Permítanme unos primeros escarceos reflexivos, una especie de diapositivas eyectadas desde la superficie: Maracaná desbocado, colmado y estereofónico, empate a cero out, empate a uno out, empate a dos penales. Complicado.
Welcome to Maracaná, Boca, diez años después (la última fue contra Flamengo por Copa Mercosur). Efectos a confirmar. Puede estimarse daños menores. Sigamos:
Boca, a su favor, dice que es Boca: muestra números y exhibe corona.
Giremos un momento a la estadística (incontrovertible y relativa): Boca ganó seis veces en suelo brasileño por Copa Libertadores: en 2003 (Santos) y 2007 (Gremio) con títulos incluidos.
Cruzeiro es el ejemplo más cercano: sucumbió sin atenuantes en octavos.
Más de una vez Boca desactivó ambientes de confección densa. Responde golpe por golpe con su gen espartano y un alter ego internacional extra large.
En la ida, en su casa a medias (hizo de local en Racing), Boca se quedó corto. Propuso con inteligencia, varió juego; trastabilló en la definición.
Migliore (por estos días criticado duramente por los hinchas) erró una vez y dejó cicatriz. Las dos primeras pelotas en el Maracaná chequearán su estado de confianza.
Riquelme, con su malestar estomacal, dispara alarmas y agrisa perspectivas.
Repasemos: contra Atlas, de local, físicamente demacrado, y aunque convirtió, jugo mal.
Riquelme potencia, amalgama e inspira al resto. Boca, en gran medida, depende de su juego y sus goles.
Se ve: sin él, el team xeneize pierde luminosidad técnica, lucidez creativa, queda invertebrado y no intimida a gran escala. A la revancha, llega diezmado.
A eso hay que sumarle las inestables actuaciones de la zaga central: Cáceres y Paletta. Por arriba, Boca sufre. Muchas veces, en el marcador.
Ischia busca experiencia en lugares clave: los laterales
Vuelve Ibarra: aporta carácter, experiencia y recorrido. Está con poco fútbol encima. Invadirá la banda derecha. Sabe que debe administrar energías.
Vargas ingresa por el dinámico y escurridizo juvenil Chávez. Ischia prioriza orden, equilibrio y marca en el medio. Vargas ayudará a Ibarra en el bloqueo de los múltiples ataques que el Flu comande por esa zona.
Del otro lado, está Morel, el más parejo y rendidor de la última línea. Y Dátalo más adelante, socio de Riquelme: velocidad y posibilidad de quiebre.
Arriba, los de siempre: Pa-pa: Palacio y Palermo.
Fluminense es 100’% efectivo en casa. Ahora le toca imponer condiciones, desplegar recursos y absorber la presión que significa disponer de un de racimo de resultados para pasar a la final.
De repente, los dos miren de reojo hacia Quito, para ver si Japón ya los está esperando.
FUENTE: Especial para RPCTV.com



