Deportes 30 de noviembre de 2009 - 22:00

La privacidad de Woods encara su mayor desafí­o

JACKSONVILLE, Florida, EE.UU. (AP). Todo lo que uno debe saber sobre Tiger Woods fuera de los campos de golf puede resumirse en el nombre de su yate: Privacy (privacidad).

Woods cedió parte de ello al irse de la Universidad de Stanford después de dos años, y de entrada firmó un contrato por 40 millones de dólares para promocionar marcas, convirtiéndose rápidamente en uno de los deportistas más reconocidos del planeta.

Pero nunca permitió que los extraños se acercasen a su mundo.

A comienzos de este mes en Shanghai, mientras competí­a en un torneo, Woods mencionó que se estaba hospedando en una zona de mansiones en una isla situada en medio del campo de golf. Propiedades con un costo de 14,5 millones de dólares, con Woods anonadado por los lujos de las casas.

Al acercarse a la isla, le pidieron que identificara cuál era en la que se estaba quedando.

"Es una de esas que están allá", dijo para salir del paso.

Fue un claro ejemplo del número uno del golf mundial dando una pequeña pista sobre su entorno, pero no mucho más.

Una vez le preguntaron por qué le gustaba tanto la práctica de bucear, y Woods respondió: "Los peces no saben quién soy yo".

Tiene muchos amigos, pero pocos son estrechos. En la última categorí­a caben Bryon Bell, a quien conoce desde que eran estudiantes de secundaria, y Jerry Chang, compañero de equipo en Stanford.

Cuando hizo historia en el 2001 como el único golfista en la historia que ostentó los cuatro grandes tí­tulos al mismo tiempo, Golf Digest lo puso en su portada posando con los cuatro trofeos, además del que ganó como campeón nacional aficionado.

¿En dónde los pone? ¿Una vitrina especial? ¿Su recámara?

Eso es un misterio.

Incluso para una revista con la que mantiene un viejo ví­nculo, los trofeos fueron sacados de su casa para la sesión de fotos. Esa casa de 2,4 millones de dólares está fuera del alcance para cualquiera que no forme parte de su cí­rculo.

Resulta increí­ble la manera como Woods ha logrado erigir un muro tan sólido en torno a su vida personal en los 14 años que lleva en el candelero público. La última vez que su nombre pudo aparecer en un reporte policial se remonta a cuando fue la ví­ctima de un robo en su dormitorio estudiantil en Stanford en 1994.

En respuesta a una pregunta en su cuenta en Facebook en octubre, Woods señaló que él y su esposa, Elin, habí­an logrado estar alejados de las revistas de chismes y los tabloides. "Creo que hemos evitado mucha de la atención de la prensa porque somos algo aburridos", fue su respuesta.

Ello cambió el viernes al conocerse el informe de la policí­a de tránsito de Florida. Eldrick Tiger Woods, de 33 años, residente de Windermere, estrelló su auto contra un hidrante y un árbol afuera de su mansión.

Los patrulleros describieron sus heridas como "serias", con lo que pasó a ser una noticia de primera plana.

Después se supo de una pequeña foto de Woods en la portada del National Enquirer, tabloide que aseveró que el golfista tuvo un romance con la anfitriona de un club nocturno de Nueva York. La mujer negó la versión y viajó a Los Angeles el domingo para verse con Gloria Allred, una abogada famosa por estar siempre presente en escándalos.

Woods ha guardado distancia con los medios desde que en una entrevista en 1997 con la revista GQ se citaron bromas subidas de tono que decí­a cuando se trasladaba en la parte trasera de un auto. Sus entrevistas son breves, con respuestas cautelosas. Si en un torneo no es el campeón vigente, prefiere hablar afuera del centro de prensa.

La única vez que recibió crí­ticas fue por no tomar una posición firme en temas sociales, como la membresí­a exclusiva para hombres en el campo del Augusta National, el que no juegue más torneos, y por proferir insultos durante rondas.

Pero siempre fueron pasajeras.

El choque de su auto, sin embargo, va a perdurar mientras Woods lo mantenga como un misterio. Ha tenido que lidiar con la prensa deportiva casi toda su vida. Ahora ha caí­do en la telaraña de la prensa de farándula, la cual es mucho más implacable.

FUENTE: Agencia AP