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Finalizados los juegos, China contabiliza medallas y respeto

BEIJING (AP). En los vertiginosos dí­as finales de las Olimpí­adas de Beijing, los jóvenes chinos se saludaban alegremente con la pregunta: "¿Cuántas medallas de oro ganamos hoy?"

El orgullo que manifiestan muchos chinos permite vislumbrar lo que sucederá tras la clausura de los juegos el domingo. A medida que partan los atletas extranjeros, China recibirá merecidos elogios por unas Olimpí­adas magní­ficamente organizadas y por la destreza de sus atletas, que dominaron el medallero.

Pero para los chinos y su gobierno, no se trata sólo de la posición en la tabla sino también de su presencia internacional. "Para el futuro, China debe volverse más internacional, y la Olimpí­ada fue un paso importante", dijo Luo Qing, especialista en la imagen china en la Universidad de las Comunicaciones. "Era crucial que la comunidad internacional nos diera el reconocimiento debido".

Que China reciba el respeto que espera es un asunto crucial para un mundo que aprende a adaptarse a las ambiciones de un paí­s poderoso y en ascenso, como resultó tan evidente en Beijing. El éxito en los juegos permitirí­a a China sentirse más cómoda con su lugar en el mundo. Un gobierno confiado estarí­a mejor dispuesto a colaborar con las demás potencias en los focos de incendio globales. En lo interior, podrí­a tomar medidas más audaces frente a los reclamos de justicia social y para cerrar la brecha creciente entre los nuevos ricos y los trabajadores.

Al mismo tiempo, una China triunfante que se sintiera valorada por debajo de sus merecimientos podrí­a sacar a flor de piel las susceptibilidades nacionalistas, con un régimen más represivo en lo interno y agresivo hacia afuera, dispuesto a no participar de las campañas contra el cambio climático y la proliferación nuclear.

Ya aparecen señales de que el gobierno se apresta a reprimir el separatismo en el occidente musulmán y purgar a los monasterios tibetanos de clérigos independentistas. Mientras tanto, con el desbloqueo de partes de la internet, algunos chinos en Beijing han experimentado la emoción de acceder a las páginas de Amnistí­a Internacional y la prensa occidental, pero se disponen a perder esas libertades.

"Las Olimpí­adas son un prisma para los conflictos, emociones y tendencias en curso, y que se expresan en público", dijo Zha Jianying, un escritor chino residente en Estados Unidos que está preparando un libro sobre los juegos.

Al saltar de la pobreza a la relativa prosperidad en un par de decenios, muchos chinos ven en las Olimpí­adas una manifestación de sus logros y el regreso del paí­s a su grandeza histórica. El gobierno y buena parte del pueblo "esperaban demostrarle al mundo una China que, después de 30 años de rápido desarrollo, no se habí­a visto en cientos de años", dijo el diario Global Times en un comentario.

La doble necesidad de quedar bien parado en el frente interno y aparecer como un digno anfitrión ante la comunidad global fue el trasfondo de los 17 dí­as de juegos y así­ apareció en el estadio, la prensa y la calle.

El público y los medios oscilaron entre estallidos de patriotismo y alardes de internacionalismo, impulsados por un gobierno que ordenó hacer gala de ecuanimidad deportiva. El dí­a que China ganó ocho preseas doradas, las primeras planas publicaron la foto del equipo femenil de tenis de mesa y grandes loas a la delantera en el medallero.

Pero también aclamaron a Michael Phelps y su conquista de ocho medallas, así­ como a Kobe Bryant y el equipo de baloncesto de Estados Unidos. Ni Weiping, un gran maestro del juego del Go, calificó en su blog de traidor a Lang Ping, entrenador chino del equipo estadounidense de vólei femenil que derrotó a las favoritas chinas. Le respondieron con una lluvia de crí­ticas por su estrechez de miras.

"Aplaudir a equipos extranjeros hubiera sido inconcebible hace cuatro años, ni qué hablar hace 20 años", dijo el semanario deportivo Titan.

FUENTE: Agencia AP