IRVING SALADINO Otros deportes - 

El caso "Canguro"

Ahora que el "Canguro" Irving Saladino Aranda quedó nuevamente eliminado del Campeonato Mundial, de Daegu, en Corea del Sur, situación similar a la ocurrida hace dos años en Berlín, saltan los comentarios a la vista.

Unos dicen que la carrera vertiginosa que tuvo este embajador deportivo panameño, está en franca decadencia, situación que no comparto en un 100 por ciento.

Si es cierto, que notamos que durante los saltos, la carrera o el impulso que tomaba Saladino no era el acostumbrado, hay que examinar otros aspectos o aristas, desde la preparación, el aspecto psicológico y lo más importante, la tranquilidad económica de él y de su entrenador Florencio Aguilar.

Si nos remontamos a las actuaciones de Saladino, cuando entrenaba a tiempo completo en Brasil, con Nelio Moura, o desde que se radicó en Panamá para entrenar en unas instalaciones que dan pena y en vez de rendirle honor a la memoria de uno grande, como Armando Dely Valdés, es una gaznatada a su recordada figura.

Me trae a mi memoria cuando la "Sirenita" Eileen Coparropa Alemán, vestía los colores patrios con su entrenador Francisco Londoño, posteriormente fue reemplazado por un técnico estadounidense.

Ya es hora que le brindemos todo el apoyo logístico, infraestructuras, equipo médico, que incluya un sicólogo, nutricionista, fisioterapista, etc.

Todavía no entiendo, ¿cómo es que todavía nuestras delegaciones que representan al país, no incluyan a un sicólogo en el grupo?, ¿Por qué no copiamos la exitosa trayectoria de Cuba?, que uno de los que encabeza el grupo es este profesional de esta rama.

Dónde queda el papel de la entidad que rige el deporte panameño, lejos de participar en todos los eventos o competencias, donde vean acción las delegaciones istmeñas, su labor debe ser otra, de fiscalizar que el recurso económico sea bien invertido y que deje de ser una agencia de viajes o una financiera, para cuando las federaciones o asociaciones deportivas dispongan viajar lo hagan con la preparación adecuada.

FUENTE: Oscar Gómez