La kazaja Elena Rybakina se proclamó campeona del Australian Open tras imponerse a la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, por 6-4, 4-6 y 6-4 en una final intensa disputada en la Rod Laver Arena y resuelta en 2 horas y 18 minutos.
El partido confirmó la igualdad entre dos de las jugadoras más potentes del circuito y se decidió por pequeños detalles en los momentos clave. Además, supuso un giro respecto a la final de Melbourne de 2023, cuando la victoria cayó del lado de Sabalenka.
La final respondió al perfil que ambas habían mostrado durante todo el torneo: puntos cortos, servicios dominantes y un intercambio constante de iniciativa desde el fondo de la pista.
Rybakina tomó ventaja en el primer set con un quiebre temprano que le permitió gestionar el marcador con autoridad, apoyada en un alto porcentaje de primeros saques y en la limpieza de sus golpes planos. Sabalenka trató de equilibrar con potencia y agresividad al resto, pero cometió varios errores no forzados en momentos sensibles.
Elena Rybakina remontó en la final
La reacción de la bielorrusa llegó en la segunda manga. Elevó la intensidad desde la devolución y consiguió arrastrar a su rival a intercambios más largos, terreno en el que logró incomodar a la kazaja.
Un quiebre a mitad de set le dio aire y terminó igualando el duelo, empujando la final hacia un tercer parcial cargado de tensión y con la sensación de que cualquier detalle inclinaría la balanza.
El set decisivo comenzó con un claro dominio de Sabalenka, que se adelantó 3-0 gracias a su primer servicio y a su capacidad para presionar desde el resto. Sin embargo, Rybakina no perdió la calma. Ajustó la dirección de sus saques, redujo riesgos y fue recuperando terreno juego a juego hasta igualar el marcador.
Con 5-4 a su favor, Rybakina afrontó el último turno de servicio con determinación. Sabalenka llegó a amenazar con un resto ganador que llevó el juego al 30-30, pero la kazaja respondió con dos primeros saques consecutivos sin devolución que cerraron el partido y desataron la celebración en la pista central de Melbourne.
FUENTE: EFE