Deportes 7 de febrero de 2012 - 19:00

El este de Londres se transforma para los Juegos Olí­mpicos

LONDRES (AP). En tiempos victorianos le decí­an la "Londres marginal" debido a sus mugrientos barrios pobres, tiene la cuestionable reputación de ser el lugar frecuentado por Jack el destripador y uno de los rí­os más contaminados de Gran Bretaña baña sus abandonados astilleros y bodegas.

No es ninguna sorpresa que durante mucho tiempo, el East London --como se le dice al sector oriental de Londres, no ha sido tomado en cuenta por turistas, quienes prefieren la parte oeste, sede de exitosos musicales, palacios reales, el centro comercial Harrods y la calle Oxford.

Es probable que esos prejuicios cambien este año, en que la llegada de los Juegos Olí­mpicos trajo consigo inversiones enormes para cambiar el rostro de la zona este.

Trabajos masivos de reconstrucción en el área ya han generado una transformación impresionante. En Stratford, que fuera una ciénaga convertida en una de las zonas más pobre de la ciudad, ya se terminaron un inmaculado Estadio Olí­mpico, un gigantesco centro comercial nuevo y se modernizaron los entronques ferroviarios. En menos de seis meses, habrá rutas para bicicletas, zonas verdes y riberas de rí­o limpias.

Todo eso traerá renovado interés a un sector de Londres que, aunque sufrió mucho tiempo de negligencia, ha sido reconocida recientemente por cultivar sus propias comunidades de moda, artes y negocios de alta tecnologí­a.

Y así­, si Brick Lane es el lugar más lejano hacia el este al que se ha aventurado, ahora es momento de visitar el rincón de la ciudad que más rápido ha cambiado; se sorprenderá gratamente.

¿Qué hay por ver? Comience con Brick Lane, pero quizá sáltese algunos de los famosos pero demasiados caros restaurantes de curry. En lugar de ellos, deambule en dirección noreste hacia las áreas de Shoreditch y Dalston para visitar sus mercados de fin de semana, su vibrante vida nocturna, diversidad étnica y tiendas de moda de época.

Las bajas rentas de la zona han atraí­do desde hace mucho tiempo a artistas y músicos jóvenes, aunque en años recientes el aburguesamiento del área ha incrementado los precios de las propiedades, atrayendo celebridades y empujando a los artistas a buscar espacios en bodegas aún más al este.

Aún así­, todaví­a existe sobre el lugar una energí­a bohemia encantadoramente desaliñada. A diferencia de la zona oeste, el desarrollo en la parte este a sido desigual y espontáneo. Un par de boutiques vanguardistas convirtieron repentinamente una calle lateral modesta en un punto muy de moda de la ciudad, y a menudo se establecí­an espacios de arte conceptual justo al lado de negocios de pollo frito para llevar.

Los Juegos Olí­mpicos definitivamente traerán un nuevo tránsito turí­stico al barrio, aunque muchos locales no están seguros de si les gusta la idea.

"No me interesa", dijo Speedie Gazelle sobre las Olimpiadas. Gazelle, quien es propietario de un negocio pequeño que vende lo que él llama "retro kitsch" (creación artí­stica barata y retro) quiere que su área se mantenga "vanguardista, pero no turí­stica", como el Lower East Side de Nueva York a mediados de la década de 1990.

Uno de los mayores obstáculos para visitar el este de Londres era la falta de conexiones fáciles de transporte público hacia el centro de la ciudad.

Ese ya no es un problema: Además de mejoras a las estaciones del tres subterráneo y a trenes vetustos en todo Londres, las autoridades han instalado trenes nuevos confortables que ahora conectan el centro de la ciudad con comunidades en la zona este. Nueve lí­neas de transporte desembocan en Stratford, la terminal olí­mpica.

Un tren de alta velocidad, llamado Javelin Shuttle, enlazará Stratford con St. Pancras, la renovada terminal del tren Eurostar.

Los canales de East London, célebres por sus aguas tenebrosas poco profundas y por la pobreza a su alrededor, también serán limpiados. Estas ví­as fluviales no tomadas en cuenta, columna vertebral de la actividad comercial de Londres antes de los ferrocarriles, llegaron a ser un imán para desperdicios y ladrones.

Con los Juegos Olí­mpicos, sin embargo, los canales _junto con el contaminado rí­o Lea, justo al lado del estadio_, estarán en el candelero. Las autoridades quieren que los espectadores caminen o lleguen en bicicleta a la sede de los juegos, y los caminos ubicados a lo largo de las ví­as fluviales, culebreando desde el oeste hacia el este a lo largo del Parque Victoria, son ideales.

Está en marcha una campaña masiva con voluntarios para involucrar a los londinenses en la limpieza de la red, con la esperanza de terminar en julio. Un grupo caritativo, Thames21, está tratando de reclutar 4.000 voluntarios, muchos de ellos niños en edad escolar, para retirar basura y maleza, y plantar flores para embellecer los canales.

Ese es un trabajo en curso, al igual que el Parque Olí­mpico, un espectáculo impresionante que vale la pena visitar, a pesar de que aún se asemeja a un charco gris gigante salpicado con algunos centelleantes edificios nuevos todaví­a vací­os. En unos meses, se transformará en lo que las autoridades describen como el parque urbano nuevo más grande que se ha visto Europa en 150 años, un refugio que incluye extensos prados y hábitat para aves y abejas.

Para los residentes locales, todo esto es apenas el inicio de un ambicioso plan de regeneración, y muchos años de molestias. Según los planificadores, se espera que el proyecto de edificación olí­mpica continúe entregando miles de casas nuevas y empleos en los próximos 25 años.

Nadie sabe si el llamado "legado olí­mpico" se desarrollará sin dificultad. Quienes se preocupan dicen que Stratford podrí­a fácilmente convertirse en otro Canary Wharf, la opulenta reurbanización llena de rascacielos, también en la zona este, que es algunas veces criticada por su indiferencia a la pobreza que la circunda.

Entretanto, un proyecto de construcción ha traí­do ciertamente más ingresos a Stratford. Justo enfrente de la sede de los juegos, el centro comercial Westfield Stratford City, un reluciente palacio de venta al por menor, dijo ser el más grande en Europa con 300 tiendas, un casino y sus "calles falsas".

Elevándose incongruentemente de un barrio de calles sombrí­as, se ha llenado de visitantes desde que se inauguró en octubre.

Para algunos, es una monstruosidad insí­pida, haciendo sonar música pop estridente desde cada rincón y mostrando imágenes relampagueantes desde múltiples pantallas gigantes. Pero para muchos jóvenes locales que han visto con envidia desde hace mucho tiempo las conveniencias de comprar en la zona oeste, es un don del cielo.

"Este lugar solí­a ser totalmente desnutrido", dijo Cicero Fernando, un pasante de Medicina de 29 años que caminaba hacia su casa con comestibles del selecto supermercado Waitrose del centro comercial. "Gracias a Dios ahora puedo comprar en mis tiendas favoritas", comentó.

Eso sólo puede ser una buena señal para el futuro de East London, señaló.

"Para ser honesto, la zona oeste sigue siendo la atracción, pero éste es un buen inicio", dijo Fernando. "Esta llegando ahí­", agregó.

FUENTE: Agencia AP