Deportes 27 de junio de 2012 - 15:30

Entrenadores cubanos esperan cumplir sueño olí­mpico con EEUU

MIAMI (AP). Desde niño Yin Alvarez soñó con tener un gimnasio propio y ganar una medalla olí­mpica. Aunque fue parte de una elite de jóvenes gimnastas de Cuba, no lo consiguió.

En busca de un futuro mejor se fue de Cuba a México. Cruzó la frontera nadando el Rí­o Bravo y hace 20 años llegó a Estados Unidos, abrió su gimnasio y tal vez este año el ex integrante del equipo nacional de gimnastas de Cuba pueda concretar su anhelo de conquistar unos Juegos Olí­mpicos ... ahora como entrenador.

¿Y su primer atleta olí­mpico?

Danell Leyva, un campeón nacional de Estados Unidos, hijo de su esposa y ex campeona nacional de gimnasia artí­stica cubana Marí­a González.

"Yo querí­a ser campeón olí­mpico, querí­a ser campeón mundial. Tení­a muchas aspiraciones que no las logré, y aquí­ estoy, en mi segunda chance como entrenador, aconsejando a mis atletas para que no cometan los mismos errores que yo cometo", expresó Alvarez, de 46 años, en una reciente entrevista con The Associated Press.

"Realmente tengo sueños muy grandes ... Yo quiero tener tres campeones olí­mpicos. Confí­o en que Danell tiene la posibilidad de ganar cuatro medallas y tengo la certeza de que va a ser campeón olí­mpico este año", dijo el ex gimnasta cubano, el único entrenador que ha tenido Leyva desde que comenzó su carrera a los cuatro años, hace ya 16 años.

A diferencia de Alvarez, González no tení­a sueños a largo plazo, o al menos no los recuerda. En Cuba era feliz con sus prácticas de gimnasia y sus competencias; y luego entrenando a niñas para que sobresalieran.

Viví­a de lunes a viernes en una escuela de gimnastas con habilidades atléticas excepcionales, donde recibí­a entrenamiento, comida, ropa, y atención médica. Los sábados en la tarde y los domingos eran de familia.

En esa escuela conoció a Alvarez y a otra veintena de niños y jóvenes que tras pasar estrictos exámenes se entrenaban allí­.

"Mi sueño nunca fue la Olimpí­ada ... viví­a más el dí­a a dí­a, qué competencia me tocaba, me preparaba para esa y lo disfrutaba", recordó la mujer en una entrevista realizada en el gimnasio donde ahora entrena junto a Alvarez a unos 500 niños y jóvenes de Estados Unidos y Latinoamérica en el suroeste de Miami.

Todo cambió, sin embargo, cuando decidió abandonar el paí­s comunista empujada por la falta de medicinas y una atención médica que la dejaba insatisfecha para Danell, que desde bebé padecí­a asma y visitaba frecuentemente el hospital.

En 1993, dos meses después de haber llegado a Miami con Danell, de dos años, y una hija de 12 años, González visitó el gimnasio de un compatriota cubano en busca de trabajo.

El dueño le dijo que no tení­a nada para ofrecerle, pero le sugirió que llamara a Yin Alvarez. González se alegró al escuchar el nombre de su ex compañero del equipo nacional de gimnastas de Cuba. Aunque no eran amigos, sino más bien conocidos por ese entonces, le hizo feliz saber que no era la única gimnasta del equipo nacional cubano en Miami.

Llamó a Alvarez y al dí­a siguiente él la buscó para llevarla a que conociera el gimnasio amateur donde estaba trabajando como entrenador.

Durante un tiempo ambos fortalecieron su amistad y trabajaron juntos y también por separado, hasta que en 1995, él abrió su propio gimnasio y pocos meses después la invitó a que trabajase allí­.

Desde la entrada podí­a verse el slogan impreso en una pared: "Casa de los futuros olí­mpicos", que los acompaña hasta ahora.

En su primer semana de trabajo en el nuevo gimnasio, González preparó a pedido de Alvarez un plan de entrenamiento con objetivos claros.

"Y allí­ comencé como él. Estábamos bien definidos a llevar a los niños desde el principio a lo máximo", reveló González, quien fue múltiple campeona nacional de gimnasia de Cuba y ganó también medallas internacionales para la isla en competencias de Hungrí­a, Polonia, Checoslovaquia, Argelia y Bulgaria, entre otros paí­ses.

"El me inyectó esto" de las Olimpí­adas, dijo la entrenadora, que a los 48 años conserva su fí­sico de gimnasta con una sólida musculatura.

A ese mismo gimnasio instalado en un inmenso salón de un depósito de mercaderí­as cuyas paredes están cubiertas con los anillos olí­mpicos y numerosas medallas, han llegado gimnastas de varios paí­ses de Latinoamérica.

Así­, Alvarez y González han entrenado, entre otros, a Jorge Giraldo y Edward Mesa (de Colombia); el campeón mundial juvenil Gustavo Lobo (Brasil); el medallista panamericano y mundialista Jesús León Vidal (República Dominicana) y Mariana Chiarella (Perú).

Antes de tener el gimnasio propio, ambos hicieron de todo un poco para sobrevivir. Esas tareas incluyeron repartir el diario, lavar automóviles, cuidar niños, acomodar mercaderí­as en una tienda y hasta vender tumbas de cementerios.

Tanto cambió González desde que empezó a trabajar con Alvarez, que ahora desborda de felicidad pensando en las Olimpí­adas de Londres.

Es que no sólo su hijo tiene posibilidades. Ella también es la entrenadora desde hace 10 años de Jessica Gil, quien como campeona nacional de Colombia aspira a conquistar al menos una medalla representando a la nación sudamericana.

"En este momento, de verdad entendí­ lo que siempre Yin ha dicho. Ir a una Olimpí­ada es como el tope de tu carrera, es algo muy grande", explicó González, quien se retiró como gimnasta a los 16 años.

Alvarez y González se casaron en el 2001.

El espí­ritu olí­mpico de la pareja es evidente en Danell Leyva, que considera a Alvarez como si fuera su padre.

El joven de 20 años no conoce fí­sicamente a su papá biológico, aunque está en contacto con él.

Alvarez fue quien motivó a Leyva a los dos años para que le gustara la gimnasia.

Y aunque su madre no le veí­a condiciones para que fuera un gimnasta, el niño se empecinó en que él querí­a serlo. Tal vez el empujón más fuerte que recibió de parte de Alvarez fue a los cuatro años, cuando lo vio llorando por haber salido último en una competencia.

"Y Yin me dijo: '¿viste? Si quieres llegar a algo en la vida tienes que entrenar duro", recordó Leyva, quien ganó una medalla de oro en el mundial de gimnasia de Japón 2011, el primer tí­tulo mundial de un gimnasta estadounidense desde 2003.

Desde aquella lección que le dio Alvarez a los cuatro años, Leyva no ha parado de entrenar pensando en llegar a los Juegos Olí­mpicos. Para Londres su anhelo es ganar cuatro medallas.

"Se que es una meta bien grande, pero a la vez, se que es posible", aseguró el joven cubano-estadounidense. Y de inmediato agradeció a su entrenador y a su madre por haberle permitido llegar alto.

"Yo siempre digo que soy un experimento del trabajo de ellos, soy un resultado de lo que ellos han hecho. Y poder ir a una Olimpí­ada y presentar el trabajo de ellos, para mi es un honor, un privilegio", manifestó.

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Gisela Salomón está en Twitter como http://www.twitter.com/giselasalomon

FUENTE: Agencia AP

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