Boxeo Boxeo -  5 de agosto de 2012 - 18:00

Esparza busca darle medalla olí­mpica a EEUU en boxeo femenino

LONDRES (AP). Se crió oyendo hablar de Julio César Chávez y Salvador Sánchez, a quienes sus padre idolatraba, y el dí­a que una compañerita de escuela la provocó, se trenzó a golpes con ella.

Esa riña infantil fue el punto de partida de una carrera que tiene a Marlen Esparza peleando por una medalla olí­mpica de boxeo.

"De pequeña era más gordita y algunos compañeros bromeaban sobre mí­, hasta que adelgacé y me tomé la revancha", relata Esparza, nacida en Houston y quien por entonces tení­a 12 años. "Ese dí­a me estaba riendo de la chica y, entonces, ella me tiró de mi silla. Me levanté y empezamos a pegarnos. Fue mi primera pelea".

Actualmente Esparza, quien el lunes luchará por asegurar una medalla de bronce ante la venezolana Karlha Magliocco en los Juegos Olí­mpicos de Londres, suma bastantes combates más en su historial pugilistico. La mayorí­a saldados con idéntico resultado: victoria indiscutible.

Pero aquel incidente infantil fue seguramente la pelea más importante, ya que resultó en un cambio de instituto y la determinación de Esparza de dedicarse al boxeo.

Partí­a con cierta ventaja pues, siendo hija de inmigrantes mexicanos originarios de ciudad Juárez, se aficionó viendo peleas en televisión con su padre, acérrimo seguidor de sus compatriotas Chávez y Sánchez.

El progenitor andaba ilusionado con la posibilidad de que uno de sus hijos se subiera algún dí­a a un cuadrilátero para emular a sus í­dolos, aunque le costó más aceptar la decisión de su hija.

Pero la púgil de 23 años, a quien sus entrenadores olí­mpicos describen como "intensa", se caracterizó siempre por su testarudez, y así­ consiguió también el tutelaje de su actual preparador, Rudy Silva, presentándose un dí­a tras otro a su gimnasio para convencerle de que le dejara boxear con los chicos. Silva accedió finalmente, esperando que la joven se desanimara a las primera de cambio. Pero, conforme pasaron los dí­as, eran los chicos los que abandonaban.

"Sólo he peleado con chicos en el ring", asegura Esparza, quien recela del boxeo profesional y retomará sus estudios de biologí­a en la universidad de Houston en cuanto acaben los Juegos. Su deseo a largo plazo, para mayor ironí­a, es ejercer de anestesista.

Uno de los que da fe de su potencial es el peso gallo José Dí­az, con quien comparte raí­ces mexicanas y tiempo muerto en la Villa Olí­mpica de Londres. "Hemos hecho buenas migas, vamos al cine y tenemos muy buena conexión. Es una gran chica", dice el nativo de California. "Definitivamente, es muy intensa. Siempre me está dando discursos motivadores y me insiste en que sea humilde, trabaje mucho y cuide mi alimentación, evitando la comida basura".

Obsesiva en su preparación fí­sica y mental antes de los combates, Esparza sí­ se permite en ocasiones la tentación de la comida rápida para beneficio de algunos de sus patrocinadores como McDonalds o Coca-Cola.

Aunque en sus anuncios aparece hablando en inglés y en español, no se atreve coloquialmente con el idioma paterno, "aunque entiendo todo", señala la púgil, medalla de bronce en el Mundial de 2006.

También hace publicidad para Nike y la marca de cosméticos Covergirl, ha aparecido boxeando en vestido de gala en un reportaje fotográfico de la revista Vogue y protagonizó un documental de la CNN sobre la comunidad latina.

Pero por ahora, Esparza se centra en hacer historia en los Juegos con único objetivo. "Sólo queda uno de los chicos en el torneo y siento la presión de ganar la medalla de oro para mi paí­s", dijo tras quedar eliminados ocho de los nueve boxeadores del equipo en competición varonil.

Para conseguirlo, deberá derrotar en su primer combate a la pundonorosa Magliocco, quien ya dio muestras de poder igualar el tesón de la texana en su combate de octavos de final.

Se antoja poco probable que Esparza, quien clasificó directa a cuartos, se confí­e ante la venezolana. Intratable antes de saltar al ring, cuando se mantiene taciturna y alejada de rivales y compañeros, su liturgia incluye una siesta, ducha templada acabando en polar "para no deshidratarme", boxeo de sombra frente al espejo y una oración a Dios.

Por si acaso, el domingo vio en directo la victoria de Magliocco, probablemente consciente de que el combate del lunes tampoco será un combate cualquiera.

FUENTE: Agencia AP