquetbol, con Estados Unidos armado hasta los dientes, decidido a poner las cosas en su lugar después de verse relegada a un segundo plano por paí­ses como el actual campeón mundial, España, y el campeón olí­mpico, Argentina. Los estadounidenses trajeron a lo mejor que tienen, incluidos Kobe Bryant y Lebron James.

El gran interrogante en la lucha por las medallas es si China logra trepar al primer lugar de la tabla, desplazando a Estados Unidos y Rusia.

Lo de China es notable, considerando que recién en 1984 cuando conquistaron su primera medalla de oro. Ahora son una verdadera maquinaria deportiva al ponerle un especial énfasis a los deportes chicos o que reparten muchas medallas, como el remo y tiro.

Entre los paí­ses latinoamericanos, Brasil trajo su delegación más grande y pinta como para pelearle a Cuba la supremací­a de medallas de esa región del mundo.

Además, los Juegos tendrán un esfuerzo sin precedentes para combatir el uso de sustancias prohibidas, y el COI anunció que se realizarán 4.500 pruebas de dopaje durante la justa.

FUENTE: Agencia AP

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