Tan afinado colectivamente en ataque que cada jugador y cada movimiento conformaron una composición casi perfecta en el primer tiempo, el PSG ejerció de vigente campeón y presente favorito de la Champions League, inspirado e impresionante con tres goles en media hora para fulminar al Manchester City, al que luego debió resistir con todo, al borde del caos, en la segunda parte, hasta el 2-4 final.
Partido de goles en Inglaterra - Champions League
Todo entró en ebullición en el minuto 13. Desde la esquina derecha de su área a la esquina derecha del área contraria. Marquinhos, Hakimi, Akliouche, Fabián -primero en la salida y después en el último pase- y Doué, cuyo derechazo no pareció imparable, pero lo fue. Sorprendió a Donnarumma, que, por más que se estiró con sus 196 centímetros, no alcanzó. La sensación es que hay algo de responsabilidad en el guardameta italiano, más allá del tiro del extremo francés, también protagonista del 0-2. Minuto y medio después.
El segundo tanto fue una maravilla. De Dembélé, de un lado del área al otro, por arriba, hacia Doué y viceversa para la culminación con la cabeza del Balón de Oro. Impotencia en el City, asombro en la grada y celebración efusiva de Luis Enrique. Todo pareció tan fácil cuando es sumamente complicado. El éxito del gol elevó la extraordinaria acción. Como un juego de niños, como dos chavales que intentan lo inverosímil con sus amigos.
Fútbol total, realmente, entonces del PSG, que fue más allá aún en la primera parte. Antes el poste repelió el cabezazo de Hakimi, a centro de Doué. Después, Vitinha alojó el 0-3 con la derecha en la red de la portería de Donnarumma. Su tiro con la derecha fue la plena imagen de la convicción. Nadie dudó del gol. Menos aún él. Otra jugada colectiva.
Enzo Fernández falló un cabezazo claro. La rabia lo llevó a pegar un patadón a la botella de agua que había por ahí. Ndiaye conectó una volea frente a Safonov, que se quitó de encima el disparo. Y Haaland logró un cabezazo formidable para alojarlo en la escuadra, a donde no llega nadie. El vuelo del portero sólo la tocó. No la despejó. Pep Guardiola, historia absoluta del City, lo celebró en la grada. Quedaba aún mucho: era el minuto 53.
Lo hizo el PSG, alertado primero y alarmado después, pero vencedor de principio a fin, aliviado momentáneamente con el repentino latigazo de Akliouche que fue el 1-4. Minuto 62. Aún sacó Nuno Mendes el 2-4 en un córner, la cruceta repelió un tiro de Enzo y el larguero despejó un testarazo de Haaland, que sí marcó el 2-4 después. También rozó el 3-4. El partido era del City, si no fuera por el marcador, si no fuera por todo lo ocurrido en la primera parte, que lo había decidido todo a favor del vigente campeón, que no encontró la calma ni con un polémico penalti en el 90. Lo falló Ferran. El pitido final fue un alivio.
FUENTE: EFE


