LOS ANGELES (AP). El teléfono sonó a las dos de la madrugada y despertó a Teeida Townsend. "Mataron a mi compañero", dijo alguien.
"'Hay que mantener la calma, no debe haber represalias'", le dijo a los pandilleros.
Townsend no es un policía. Es un ex miembro de la pandilla Crip, uno de varios ex pandilleros a los que apela la policía para tratar de limar tensiones cuando surgen problemas. Esa política, no obstante, peligra tras el fallo de culpabilidad de varios de estos ex pandilleros que habían sido enjuiciados por distintos delitos y de un caso en el que otro mediador fue acusado de ordenar que matasen a un policía.
Para salvar el programa, las autoridades ofrecen entrenar a los ex pandilleros para que sepan como manejarse entre pandilleros y policías, sin poner sus vidas en peligro ni caer nuevamente en el mundo de las pandillas.
"Es un trabajo muy duro", expresó Guillermo Céspedes, director de la Oficina de Reducción de Pandillas y Desarrollo Juvenil de la alcaldía. "No es fácil entrenar a alguien para que haga esto".
Ex pandilleros como Townsend tienen un acceso único a un mundo que le está cerrado a toda persona ajena a las pandillas. Son gente que se ganó credibilidad en su época de pandilleros, en la cárcel y haciendo favores a líderes de pandillas. Los códigos de estas bandas indican que estos veteranos de muchas batallas merecen respeto y pueden moverse a voluntad en zonas de pandillas.
Deben dejar en claro que ya no participan ni aprueban las actividades pandilleras, pero no pueden hablar mal de ellas, porque entonces serían rechazados.
Al mismo tiempo, no es sencillo seguir habitando desde afuera ese mundo al que alguna vez juraron lealtad, en el que se sumergieron a menudo siguiendo una tradición familiar. Lucen los tatuajes que se hicieron revelando su afiliación a determinada pandilla, que les dio una identidad y medios para sostener sus familias.
"La calle te llama", expresó Aquil Basheer, de 55 años, quien dirige el curso para mediadores en el Instituto de Capacitación para Intervención Comunitaria en South Los Angeles. "Es uno de los principales obstáculos que enfrentamos en este trabajo".
Las autoridades dicen que vale la pena correr el riesgo de apostar a ex pandilleros porque sus intervenciones pueden ser muy efectivas.
Cuando el mediador Ronald Barron fue asesinado a tiros al confrontar a alguien que pintaba grafitis, la policía pidió a los mediadores que hiciesen correr la voz de que no había sido un incidente relacionado con las pandillas. Si una pandilla organiza una fiesta en un parque, los mediadores hacen gestiones para que ningún miembro de otra pandilla vaya al parque ese día.
"Yo no puedo hablar con la gente con la que hablan ustedes", expresó el sargento Curtis Woodle durante una charla en una de las clases de Basheer. "Tenemos que trabajar juntos".
Cuando Townsend llegó a la escena del crimen, trató de calmar a los pandilleros más temperamentales, mientras otro mediador consoló a los familiares de la víctima.
"Me escucharon porque me respetan por mi trayectoria como pandillero", manifestó Townsend, quien tiene 46 años. "Si no te ganas su respeto, se te reirán en la cara".
Lidiar con pandilleros inestables que están armados es peligroso. Basheer dice que varias veces lo amenazaron con armas. "Lo único que tiene uno es su astucia, su personalidad y su relación con cierta gente cuando se ve envuelto en situaciones muy delicadas", expresó.
Los tratos de los mediadores con la policía son un tema particularmente candente. Los pandilleros pueden pensar que son delatores y los policías pueden sospechar que todavía trabajan para las pandillas. Deben dejar en claro que no son informantes y que su objetivo es evitar hechos de violencia y proteger a los menores.
"Hay una línea divisoria muy tenue", dijo el mediador Leon Bryant, quien recordó que una vez se vio en dificultades cuando hablaba con pandilleros y un policía se le acercó.
Más adelante tuvo que decirle al agente que no se le acercase así en público.
Basheer investiga cuidadosamente a los interesados en tomar el curso y trata de ver si el candidato realmente se alejó de las pandillas. Observa si puede trabajar con pandilleros rivales y cooperar con la policía.
La abogada Connie Rice, que supervisa los cursos, dice que trata de detectar una transformación espiritual. "Que hayan tenido una experiencia que les cambió la vida, la cual generalmente es religiosa", señaló.
Townsend, quien tiene cinco hijos y dos nietos, se unió a una pandilla a los 13 años y dejó esa vida a los 38.
"Siempre existirá la tentación de volver", declaró. "Pero no pienso dar marcha atrás. Miro hacia adelante. Dios me dio otra oportunidad. Ahora trato de salvar vidas".
FUENTE: Agencia AP