MADRID (AP). El tiempo, y los títulos, le dieron la razón a Luis Enrique.
"Ahora queremos la tercera", dijo Luis Enrique después de levantar la Copa contra el Athletic de Bilbao. "No me marqué como objetivo los títulos aunque es evidente que era por lo que se nos iba a juzgar".
Luis Enrique Martínez, de 45 años, fue un jugador de carácter peculiar. Jugó ocho temporadas en Barcelona después de un polémico traspaso desde el eterno rival Real Madrid. El pasado merengue no le pesó de azulgrana y se convirtió en uno de los mayores ídolos de la afición barcelonista. Nunca ganó la Copa de Europa como futbolista, pero tiene la oportunidad como técnico.
Después de dirigir al filial del Barcelona, probar en la Roma sin demasiada suerte y cuajar una buena temporada en el Celta de Vigo, Luis Enrique regresó a la capital catalana para asumir el mando de una nave a la deriva. El Barsa del ahora seleccionador de Argentina Gerardo "Tata" Martino cerró el año en blanco, con una sensación de fin de ciclo y Lionel Messi desmotivado.
La exigencia era máxima.
El mal año de Martino acentuó el recuerdo de la era Guardiola y el breve periodo del fallecido Tito Vilanova. Pero Luis Enrique ajustó la herencia recibida y renovó la personalidad del equipo. Más estrategia, menos posesión y un contragolpe letal al que recurrir cuando el dominio de la pelota flaquea. El icono de ese estilo es el tridente ofensivo bautizado por sus iniciales MSN: Messi, Luis Suárez y Neymar, que suma 120 goles este año.
"Lo mejor de esta temporada, en mi opinión, es el hecho de que contamos con un equipo con una fuerza atacante única y especial que ha demostrado que también es consciente de que tiene que defender", explicó el técnico al sitio en internet de la UEFA sobre las comparaciones con Guardiola. "Siempre tendemos a idealizar las cosas del pasado. Dos equipos no son iguales, cada equipo tiene su momento".
Luis Enrique tardó un poco en encontrar ese momento. La sanción que arrastraba Suárez en el arranque del campeonato por su mordisco en el Mundial de Brasil obligó a buscar alternativas. El entrenador hizo muchas rotaciones sin dar con la tecla adecuada.
El punto de inflexión se produjo en San Sebastián en enero. Luis Enrique sentó en el banquillo a Messi y Neymar, y el Barsa cayó ante la Real Sociedad. El despido del entrenador se dio casi por hecho. La prensa aireó la mala relación entre el astro argentino y su técnico. El central Jeremy Mathieu confesó a un medio francés que Messi "había perdido los papeles con Luis Enrique". Messi reconoció el roce, pero dijo que estaba solucionado.
Nadie sabe de qué habló el vestuario en aquellos días. El club aguantó la presión. Y el equipo despegó como un cohete. Desde la derrota en el estadio Anoeta de la Real Sociedad, el Barsa firmó 18 victorias, dos empates y un solo revés para hacerse con el título liguero. Y lo mejor, Messi recuperó el hambre.
"Desde Anoeta cambió todo", admitió Messi en una de sus contadas comparecencias ante los medios.
El cambio no fue sólo anímico, sino también táctico. El argentino abandonó la media punta, en la que vivía atornillado desde la época de Guardiola, y regresó a la banda, la posición que ocupaba al inicio de su carrera.
Los rivales no lo esperaban. Messi mantuvo la voracidad goleadora —suma 56 dianas en todas las competiciones_, pero además se destapó como un preciso asistente de sus compañeros de ataque. El mejor ejemplo de este renovado Messi se vio en la final de Copa del pasado fin de semana.
Messi arrancó desde la banda para lograr un gol antológico, sorteando a tres defensas y un cuarto en el área antes de batir al arquero vasco. Pero es que su presencia en el costado y el marcaje individual al que fue sometido abrió un enorme boquete por el que Neymar y Suárez camparon a sus anchas.
"Uno de los grandes aciertos ha sido adaptar el juego a lo que necesitaba cada partido", señaló el argentino Javier Mascherano. "No se nos deben caer los anillos por jugar en determinados momentos al contragolpe o ganar los partidos gracias a la estrategia".
Sin Xavi Hernández como titular, el Barsa ha perdido toque, pero ha ganado en verticalidad y seguridad defensiva. Salvo Messi, Luis Enrique ha mantenido las rotaciones y el equipo luce muy fresco físicamente. El renacido Barsa encontró el equilibrio justo antes de las eliminatorias europeas. Lo que le permitió avanzar a la final con victorias de prestigio ante Manchester City, PSG y Bayern Munich. La Juventus es el último obstáculo que separa al técnico español del triplete, que el Barsa logró solo una vez en su historia con Guardiola de entrenador en 2009.
"El Barsa es muchas cosas además de Leo Messi y saben entre todos que el beneficio está ahí, en tener diferentes opciones", dijo Luis Enrique sobre su equipo. "Ya tenemos dos, ahora queremos el tercero. Esa es la mentalidad que tenemos en este equipo y en este club".
FUENTE: JORGE SAINZ (Associated Press)