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Los Marlins se preparan para una recepción frí­a de regreso a casa

MIAMI (AP). Cuando el nuevo estadio de los Marlins de Miami abra sus puertas el viernes, los trabajadores de los establecimientos prepararán comida cubana como emparedados de cerdo y plátano frito con mojo de ajo.

Después esperarán a ver si los cubano-estadounidenses del sur de Florida aún tienen hambre de béisbol.

Los Marlins contrataron al manager Ozzie Guillén para estar en boca de todos, y el venezolano ha hecho justo eso: al elogiar al ex presidente cubano Fidel Castro, Guillén acaparó los titulares de las noticias, se ganó cinco dí­as de suspensión y se enemistó con un porcentaje grande de la base de aficionados de la franquicia.

Ahora los Marlins regresan a casa por primera vez desde que comenzó el furor. Cuando inicien una serie de seis partidos como locales el viernes contra Houston, la atención no estará sobre el talentoso plantel de los Marlins o el futurista estadio en la Pequeña Habana, sino sobre un posible boicot de los aficionados y protestas.

"Esta es la clientela medular de los Marlins", dijo Francis Suárez, presidente de la comisión municipal de Miami. "Así­ que ellos deben descifrar de qué manera van a recuperar los corazones y mentes de esas personas que son sus aficionados, quienes generan el ingreso que va a mantener al equipo operando".

Directivos de los Marlins trabajaron tras bastidores esta semana con varios grupos locales intentando mitigar el desastre de relaciones públicas, pero no se planifican promociones especiales o campañas de mercadotecnia para la serie. Los Marlins creen que la mejor cosa que puede hacer el equipo es simplemente salir a jugar.

"Nosotros representamos esta comunidad, y esta comunidad fue muy lastimada", dijo el presidente del equipo David Samson. "Y es momento de sanar", agregó.

Unas cuantas victorias podrí­an ayudar, aun en ausencia de Guillén, quien regresa al dugout el martes.

"La mejor cosa que está haciendo es admitir lo que hizo", comentó el taponero de los Marlins, Heath Bell. "El se siente realmente mal. El y su familia tienen que hacer frente a este momento difí­cil y seguir adelante, y nosotros vamos a jugar béisbol".

Cuando los Marlins inauguraron el estadio la semana pasada, la escultura animada para cuadrangulares atrás del jardí­n central fue el tema más polémico del equipo; entonces vino el comentario polí­tico de Guillén.

El enojo ocasionado por sus comentarios en una entrevista con la revista Time lo obligó a regresar a Miami mientras el equipo estaba de gira para realizar una conferencia de prensa especial en el estadio. Se disculpó reiteradamente, y su arrepentimiento apaciguó a algunos.

"Sus declaraciones parecieron sinceras", dijo Vicente Rodrí­guez, editor de "La Voz de la Calle", un diario que circula en la Pequeña Habana. "El tuvo la humildad de admitir y pedir perdón a la comunidad cubana", señaló.

No estaba claro si el pequeño grupo de manifestantes presente en la conferencia de prensa de Guillén podrí­a manifestarse este fin de semana. En programas de radio y a través de Twitter, algunos aficionados que tienen boletos para toda la temporada dijeron que se mantendrí­an alejados de los juegos. El Colegio Cubanoestadounidense de Abogados dijo que no se presentarí­an el martes al estadio a la celebración anual del Dí­a de Aprecio al Abogado.

Las butacas vací­as no serí­an nada nuevo para los Marlins. Perennemente terminaron en el último lugar de la Liga Nacional en cifras de asistencia, pero comenzaron una nueva era con su mudanza a la Pequeña Habana, un barrio poblado predominantemente por inmigrantes de Cuba, una nación apasionada por el béisbol.

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La periodista de la AP Christine Amario en Miami contribuyó con este despacho.

FUENTE: Agencia AP