BOGOTA (AP). A días de que caiga el telón del Mundial Sub20, unos 25.000 niños y jóvenes colombianos seguirán jugando por todo el país a la espera de que el fútbol sea una terapia contra los males del conflicto armado, la violencia familiar y la discriminación.
El objetivo es que los jóvenes y niños inviertan bien su tiempo libre y así prevenir "el reclutamiento por parte de distintos actores delictivos... prevenir el consumo de sustancias psicoactivas y la deserción escolar", dijo en conversación telefónica Darío Villamizar, asesor del área de paz del PNUD en Colombia.
El sol acompaña a los jugadores que calientan en una cancha de cemento en el barrio La Paz, vecino a la cárcel La Picota al sur de Bogotá, y escenario hasta hace unos meses de expendio y consumo de drogas.
Ahora recuperado por la labor de la no gubernamental Con-texto Urbano, que forma parte de la Red, es el lugar de encuentro de Santiago Ruiz Sanabria y Diego Ruiz Montoya. El primero es un pequeño de 12 años que hace las veces de arquero, el segundo un joven de 25 cuyo rol es el de "facilitador" o profesor y administrador local del proyecto.
Junto a Ruiz Sanabria y Ruiz Montoya están al menos otro centenar de niños y jóvenes, de ambos géneros y procedentes de diferentes poblaciones del país. Juegan al fútbol con un reglamento propio: el primer gol de cada equipo, en los diferentes tiempos, debe convertirlo una mujer, y se prescinde de la figura del árbitro pues son los mismos jugadores quienes fijan las reglas.
Participar "fue muy bacano (o agradable)... Casi nunca se presentan esas oportunidades en la vida", dijo Ruiz Sanabria, de tez morena y ojos grandes y vivaces.
"Yo veo a Santiago y me veo reflejado. Yo también aspiraba a ser alguien mejor", sostuvo Ruiz Montoya, mientras miraba fijamente al pequeño guardameta haciendo su labor en la cancha.
Lo que muchos desconocen en el barrio es que tres años atrás un hermano de Ruiz Sanabria, Jair, casi acaba con la vida de Ruiz Montoya al propinarle una puñalada en el tórax.
Aunque crecieron juntos "y comimos del mismo plato", cierto día Jair lo hirió "sólo por cobrarle 20.000 pesos (unos 11 dólares)" que le adeudaba por la venta de un pantalón, recordó Ruiz Montoya.
Pero hace unos meses descubrió que su agresor formaba parte, junto con sus hermanos, de uno de los equipos que disputaba un torneo local organizado por Con-texto Urbano.
Como "nunca existió esa sed de venganza, aproveché (la oportunidad) para volverme a acercar a esta familia", declaró Ruiz Montoya.
Historias como esta fueron las que motivaron al PNUD a respaldar la creación de la Red, que actualmente cobija a miles de niños, adolescentes y jóvenes en varios lugares del país, donde desde el 29 de julio y hasta el próximo sábado se disputa el Mundial Sub20.
El PNUD y fundaciones de empresas privadas y organizaciones no gubernamentales hacen presencia con el plan del fútbol en distintas zonas desde Antioquia, en el noroeste, hasta los departamentos de Valle del Cauca, Nariño, al suroeste, y Cundinamarca, en el centro.
En Bogotá, Con-texto Urbano y la Secretaría Distrital del Hábitat trabajan con unos 1.200 jóvenes de cuatro localidades sureñas, dijo el psicólogo Alejandro Arenas, director de esa organización.
Todos los proyectos tienen en común valorar el fútbol "no sólo por la variable del gol", dijo Arenas. Es por "su capacidad para el fortalecimiento de valores como la disciplina, el respeto, el juego limpio (y) el diálogo".
FUENTE: Agencia AP



