Béisbol Béisbol -  5 de enero 2010 - 22:00hs

Alomar tiene una cita impostergable con el Salón de la Fama

NUEVA YORK (AP). Aunque parezca mentira, ha transcurrido una década desde la última vez que un latinoamericano fue exaltado al Salón de la Fama mediante una votación de los cronistas estadounidenses.

La espera podrí­a terminar el miércoles con el puertorriqueño Roberto Alomar por primera vez en la lista de candidatos para ingresar al templo de Cooperstown.

Considerado como el mejor segunda base de su generación, Alomar acumula los atributos para recibir el 75% de los votos en su primer intento.

Durante la época de esplendor de Alomar, en la década de 1990, la discusión en torno al boricua fue que se estaba ante la presencia de un jugador al mismo nivel de leyendas como Joe Morgan y Rogers Hornsby.

Sólo su súbito declive al cumplir los 35 años y el feo incidente en el que le escupió al rostro al umpire John Hirschbeck en 1996 asoman como los puntos en su contra.

Pero Alomar ya habí­a recopilado los números antes de sus dos fatí­dicas campañas con los Mets de Nueva York al iniciar esta década. Hirschbeck, por su parte, le perdonó y hasta ha respaldado su candidatura.

Todo es sencillo en torno a Alomar, un peculiar y completo intermedista que brilló tanto con el bate como en el guante. Un pelotero que podí­a hacer una espectacular acrobacia al fildear y que pegó 210 jonrones en su carrera de 17 años.

Alomar no se perdió un solo Juego de Estrellas entre 1990 y el 2001. Salió campeón de la Serie Mundial dos veces con Toronto. Fue laureado con 10 Guantes de Oro a la excelencia defensiva, la mayor cantidad para un segunda base. También es uno de los ocho jugadores en la historia con 2.700 hits y 450 bases robadas. Sus totales en hits e impulsadas superan a Morgan y Ryne Sandberg, dos intermedistas con placas en Cooperstown.

No cabe duda: los números son irrefutables. La única interrogante es si Alomar podrá atraer los votos para convertirse en el pelotero 45 en ser exaltado en su primer año en que puede ser elegido.

"Cuando comencé en el béisbol, mientras más jugaba y los números eran mejores, fue cuando empecé a pensar en el Salón de la Fama", dijo Alomar en una entrevista con el diario The New York Times el martes. "Pero nunca me imaginé que tendrí­a la oportunidad de estar ahí­. Ahora será un honor y un triunfo para mí­ y mi familia y para el pueblo de Puerto Rico".

Si Alomar se quedase corto, entonces hay amplias posibilidades de que ningún otro pelotero sea elegido, algo que no ha ocurrido desde 1996.

La papeleta de candidatos incluye diversos nombres que llevan varios años esperando con paciencia aumentar sus porcentajes de votos, como es el caso de Andre Dawson, Tim Raines, Bert Blyleven, Lee Smith, Don Mattingly, Dave Parker y Jack Morris. También pueden incidir debutantes como Barry Larkin y Fred McGriff.

¿Cuánto tiempo puede tardar alguien? Sólo basta con fijarse en el ejemplo de Jim Rice, elegido el año pasado en su 15to y último intento.

Alomar serí­a el tercer boricua en Cooperstown, junto a Roberto Clemente y Orlando Cepeda, y el décimo latinoamericano.

También están el panameño Rod Carew, el dominicano Juan Marichal y el venezolano Luis Aparicio.

Los restantes son los cubanos Martí­n Dihigo, Cristóbal Torriente, José Méndez y Tany Pérez. Los tres primeros fueron seleccionados por sus actuaciones en las Ligas Negras.

El último en ser elegido mediante una votación de los cronistas fue Pérez en el 2000.

Alomar no es el único latinoamericano en la papeleta de este año: su compatriota Edgar Martí­nez y el venezolano Andrés Galarraga aparecen por primera vez.

Mientras Martí­nez carga con el estigma en contra del bateador designado, Galarraga es visto con una cuota de menosprecio por quienes sostienen que sus estadí­sticas se vieron infladas por jugar en la altura de Denver.

Es previsible que a la larga Martí­nez pueda superar la resistencia hacia los designados. Después de todo, Martí­nez fue campeón de bateo en sus temporadas con Seattle, su promedio de por vida fue de .321, conectó 309 jonrones y es el número 22 de todos los tiempos con su porcentaje de embase de .418.

Galarraga, en cambio, podrí­a incluso no sobrevivir su primera vuelta al no alcanzar el 5% mí­nimo de votos para seguir en consideración.

Hay cuestiones sentimentales a su favor por haber sobrevivido a un cáncer en plena carrera, pero el venezolano simplemente no alcanza las estadí­sticas que establezcan una huella por más que le faltó un jonrón para llegar a los 400 de por vida. Su cifra más llamativa no corresponde a una que genere admiración, al figurar cuarto en la lista histórica de más ponches recibidos con 2.003.

FUENTE: Agencia AP