ver más
RPC TV Panamá
Otros deportes -  9 de agosto de 2019 - 15:25

Gabriel Kehr, el lanzador chileno que luchó por su libertad y alcanzó el oro

Gabriel Kehr suelta el martillo y con él, un alarido de desahogo que llega todavía más lejos que los casi 74,98 metros de su disparo.

El chileno que ganó el oro el jueves en los Juegos Panamericanos, y superó por centímetros a su compañero y amigo Humberto Mansilla, peleaba hace unos pocos meses por su libertad.

En mayo, el lanzador fue absuelto por un tribunal chileno en una causa en la que estaba inculpado por homicidio culposo, por la muerte de un hombre en 2016 tras una pelea a la salida de un local bailable.

En Lima, su debut panamericano fue un desquite para iniciar el camino que ahora puede enfocar en Tokio 2020.

"Voy a seguir adelante con todo; ya pasé lo peor y eso me hizo un poco más fuerte", dijo tras la victoria Kehr, a quien la justicia halló culpable de lesiones graves y evitó la prisión.

El chileno de 22 años que clavó el martillo más lejos que nadie el jueves abrazó a su compañero y corrió por el estadio desplegando una bandera, como en una vuelta olímpica.

- Fuego amigo -

Kehr y Mansilla disfrazaron su rivalidad con los mismos colores en el campo de atletismo de la Villa Deportiva Nacional de la capital peruana.

El primero lideró de entrada; el segundo, se metió en el podio en su último intento, y quedó a poco de arrebatar la gloria a su amigo.

Para Mansilla, en su segundo Panamericano, la plata representa un avance de siete metros en relación a su mejor martillazo en Toronto, cuando quedó relegado en la décima posición. Victoria al fin.

"Llegaron juntos a mis manos porque querían hacer pesas y verse más musculosos, pero los fui llevando", cuenta Mario Saldías, el entrenador que los recibió ya no tan niños en un club de Temuco, y que sostuvo a Kehr en los peores días.

"Llegamos a entrenar por perder clases", confiesa Kehr riendo al recordar la picardía en tiempos de colegial.

Aunque su amistad precede a los entrenamientos, la rivalidad no les incomoda. Y de hecho, la asumen natural desde los entrenamientos, en los que intentan sin público ni medallas superarse el uno al otro.

"Dentro de la competencia somos rivales y afuera somo amigos, ya estamos acostumbrados. Entrenar juntos nos tira para arriba, y eso es un privilegio que no todos tienen", agrega Kher, un grandote de rostro aniñado.

Los dos subieron escalón por escalón desde su ciudad natal hasta llegar al alto rendimiento. Pero el lanzador de oro fue uno de los prodigios, incluido como juvenil en la selecta lista de los atletas de mayor proyección en el país.

Cumpliendo con esos presagios, fue el primer chileno en alcanzar una final de un Mundial Juvenil de Atletismo en Donetsk, Ucrania, en 2013.

"Venía por la de oro, salí a hacer eso, y se dio", festeja en Lima. Es la bocanada que toma antes de salir en busca una plaza olímpica el mes próximo en el Mundial de Doha.

FUENTE: AFP

Las Más Leídas

Recomendadas
Últimas noticias