Otros deportes -  25 de noviembre de 2016 - 14:36

El campo de golf olímpico languidece en Rio

Tres meses después de los Juegos Olímpicos, el hermoso pero controvertido campo de golf de Rio de Janeiro está sumido en una extraña tranquilidad, donde el canto de los pájaros se oye más que el golpe de los palos.

El campo, construido especialmente para los Juegos de Rio-2016 en lo que fue una reserva natural cerca de la playa de la zona oeste de Rio, pretendía además iniciar a los brasileños a un deporte que apenas conocen y colocar a Rio en el circuito internacional del golf.

Pero en lugar de eso, las instalaciones que costaron 19 millones de dólares, diseñadas por el reconocido arquitecto estadounidense Gil Hanse, corre el riesgo de convertirse en un elefante blanco. Y las dudas sobre su futuro se acentúan a causa de una disputa sobre pagos, podría incluso llevar a la salida de la compañía responsable de mantenerlo.

Durante una visita de la AFP esta semana, sólo tres personas golpeaban pelotas con sus palos en el 'driving range', o área de prácticas. El campo principal estaba cerrado para mantenimiento, pero cuando está abierto un número de 20 visitantes sería considerado bueno. En los fines de semana la cifra aumenta un poco, dicen los empleados.

El club no sólo estaba vacío, sino casi totalmente desamoblado. En el café, sin sillas, un solitario garzón y otro hombre esperaban en silencio que aparecieran los clientes.

Una instalación que hace semanas atrás acogió a algunos de los mejores golfistas del mundo no tiene tienda deportiva. Tampoco un portal de internet. Incluso llegar ahí es difícil: no hay señalización que indique la entrada.

Quizás envalentonados por la ausencia de actividad humana, los habitantes más salvajes de la instalación olímpica parecen estar felices.

Aves y mariposas vuelan a su gusto. Una capibara, o carpincho - un roedor del tamaño de un perro -, caminaba por ahí cerca del agua.

Y cuando un caimán emerge desde el estanque, se completa el paisaje de una tierra perdida en el olvido.

- "¿Irse?" -

Los otros dos campos de golf de Rio de Janeiro no alcanzan estándares internacionales y pertenecen a exclusivos clubes privados. El olímpico, manejado por la Confederación Brasileña de Golf, es público.

Pero pocos brasileños practican este deporte y los precios son altos: entre 74 y 82 dólares para residentes, y 192 para visitantes extranjeros.

Con pocos locales jugando y ningún plan para atraer extranjeros, el financiamiento ya es un problema.

Neil Cleverly, el británico que construyó el campo y ahora se encarga de mantenerlo, dice que la compañía para la que trabaja, Progolf, no ha recibido pago en dos meses.

"¿Qué pasará cuando se nos acabe el gas o el diésel? Hemos estado cerca", cuenta Cleverly. "Ninguno de nosotros sabe si tendremos trabajo en diciembre", agrega.

Una fuente cercana a la compañía, que pidió no ser identificada, señaló que Progolf no ha firmado contrato con la Confederación y, teniendo que pagar los 82.000 dólares mensuales de mantenimiento de su propio bolsillo, está evaluando retirarse quizás "el próximo mes".

En ese caso, la Confederación tendrá que buscar reemplazantes expertos antes de que todo se dañe porque sin cuidados, "el campo de golf morirá en cuatro semanas, o tres", advirtió la fuente.

La AFP trató con insistencia de contactar a la Confederación, pero sin obtener respuesta.

- "Frustración" -

Cleverly, que describe el proyecto de Rio como el más desafiante de su carrera, sacude la cabeza ante este desastre.

"Es tan frustrante para nosotros, considerando hasta donde hemos llegado. Mucha gente nos decía 'nunca van a lograrlo'", dice, recordando los desafíos de construir en Brasil.

"Entonces sí, estoy decepcionado y todo eso se mezcla con mucha frustración".

También hay desaliento entre los pocos jubilados brasileños que van a practicar sobre este césped. Elogian la calidad del campo, pero se preguntan cuánto durará.

"El campo es espectacular", declara Roberto Maueler, de 61 años, pero "la gente de verdad está preocupada".

"Tenemos un movimiento de golfistas tratando de presionar a las autoridades y a la Confederación, para que lo mantengan en pie", añade.

Luiz Villaboim, de 64 años, considera que el campo de golf es fascinante. "Hemos visto lechuzas aquí. Hay capibaras y caimanes", dice mientras se concentra en su 'swing'.

Pero la falta de artículos e instalaciones más básicas lo dejan perplejo.

"Parece que no se ha hecho nada más por el campo desde las Olimpíadas", comenta.

FUENTE: AFP