Deportes 6 de agosto 2009 - 14:00hs

Beijing 2008: Un año después, legado ambiguo

BEIJING (AP). Miles de chinos visitan el imponente estadio vací­o todos los dí­as y lo asocian con los triunfos de la nación.

Son gente como el empresario Sun Haijing, su esposa y su hija de seis años, quienes lucí­an camisetas rosadas que hací­an juego. Tocaron una réplica de la antorcha olí­mpica y se sacaron fotos en El Nido, el principal estadio de Beijing 2008.

China esperaba que los juegos la ayudasen a consolidarse como próspera potencia mundial. Si bien la justa resultó un éxito, la imagen de los chinos en el exterior puede haberse resentido un poco por el escándalo en torno a la leche contaminada y algunos disturbios internos. Dentro del paí­s, en cambio, la historia es otra.

"Los juegos le dieron mucha gloria y felicidad al paí­s. Nos hicieron sentir orgullosos", expresó Sun, quien vino con su familia desde su ciudad en la provincia de Jilin, al norte. "Permitieron que otros paí­ses viesen el desarrollo que hemos alcanzado y se afianzase la posición de China en el mundo".

La espectacular ceremonia inaugural y el dominio en la tabla de medallas hizo que muchos chinos sintiesen que los juegos fueron una confirmación de los progresos registrados en tres años de reformas económicas.

En el exterior, el legado es más ambiguo. Los estadios y la organización causaron una muy buena impresión, pero distintos estudios indican que los juegos hicieron poco por cambiar la imagen de estado autoritario de China.

Por más que los juegos permitieron que el mundo viese a China como "una sociedad moderna, urbana y bien organizada", no ocultaron las fallas del sistema comunista, según Jean-Pierre Cabestan, experto en polí­tica china de la Universidad Bautista de Hong Kong.

"Cada vez que hay disturbios o agitación en China, la gente piensa, 'ok, se han modernizado mucho, pero en polí­tica siguen muy retrasados'", señaló Cabestan.

Para personas como los Sun, sin embargo, el impacto de los juegos sigue siendo importante.

El éxito de los juegos, combinado con la prosperidad económica, le han dado una renovada confianza a los chinos. En los últimos 12 meses China asumió un papel activo en el debate en torno al calentamiento global y despachó barcos para combatir la piraterí­a frente a las costas de Somalí­a, en la que fue su primera operación naval lejos de su territorio. Adoptó una actitud firme en relación con Taiwán y en torno a temas delicados como el Tibet y los disturbios en Xinjiang.

"Los chinos sufrí­an de un complejo de inferioridad desde hací­a décadas", afirmó Xu Guoqi, autor de "Sueños Olí­mpicos: China y el deporte 1895-2008".

"El éxito de la organización y la cosecha de medallas acabaron con ese complejo", acotó.

Steve Tsang, experto en China de la Universidad de Oxford, dijo que los juegos ayudaron a darle legitimidad al Partido Comunista de gobierno. "Los juegos hicieron que la conducción del PC y el público en general se sientan más confiados en torno al futuro", manifestó Tsang.

El Estadio Nacional El Nido, que costó 450 millones de dólares, es probablemente el mejor sí­mbolo tanto del orgullo que generaron los juegos como de la incertidumbre en relación con su impacto a largo plazo.

No ha habido ninguna actividad deportiva en El Nido desde los juegos, aunque el sábado, en que se cumple el primer aniversario, albergará un partido amistoso entre los clubes italianos de fútbol Inter y Lazio.

En el estadio todaví­a hay carteles de "Beijing 2008" y un par de pantallas muestran imágenes de los juegos.

En el exterior se percibe una pequeña capa de hollí­n y algunos sectores se empiezan a descascarar. Las autoridades habí­an prometido darle amplio uso a la instalación, pero resulta muy caro montar un evento en un estadio tan grande y, por otra parte, China no tiene demasiado desarrolladas sus competencias deportivas.

El Cubo Acuático donde Michael Phelps ganó ocho medallas de oro tampoco ha sido muy usado. Actualmente se está instalando allí­ un centro comercial y un parque acuático.

Otras obras relacionadas con los juegos tienen efectos más palpables y duraderos. China invirtió 40.000 millones de dólares en una red de trenes subterráneos y otros proyectos de infraestructura, expulsó a los mendigos de Beijing y dispuso que la gente haga cola, deje de escupir en la calle y maneje mejor. Las medidas para combatir la contaminación, en cambio, no duraron mucho y ya regresó la capa de smog.

Muchos observadores se preguntan si China no habrá dejado pasar una gran oportunidad de cambiar su imagen para siempre y quitarse de encima la fama de paí­s represivo. Siguen las restricciones a la prensa y la censura de la internet, así­ como las detenciones de opositores.

Algo que le hizo mucho daño fue la leche contaminada que enfermó a cientos de miles de bebés.

El malestar con la corrupción y las crecientes brechas en los ingresos alimentan protestas que a menudo se tornan violentas y el paí­s vivió en tiempos recientes sus peores conflictos étnicos en décadas.

El innovador artista Ai Weiwei, frecuente crí­tico del gobierno y quien ayudó a diseñar El Nido (aunque después se distanció del proyecto), opina que los juegos no cambiaron nada.

"Todo el show de los juegos fue una sonrisa falsa", afirmó. "Pero hay algo que el gobierno no puede falsificar: la libertad y la felicidad de la sociedad civil".

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El investigador de AP Xi Yue colaboró en este despacho.

FUENTE: Agencia AP

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