Béisbol Béisbol -  8 de abril de 2011 - 22:00

Manny Ramí­rez, un enigma hasta el último dí­a

NUEVA YORK (AP). Manny Ramí­rez siempre fue un enigma y se va del béisbol de Grandes Ligas como tal.

Su abrupto retiro es un retrato preciso de las contradicciones que marcaron la carrera del toletero dominicano.

Ramí­rez no tuvo que anunciar su retiro en forma pública, ya que las autoridades de Grandes Ligas se encargaron de divulgarlo el viernes mediante un escueto comunicado que no entraba en detalles especí­ficos sobre las causas que precipitaron la decisión.

Ese comunicado habla de un "problema" relacionado con el programa de prevención y tratamiento de drogas de las mayores, sin decir si Ramí­rez dio positivo en un análisis detector de sustancias prohibidas. Sin embargo, una persona informada de la situación confirmó a The Associated Press que esto fue lo que pasó y que, a sus 38 años, el quisqueyano optó por despedirse para no afrontar una segunda suspensión por consumo de drogas.

Un nuevo castigo implicaba 100 juegos fuera para alguien que en 2009 purgó 50 partidos tras dar positivo por una droga de fertilidad femenina que se suele usar para ocultar el uso de esteroides.

Ramí­rez dice adiós con un controvertido legado. Es posiblemente el mejor bateador derecho de su generación o, al menos, uno de ellos.

Cualquiera dirí­a que su trayectoria en cuanto a números lo debe depositar sin escalas en el Salón de la Fama, pero este reciente episodio nubla sus posibilidades.

Manuel Arí­stides Ramí­rez Onelcida nació en Santo Domingo, pero se crió en Nueva York.

Creció en Washington Heights, el barrio neoyorquino de mayor presencia de la comunidad dominicana. Su talento emergió en medio de la pobreza, jugando en torneos infantiles y juveniles.

Su primer equipo fueron los Indios de Cleveland, que lo seleccionaron 13ro en la primera ronda del draft. En 1993, dos años después, debutaba en las mayores.

A la primera oportunidad como agente libre, Ramí­rez firmó con los Medias Rojas de Boston en 2001, con un fabuloso contrato de ocho años por 160 millones de dólares.

Ganó dos campeonatos de la Serie Mundial con los Medias Rojas, incluyendo el de 2004 que puso fin a una larga sequí­a de tí­tulos de la franquicia, de 86 años. Fue el Jugador Más Valioso de ese Clásico de Otoño.

En 2008, con su contrato cerca de caducar, Ramí­rez forzó a los Medias Rojas a transferirlo a los Dodgers de Los Angeles.

Pedro Martí­nez, su compatriota y ex compañero en Boston, solí­a decir que Ramí­rez era un bateador "fuera de este mundo".

"Es uno de los mejores bateadores derechos de esta generación. Pueden incluir también a Alex Rodrí­guez, Edgar Martí­nez. Pero no hay mucho bateadores derechos como Manny", comentó Edwin Rodrí­guez, el manager puertorriqueño de los Marlins de la Florida tras enterarse del retiro.

Sí­, sus números son fantásticos: 14to en la lista histórica de jonrones (555), 18vo en remolcadas (1.831) y noveno en slugging (.585).

Además, Ramí­rez deja muchas anécdotas que muestran su estrafalaria personalidad, como cuando se fue a orinar detrás del enorme muro del jardí­n izquierdo del estadio de Boston _el Monstruo Verde_ mientras se hací­a un cambio de lanzador.

También se recordará al hombre tí­mido que mantení­a a raya a la prensa al punto de dejar colgado un par de pantalones en su casillero del vestuario de los Medias Rojas para despistar a los periodistas que esperaban sacarle declaraciones tras un juego.

En busca de resucitar su carrera, después de un mediocre 2010, firmó un contrato de un año y 2 millones de dólares para ser el bateador designado de los Rays de Tampa Bay. Sólo jugó en cinco partidos, con un hit en 17 turnos.

"Hasta hace unos cuantos años, creí­a que estaba encaminado al Salón de la Fama. No creó que muchos tengan tantos hits importantes en sus carreras como él. Son pocos lo que han tenido semejante impacto en el béisbol como él", destacó Ron Washington, el manager de los Rangers de Texas. "Da rabia ver que esa grandeza tan súbitamente se disipe".

FUENTE: Agencia AP

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