MUNDIAL Mundial 2014 -  7 de julio de 2014 - 09:10

El Mundial visto con los ojos cerrados

Desde su cabina de comentaristas, Eduardo y Gabriel escrutan el Maracaná de Rio de Janeiro. Uno mira el césped mientras el otro observa las tribunas. Su misión: ayudar a vivir una experiencia única a los aficionados ciegos instalados en las gradas.

"Hay que describir todo fielmente. El ambiente en las tribunas, la apariencia física de los jugadores, cómo van vestidos, los colores, las imágenes que se difunden por las pantallas gigantes. Eso no tiene nada que ver con los comentarios de radio habituales", explica Eduardo Butter, un joven periodista de 23 años. "Con nosotros se enteran, por ejemplo, de que Neymar lleva el cuello de la camiseta subido".

Por primera vez en una Copa del Mundo, la FIFA instaló en Brasil este dispositivo de audiodescripción en las 12 ciudades sede con la colaboración de la ONG local Urece, especializada en la atención a invidentes o pacientes con deficiencias visuales graves.

En el mundo, 285 millones de personas son ciegas o padecen algún problema grave de visión, de los cuales 6,5 millones viven en Brasil, según cifras oficiales.

"El sistema fue probado con éxito durante la Eurocopa de 2012 en Polonia y Ucrania y ahora estamos estudiando con la CBF [Federación Brasileña de Fútbol] su futura instalación en los partidos del campeonato brasileño", explica Mauana Simas, una de las coordinadoras del proyecto. Los comentarios de los dos voluntarios son enviados por ondas de radio FM de corto alcance a sus receptores, que han venido a "sentir" el partido a través de la narración que escuchan con sus teléfonos inteligentes.

- Segundos clave -

"Es mucho mejor que en la radio, donde hay mucha publicidad y comentaristas que gritan 'gooooooooooooool' durante mucho tiempo y sin describir lo que ocurre", explica a AFP Ali Herrera da Silva, un joven de unos 30 años que nació ciego y arrastra una importante deficiencia visual desde que fue sometido a una operación cuando era niño. Hoy ha venido al Maracaná para presenciar el partido de cuartos de final entre Francia y Alemania (0-1) junto a otro grupo de deficientes visuales.

"Ellos [los comentaristas] nos dan detalles clave como el color de las botas de los jugadores, sus números, sus expresiones, su actitud", continúa este hincha del Flamengo carioca, también asiduo del Goalball, un fútbol adaptado para ciegos.

Para los comentaristas, las exigencias son muy particulares. "Es muy especial, en el momento de los goles, por ejemplo, son segundos clave para nuestros oyentes, que necesitan saber todo para vibrar con los demás espectadores", explica Eduardo. "Hay muchas cosas de las que ellos no tienen ninguna idea. Hace poco, acompañé a un grupo al césped y se sorprendieron mucho cuando descubrieron los bancos de los suplentes. Estaban encantados de saber que eran como los de las paradas de autobús, pero más cómodos", relata.

- Alta exigencia -

"Hemos delimitado zonas para que ellos sepan dónde está el balón, tenemos que situarlo constantemente", continúa este joven que, como el resto de comentaristas seleccionados, ha seguido una serie de formaciones desde febrero para dominar este nuevo lenguaje. "Comentamos durante tres minutos, cada uno a su turno. Mientras yo narro, mi compañero mira lo que está pasando fuera del césped y me hace una señal cuando pasa algo como una ola, un entrenador enfadado o si muestran imágenes en las pantallas gigantes que hacen reaccionar al público".

Sin lugar para los tiempos muertos, el ejercicio es particularmente exigente para estos jóvenes voluntarios. "Es extenuante, muy intenso, no tenemos ni tiempo de respirar", continúa Eduardo, situado en la tribuna de prensa bajo su antena FM.

Al otro lado del estadio, conectada a la frecuencia 88.9, Moira Braga sigue el encuentro religiosamente. Es la primera vez que utiliza este sistema y confiesa estar "muy impresionada por la profesionalidad" de los locutores. "Es mucho mejor que la radio o la televisión, e incluso que un acompañante. Cuando vengo con alguien normalmente está demasiado inmerso, muy nervioso para contarme fielmente lo que está ocurriendo", confiesa esta mujer de 35 años que padece la enfermedad de Stargardt, la cual le dejó sin visión cuando era una niña. "Ahora puedo imaginarme cómo se abrazan los jugadores después de los goles, sé cuándo un jugador se lleva la mano a la boca. Y, además, se siente al público vibrar ¡y eso es genial!", celebra. "Me gustaría que esto fuera más frecuente", añade sin embargo. "Mi sueño ahora sería asistir a un partido del Botafogo, mi equipo, en las mismas condiciones", zanja.

FUENTE: AFP