La adicción a las drogas y el alcohol estuvieron a nada de acabar con la vida de Julio César Chávez, boxeador histórico mexicano, quien fue sincero sobre una situación que vivió en su casa.
Esto fue parte de una depresión, y estar hundido en las drogas y el alcohol, tomando una pésima decisión de cara a su futuro.
Ya, chingue su madre, ya no quiero vivir", fue la frase que utilizó Julio César Chávez para describir lo que sentía en aquel momento.
Julio César Chávez tomó una pistola, fue a su piscina. Pero cuando estaba por llevar a cabo su plan, su cuñado llegó al sitio para evitar la tragedia, salvándole literalmente la vida al boxeador mexicano.
Chávez llegó a manipular la pistola, pero su familiar realizó una maniobra que evitó que lograra su cometido. Posterior a esto, confesó que volteó al cielo y asegura haber visto la silueta de Dios.
"En su momento no quería ver a mi señora ni mi hijo, porque ellos fueron los que me llevaron a una clínica para rehabilitarme en el tema de drogas. Hoy se los agradezco, y también a Dios", dijo Chávez.



