Baloncesto Baloncesto -  9 de diciembre de 2009 - 00:00

No es raro ya ver a latinos en basquetbol colegial de EEUU

MANHATTAN, Kansas, EE.UU. (AP). Mientras viajaba por Sudamérica, John Chaney escuchó muchas afirmaciones que resultaron falsas. Algunos jugadores, promovidos como futuras estrellas, no resultaban tan altos, rápidos ni talentosos como se decí­a al ex entrenador de la Universidad de Temple.

"Me decí­an casi cualquier cosa para tener una oportunidad de llegar a Estados Unidos", recordó Chaney.

Un jugador sí­ cumplió con las expectativas, Pepe Sánchez, un dinámico armador de Bahí­a Blanca, Argentina, quien siguió a Chaney hasta Filadelfia, se convirtió en miembro del Juego de Estrellas colegiales y puso a los Owls a un partido del Final Four de 1999.

Sánchez y Chaney difí­cilmente se imaginaron que ayudarí­an a abrir la puerta del basquetbol universitario para los latinoamericanos. Ahora, esa puerta está abierta de par en par.

"Uno simplemente no veí­a entonces a muchos chicos latinos", dijo Chaney. "Habí­a unos pocos. Creo que Jim Valvano (de la Universidad Estatal de Carolina del Norte) tení­a uno, pero no habí­a muchos jóvenes latinos. Ahora, andan por todas partes".

La globalización del basquetbol se derivó en parte del llamado Dream Team, el seleccionado estadounidense que disputó los Juegos Olí­mpicos de 1992 en Barcelona. Esa oportunidad de ver a las grandes estrellas llevó a que los niños conocieran el basquetbol en paí­ses donde el fútbol es amo y señor o donde el béisbol y el boxeo son más populares.

En casi dos décadas que han transcurrido desde que Michael Jordan llevó a Estados Unidos a la conquista de la medalla de oro, muchos de esos chicos han crecido, afinado sus talentos y viajado a Estados Unidos para jugar basquetbol colegial.

El armador estelar de Maryland, Greivis Vásquez, es venezolano, lo mismo que Gregory Echenique, el segundo mejor anotador de Rutgers. El escolta Jorge Gutiérrez, quien juega su segundo año en California, nació en el estado mexicano de Chihuahua, y el dominicano Edgar Sosa es extrañado por Louisville, que tiene a varios jugadores más en la lista de los lesionados.

El argentino Juan Fernández, a quien Chaney ayudó a reclutar, es el tercer mejor anotador de Temple, y el brasileño Jonathan Tavernari es el tercero en puntos de BYU.

La Universidad Estatal de Kansas parece tener una atracción especial por los jugadores latinoamericanos.

El armador Denis Clemente y el pí­vot Luis Colón se mudaron a Estados Unidos de Puerto Rico para estudiar la preparatoria, y su entrenador Frank Martin nació en Cuba. Los Wildcats tienen a otro latino en camino, luego de fichar al ala-pí­vot Freddy Asprilla, de Colombia.

América Latina, que no solí­a representar uno de los destinos principales de los cazatalentos, se ha vuelto un semillero tan grande de jugadores que los equipos no pueden ignorarlo.

"Todos buscamos jugadores que nos ayuden a ganar partidos", dijo Martin. "Si hay alguien de Puerto Rico, Venezuela o quizás algún dí­a de Cuba, que pueda ayudarnos a eso y representar dignamente a nuestras universidades, serí­amos unos tontos si no lo aprovecháramos y si no trajéramos a esos chicos a nuestras universidades.

Han pasado 20 años desde que Seton Hall, cuyos jugadores internacionales incluí­an al alero boricua Ramón Ramos, cayó en tiempo de prórroga ante Michigan, en la final de la NCAA. Pero las semillas que ahora germinan en numerosos jugadores latinos, fueron sembradas unos años después, con el Dream Team.

La selección olí­mpica de 1992, primera que contó con jugadores de la NBA, cautivó al mundo con sus jugadas espectaculares y sus palizas inmisericordes sobre los rivales, que la llevaron al oro en Barcelona.

Desde luego, los miembros de aquel equipo eran ya famosos en varios paí­ses, pero los Juegos Olí­mpicos los transformaron en una suerte de figuras inmortales, que inspiraron los sueños de niños de todo el mundo, quienes querí­an ser algún dí­a como Larry Bird, "Magic" Johnson o Jordan.

"Todos amaron al Dream Team", dijo Colón, quien practicaba "kickboxing" y lucha antes de dedicarse al basquetbol. "cuando Michael Jordan y Bird y todos esos jugadores lograron aquello, hubo un seguimiento total a la NBA en Puerto Rico".

Las ligas profesionales de América Latina están ahora llenas de jugadores y equipos talentosos. Las selecciones nacionales competitivas no juegan ya sólo en Europa o Estados Unidos. Argentina sorprendió al mundo al ganar el oro olí­mpico en el 2004, el mismo año en el que Puerto Rico venció a un equipo estadounidense lleno de jugadores de la NBA en la primera ronda.

Los estadounidenses fueron terceros en aquellos juegos de Atenas.

La NBA tiene ahora también a varios jugadores latinoamericanos, incluido el argentino Manu Ginóbili, seleccionado al Juego de Estrellas por los Spurs de San Antonio; el armador boricua del Heat de Miami, Carlos Arroyo, y el escolta brasileño de Phoenix, Leandro Barbosa, por mencionar a sólo algunos.

"Ahora vemos que ellos pueden hacerlo, y nos damos cuenta de que cualquiera puede", dijo el mexicano Gutiérrez.

FUENTE: Agencia AP

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