Cuando estamos a 10 noches, para vivir el carne propia, el canto de "play ball" del afortunado "umpire"... la sangre empieza a calentarse, el calor en la piel sube unos grados y la frente se torna rojiza, quizás por el turbo emocional que acelera las neuronas de un birrioso sempiterno, amante desconsolado de un deporte, llamado béisbol.
El béisbol es la vida del panameño. El señor del campo, de sombrero y bicicleta, saldrá a buscar baterías para su radio, sus recortes de periodico ya están sobre la mesa y las conversaciones con los vecinos se dan cada vez más temprano en esas tardes de veranillo en las provincias centrales.
Cuando llegue el día, estaremos sembrados en un potesito de emociones... allí solo hablaremos del mundial, viviremos de mundial y comeremos de mundial. Serán tres golpes al día, por quince días consecutivos, según me los recetó el doctor.
¿Y ustedes, que piensan?
No se duerman, vayan por sus banderas, laven sus gorras de Panamá, estiren esas camisetas de antaño, con las seis letras en el pecho...
El día se acerca, yo estoy listo, Panamá también
Sólo esperando para gritar:
¡Viva el Béisbol!
FUENTE: José Pineda


