Otros deportes -  8 de febrero de 2014 - 02:00

30 años después de los Juegos, Sarajevo llora la fraternidad perdida

Radio Sarajevo interrumpió su programación por primera vez en su historia para permitir a su enviado especial Nikola Bilic anunciar la histórica noticia: la ciudad había logrado la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984.

"Estaba tan emocionado que no podía completar una frase al teléfono", señaló este veterano periodista bosnio acerca de la conexión que hizo desde Atenas, donde se celebró la reunión del Comité Olímpico Internacional (COI).

Era el 18 de mayo de 1978 y Sarajevo, entonces la capital de la República de Bosnia en el seno de la Federación Yugoslava, había ganado contra todo pronóstico en la carrera olímpica a la japonesa Saporo y a la sueca Goteborg.

"Rápidamente Sarajevo se convirtió en una gran obra. La reforma del estadio, la construcción de la instalación para los deportes de hielo, las pistas de esquí, el bobsleigh, los trampolines en las montañas. Todo tenía que estar acabado en dos años", cuenta Bilic.

La guerra (1992-1995), completamente impensable sólo ocho años antes, destruyó aquellas infraestructuras, ya que la mayoría de ellas estaban situadas en primera línea de fuego.

Actualmente, 18 años después del conflicto, se puede ver aún la zanja de la antigua pista de bobsleigh en el monte de Trebevic. La serpiente de hormigón armado atravesado por los cohetes está situada en un hermoso bosque de pinos.

En Igman, los dos trampolines donde el finlandés Matti Nykanen se convirtió en el emperador del salto de esquí se parecen hoy a un gigantesco monumento destrozado.

Frente a estos vestigios, resulta muy complicado entender el fervor que respiró en febrero de 1984, hace sólo 30 años, la capital bosnia. "La ciudad respiraba alegría, todo el mundo estaba contento. En la calle, los desconocidos se paraban para hablar de la 'Olimpijada', todo el mundo tenía una idea de cómo tenían que organizarse", recuerda Drago Bozja, director de deportes de los Juegos.

"En las otras repúblicas yugoslavas pensaban que no seríamos capaces de organizar los Juegos. Cuando el alcalde me convocó para preguntarme si quería formar parte del equipo organizador, le dije que no conocía nada de estos deportes. Él me respondió: 'yo tampoco, pero ya aprenderá'", añade Bozja.

Para completar la intriga, dos semanas antes de los Juegos, no había nevado en Sarajevo. La situación preocupaba enormemente a los organizadores, pero no a los ciudadanos. "En la ceremonia de inauguración de los Juegos, en el estadio de Kosevo, no había todavía nieve. Cubrimos el césped con una tela blanca. Los primeros copos cayeron cuando la patinadora artística Sanda Dubravcic subió por las escaleras para alumbrar la llama olímpica. Un cuento de hadas", rememora melancólico Bilic.

Para Ismet Huseinovic, artesano de cuero de la antigua ciudad otomana, "Sarajevo nunca tuvo antes y nunca volverá a tener un acontecimiento así". "Defendimos el honor de Sarajevo, pero también de toda la antigua Yugoslavia. Estábamos todos juntos, todos los pueblos yugoslavos, y queríamos que fuera un éxito", subraya Huseinovic, que había fabricado para la ocasión más de 50.000 souvenirs, muchos de ellos con la figura de Vucko ('pequeño lobo'), la mascota de los Juegos.

"Fue el último gran proyecto de la Yugoslavia fraternal", puntualiza el biatleta Tomislav Lopatic, que participó en la competición. "Todo el mundo vivió aquello Juegos, que fueron preparados y organizados con el corazón. Fueron los Juegos de todas las comunidades yugoslavas", añadió el cuatro veces campeón de Yugoslavia de biatlón.

"Sin embargo, uno o dos años después, comenzó a asomarse al desastre", recuerda este serbio de Pale, cerca de Sarajevo, que ahora dirige al equipo nacional de Bosnia de biatlón. "Esta guerra terminó con mis ambiciones en el mejor momento de mi carrera", recuerda mientras mira sus medallas, sus copas y sus fotos de deportista que conserva en el garaje de su casa.

FUENTE: AFP