No funcionó como suele el Bayern Múnich, ni tan potente, ni tan clarividente, ni tan contundente en su ataque en el Veltins Arena de Gelsenkirchen, frustrado por Loris Karius, con dos paradas indispensables, y el Schalke 04 durante su monólogo del segundo tiempo, sin goles ni liderato, del que se cayó después de 67 jornadas inamovible.
Su control del balón fue tan apabullante como ineficaz cuando debió rematar entre los tres palos o dar el último pase. Mientras asoma la Champions, con algunas rotaciones de Vincent Kompany en determinadas posiciones (por ejemplo, fueron suplente de inicio Harry Kane o Michael Olise), la visita al recién ascendido Schalke 04 exigió un sobreesfuerzo al Bayern, más de lo que preveía no sólo él, sino cualquiera en cualquier lugar del mundo. Pero es fútbol. El empate es una sorpresa. Una fiesta para su oponente.
Bayern Múnich a corregir errores
No es para menos, con la dificultad de contener al Bayern durante todo un partido entero, apoyado en dos paradas salvadoras y magnífica, una en cada tiempo, de Loris Karius, el portero que quedó señalado en el pasado por aquellos fallos en la final de la Liga de Campeones del Liverpool contra el Real Madrid. Este sábado frenó al campeón alemán.
Replegado atrás el conjunto de Gelsenkirchen, al que le faltó luego frescura para ir más allá de su ejercicio defensivo, el Bayern se movió todo el partido en un laberinto sin salida hacia la portería contraria. Cuando iluminó un camino, Karius voló para negarle el gol en su única ocasión en la primera parte, cerrada con sólo dos tiros, y, sobre todo, en el disparo final, ya en el 89, de Harry Kane. Su mano izquierda arriba fue extraordinaria.
El atacante inglés ya calentaba desde el minuto 38. Es su goleador, con 98 tantos en sus registros personales en la Bundesliga. Entró para toda la segunda parte, en sustitución de Nathaniel Brown, nacido lateral y ahora media punta desde que ha dado el salto al campeón de los campeones de Alemania.