Deportes 6 de septiembre de 2011 - 18:00

Rí­o 2016: Contaminación de playas, un gran desafí­o

RIO DE JANEIRO (AP). El oceanógrafo Vinicius Palermo mete la red en el agua en la Bahí­a de Guanabara y recoge lo de siempre: envoltorios de golosinas, botellas de gaseosas y bolsas de plástico.

Todos los dí­as recoge hasta 80 kilos (180 libras) de basura, incluidas neveras y tortugas marinas muertas tras enredarse en los sedales de los pescadores. Esto sucede en aguas a ser usadas en las competencias de vela de los Juegos Olí­mpicos del 2016.

Décadas de negligencia y de crecimiento sin planificación han contaminado las playas y generado peligros para los residentes de Rí­o, cuyas autoridades se afanan ahora para limpiar la zona a tiempo para la Copa Mundial de fútbol del 2014 y los Juegos Olí­mpicos del 2016.

Solo el 33% de las aguas residuales de Rí­o han sido tratadas y muchos de los 19 rí­os que desembocan en la bahí­a están llenos también de residuos. Recientes campañas han mejorado un poco las cosas, pero los polí­ticos admiten que tomará muchos años y millones de dólares limpiar totalmente la bahí­a, que está separada de playas como Copacabana por el morro Pan de Azúcar.

"Si los juegos se hiciesen hoy, ofrecerí­amos las peores aguas de la historia olí­mpica", expresó Axel Grael, ex presidente del organismo estatal del medio ambiente y actual presidente del programa de limpieza y educación llamado Proyecto Grael. El proyecto incluye un plan de "Aguas Limpias" dirigido por Palermo.

"Ninguna otra sede olí­mpica ha estado tan sucia como esta", expresó Grael. "Si algún velero se enredase con el plástico durante la competencia, serí­a vergonzoso para la bahí­a y para la ciudad".

Lagos y playas a ser usados en los juegos también tienen problemas de contaminación.

En el lago Rodrigo de Freitas, donde se harán las competencias de remo y canotaje, se ha registrado en tiempos recientes la muerte de numerosos peces. En la playa Copacabana, donde competirán los triatletas y se harán las pruebas de mar abierto, a veces no se puede nadar por su estado contaminado. Fuertes lluvias a menudo causan desbordes de aguas residuales que ensucian las playas de arena blanca de Rí­o.

Las autoridades realizan campañas para tratar las aguas residuales que contaminan lagos y playas y se han registrado algunos progresos. En el lago Rodrigo de Freitas ahora hay peces al menos, por más que el nivel de metales pesados sea tan alto que no se los puede comer.

Y el hedor que vení­a de la Bahí­a de Guanabara y llegaba al aeropuerto internacional de Rí­o ha disminuido bastante.

La limpieza de la bahí­a, que cubre 383 kilómetros cuadrados (148 millas cuadradas) sigue siendo el mayor desafí­o.

Los deportistas que esperan competir en las pruebas de vela han expresado desazón con el estado de la bahí­a, según Grael. Sus hermanos Lars y Torben son navegantes que han ganado medallas olí­mpicas y que perfeccionaron sus aptitudes en Guanabara.

Cuando se realizaron los Juegos Militares Mundiales en julio, Palermo y su equipo hicieron una limpieza de emergencia durante una semana y sacaron una tonelada de basura flotante.

Pero las redes de Palermo no están en condiciones de recoger los desperdicios de 10 millones de personas que van a parar a la costa de Guanabara.

A ello hay que agregarle los desechos de varios astilleros, de dos refinerí­as de petróleo, de dos puertos comerciales y de uno de los vertederos más grandes del mundo.

Los cariocas se han acostumbrado a vivir en medio de tanto desperdicio. Antes de ir a la playa leen en los diarios los informes acerca de las condiciones sanitarias, incluso en sitios tan famosos como Copacabana. Un estudio realizado el año pasado por el Departamento del Medio Ambiente señaló que habí­a rastros de la bacteria e-coli en la playa de Ipanema.

"Nuestra meta es tratar el 65% de las aguas residuales para el 2014, comparado con el 30% actual", comentó el secretario estatal del medio ambiente Carlos Minc. "Tenemos varias iniciativas para garantizar que en la Copa Mundial y los olí­mpicos tendremos una bahí­a limpia".

Recientes esfuerzos mejoraron un poco las cosas. Un programa costeado por bancos internacionales y fondos del gobierno permitió construir plantas de tratamiento en a lo largo de Guanabara. Mejoras en el vertedero municipal de Gramacho, uno de los más grandes del mundo, redujeron significativamente la cantidad de desechos que llega a las aguas. Acuerdos con refinerí­as y astilleros de la zona han reducido a su vez la cantidad de metales y otros contaminantes.

Un programa anunciado este mes por Minc promete recoger periódicamente la basura de barrios marginales que tradicionalmente va a parar al agua. En el estado de Rí­o hay centenares de comunidades pobres sin recolección de basura, en los que los desperdicios son arrojados a arroyos que los llevan a la bahí­a cada vez que llueve fuerte.

Expertos como Palermo se preguntan si esa voluntad polí­tica durará más allá de los juegos olí­mpicos, de modo tal que la limpieza tenga un impacto duradero.

"Si, hay mejoras, pero también hay 50 años de crecimiento descontrolado, que no estuvo acompañado por la infraestructura necesaria", manifestó. "Son años, décadas, de contaminación, y ahora dicen que lo van a resolver en cuatro años. No me parece realista".

Hasta los progresos de los últimos años estuvieron mal planificados y carecieron de coordinación.

Un programa de saneamiento iniciado en 1992 construyó plantas de tratamiento de desperdicios a lo largo de la bahí­a, pero fallas de coordinación impidieron que los desperdicios llegasen a cuatro plantas durante cuatro años, pues no se previó la infraestructura necesaria.

Aún hoy, la planta más grande, Alegrí­a, opera a un tercio de su capacidad y otras dos a un quinto.

Gelson Serva, coordinador de un nuevo programa de saneamiento ambiental del gobierno conocido por su siglas PSAM, dispone de 650 millones de dólares para construir una red de desagües, ampliar las plantas de tratamiento y renovar sistemas anticuados, llenos de filtraciones.

"Es un reto enorme, que exigirá un gran esfuerzo", manifestó Serva. "Las mejoras serán graduales. Para los Juegos Olí­mpicos, se notarán los progresos, pero el impacto real se verá dentro de unos diez años".

FUENTE: Agencia AP

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