Deportes 21 de agosto 2008 - 06:00hs

Primero Phelps, después Bolt... ¡qué juegos!

BEIJING (AP). Primero, el hombre más rápido en el agua. Ahora, el más rápido de la Tierra.

Los chinos están disfrutando tremendos juegos olí­mpicos.

Michael Phelps nos dio algo que probablemente no se vuelva a ver. Usain Bolt le siguió con algo que habí­a que ver para creerlo.

Hizo dos carreras que dejaron a sus rivales desconcertados.

Se suponí­a que nadie podí­a correr tan rápido. Ser tan bueno.

Primero Bolt hizo payasadas al llegar a la meta en los 100 metros, que ganó con una ventaja asombrosa en esa prueba tan corta.

En los 200 corrió con todo hasta el final y batió una marca que se resistí­a a caer.

Lo hizo mientras Phelps paseaba por Londres, con sus ocho medallas de oro debidamente guardadas y un lugar entre los grandes de la historia olí­mpica. Estos habí­an sido pintados como los juegos de Phelps, al menos por la televisión. Pero Bolt le recordó a todos que no siempre la televisión decide quien va a ser la estrella de los juegos.

Los números se pueden discutir. Podrí­a parecer injusto comparar ocho medallas doradas con dos (que podrí­an ser tres, ya que Bolt correrá un relevo), pero su superioridad fue tan asombrosa como la de Phelps en la piscina.

Bolt hizo algo que no parecí­a posible. No solo ganó las dos carreras que definen los lí­mites de la velocidad humana, sino que lo hizo con récords mundiales en ambas pruebas. Estaba tan adelante de los demás que pudo haber corrido de espaldas los últimos 30 metros y ganado.

Luego hizo algo a lo que Phelps no es muy dado.

Festejó.

No se limitó a un saludito al público y unos abracitos a sus compañeros. Celebró en serio.

Besó la pista y se envolvió en una bandera de Jamaica. Bailó y gesticuló. Se sacó sus zapatillas doradas y las mostró a todos, y disfrutó viéndose a sí­ mismo en la pantalla gigante a un extremo del estadio.

Probablemente todaví­a estarí­a bailando si no se hubiese necesitado la pista para que Melaine Walker le diese otra presea de oro a Jamaica en los 400 con vallas.

Todos vimos cómo Phelps le daba a su madre las flores que vienen con el oro luego de sus victorias. Bolt le dio a su paí­s un regalo mucho más grande.

"Hizo que estos resultasen los mejores juegos de mi vida", expresó Shawn Crawford, el estadounidense que se quedó con la medalla de plata.

Bolt le puso un lindo moño a los que probablemente sean recordados como los mejores juegos olí­mpicos de la historia. ¿Cómo no pueden serlo con las proezas de la piscina y la pista atlética?

Phelps empezó todo asombrando con su empecinada búsqueda del récord de Mark Spitz de siete medallas de oro en unos mismos juegos, una marca que sobrevivió 36 años y que parecí­a inalcanzable.

¿Y Bolt? Lo que hizo el jamaiquino no tiene nombre.

"Es Superman 2", expresó el estadounidense Michael Johnson, quien se ganó ese apodo con un fenomenal registro de 19.32 en los 200 en los juegos de 1996 en Atlanta.

El miércoles, Bolt llevaba una gran ventaja al salir de la curva. Mientras otros moví­an los brazos y hací­an gestos con la cara que delataban un esfuerzo supremo, Bolt parecí­a estar volando. Cronometró 19.30 y le bajó dos centésimas al récord.

En la pista Bolt busca divertirse y busca la gloria. Y luego busca un micrófono y le cuenta a todos lo que hizo.

"Estoy sorprendido. Y sorprendí­ al mundo", afirmó Bolt.

Ciertamente lo hizo. Nadie se vio venir esto. Mientras que Phelps era un atleta establecido, que habí­a ganado seis oros en Atenas, Bolt era alguien que recién asomaba, sin mayor experiencia en las grandes competencias y quien tuvo que convencer a su técnico de que lo dejase correr en los 100, además de los 200, su distancia favorita.

Corrió tan rápido, que pronto comenzaron los murmullos. Así­ sucede en la pista, donde tres de los últimos cinco campeones olí­mpicos de los 100 en algún momento dieron positivo en los controles antidopaje.

Pero Bolt se sometió a controles cuatro veces en la última semana y todos dieron negativo. Sus técnicos insisten en su velocidad es producto de un inmenso talento natural y de su esfuerzo. Y tal vez Bolt sea eso, un portento de la naturaleza.

No es justo cuestionar a Bolt, como tampoco serí­a justo preguntarse qué hace que Phelps sea tan rápido.

Simplemente siéntese y disfrute de los momentos mágicos que estos dos atletas nos han regalado.

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Tim Dahlberg es columnista de deportes de la AP. Se le puede escribir a tdahlberg@ap.org.

FUENTE: Agencia AP

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